viernes, 5 de marzo de 2010

"LAS COEFORAS" O EL GRITO TAN ACTUAL DE ESQUILO: "Y QUE MUERAN HOY LOS QUE AYER MATARON...!!!"


La temporada de 1982, en la que se habían dado a conocer siete nuevas producciones, (además de la reposición de “Stéfano”, de Discépolo) se cerró con cuatro funciones de la tragedia de Esquilo “Las coéforas”, en un montaje muy audaz donde se gritaba varias veces: “Y que mueran hoy los que ayer mataron” o “La muerte es la única ley para juzgar a los tiranos”.
Usamos para “Las coéforas” la música original de Iannis Xenakis para su cantata sobre “La orestíada”. Xenakis, un compositor y arquitecto de ascendencia griega, nacido en 1922 en Rumania y muerto en París en el 2001, ha sido aclamado como uno de los compositores más importantes de la música contemporánea.
En las solapas izquierda y derecha del programa de mano de “Las coéforas” pusimos sendas notas cuyos textos lograron sortear indemnes el rígido control que ejercía sobre nosotros una temible jefa de prensa de la Universidad.
Esas notas, analizadas hoy, no sólo son harto reveladoras del grado de compromiso que ejercíamos para con la función investigadora que debe acompañar toda tarea, científica o humanística, que se lleve a cabo dentro de los claustros de una universidad, sino del desafiante coraje que nos atrevíamos a ostentar, en medio de una época signada por el terror.
En el texto de la solapa izquierda de ese programa de “Las coéforas” decíamos: “La Orestíada” es la única trilogía que sobrevive completa de la era del teatro griego que comprende a los tres grandes trágicos: Esquilo, Sófocles y Eurípides. Es una era de esplendor, en la cual el espíritu humano produce los mayores testimonios, hasta hoy no superados, de su terrena grandeza. Nos atrevemos a afirmar que ninguna corriente filosófica ha formulado un interrogante tan perturbador como ese que cierra la segunda parte de la trilogía, por la cual, significativamente, el Teatro de la Universidad ha decidido acometer la ardua empresa de su montaje integral: “Cuándo se aplacará, cuándo se saciará la sed del mal por perpetuar el mal?”.
"Esquilo, imbuido del sentimiento griego de la piedad, que asigna a los dioses las mismas cualidades y defectos de los hombres, confía a la intervención divina el dictado de una respuesta, que se asiente en la majestad de la Justicia. Sin embargo, a más de veinte siglos de distancia de aquella era, en la que Palas Atenea arriba en su alado carro para aplacar la ira de las Furias y prodigar sobre la raza de los Atridas su justiciera clemencia, todavía el interrogante goza de lóbrega vigencia. La sombra del mal, patrono de la desgracia, se cierne ominosa sobre una Humanidad que clama día a día que Atenea venga desde las riberas del Escamandro, para erigir un último y definitivo Areópago".
En la solapa derecha del programa había otro texto, si se quiere más específicamente “teatral”, que buscaba poner de manifiesto nuestra postura estética respecto de la recreación moderna de las tragedias clásicas: "Las leyes escénicas de la tragedia (muchas de las cuales permanecen en el plano de la conjetura, pese a los exhaustivos estudios realizados en el presente siglo), difícilmente podrían aplicarse al tratamiento formal de una representación destinada a transmitir a los auditorios de hoy la tremenda e irrecusable potencia del pensamiento trágico de los griegos. Ante la multiplicidad de alternativas de exploración que los centros de drama han acometido, a veces hasta el límite de lo irresponsable, el Teatro de la Universidad ha optado por un criterio apoyado en el concepto del naturalismo poético, que priva en la mayoría de sus espectáculos y que no es otro que el que ha servido a un realizador tan autorizado como Cacoyanis para plasmar su lacerante “Ifigenia” en el celuloide. Por encima de toda razonable objeción que pueda merecer esta puesta universitaria de “Las coéforas”, conviene dejar establecido que la mayor preocupación de sus responsables no ha sido la de hallar innovaciones en el tratamiento formal, a menudo inicuas, sino concretar con humildad un medio de transmisión de los conceptos éticos más urgentemente necesarios a las actuales audiencias sobre el tema de la dignidad con que debe ser enfrentada toda tiranía, cuando la justicia superior se muestra tardía.".
El autollamado “Proceso” gobernaba en la Argentina todavía pero nosotros, en los programas que entregábamos al público en cada representación (y que también circulaban en los medios periodísticos), éramos capaces de arriesgarnos a proclamar eso de “LA DIGNIDAD CON QUE DEBE SER ENFRENTADA TODA TIRANIA”.
Sin embargo, cuando se cerró el TUBA apenas unos meses después, en junio de 1983, hubo periodistas y personalidades de la nueva cultura de la “post-dictadura” que nos trataron de “cómplices del Proceso” y dijeron que nuestra renuncia y nuestro cierre de actividades no había sido otra cosa más que “una salida apresurada ante el advenimiento de la democracia, para desprendernos de la dictadura”.

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