martes, 2 de marzo de 2010

SOFOCLES O LA PERFECCION DE LO HUMANO


La temporada del año 1976 del TUBA concluyó con el montaje de la tragedia de Sófocles “Electra”. Empezábamos a frecuentar a los grandes clásicos, porque una de las misiones esenciales de un teatro de repertorio es alternar a los clásicos con los modernos, para que tanto los comediantes como el público lleguen a familiarizarse con ellos, al punto de perderles ese miedo reverencial que atenta contra su inalterada vigencia.
Sófocles (497 – 405 a.C.) es superior a Esquilo. Su vida personal parece haber rayado en la perfección. Su habilidad de dramaturgo se ha puesto como ejemplo durante veinticinco siglos. Ningún otro autor dramático que al mismo tiempo haya sido un pensador profundo, se ha expresado con una perfección semejante. Manejó con maestría la motivación, la emoción, la ironía y el juicio equilibrado.
Todo estudiante que se dedique al teatro debe antes que nada conocer a Sófocles y así lo hicimos en los albores del TUBA, de modo que me atrevo a afirmar que aquellos alumnos de abogacía o de ciencias económicas que poblaban nuestros talleres sabían más, a fines de 1976, de quien ha sido considerado universalmente como uno de los más grandes escritores de todos los tiempos, que los alumnos regulares de la mayoría de las escuelas especializadas en teatro, en la ciudad de Buenos Aires.

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