jueves, 19 de enero de 2012

EL "TUBA" NO TIENE QUIEN LE ESCRIBA...

“El coronel no tiene quien le escriba” es esa novela de García Márquez, publicada en 1961, en la que un viejo coronel espera la pensión que nunca llega. El breve relato, uno de los más emotivos que haya escrito García Márquez, apunta a reflejar esa suerte de postergación en el reconocimiento de los servicios prestados, por parte de quienes deberían sentirse obligados a reconocerlos.
El TUBA (el “Teatro de la Universidad de Buenos Aires” entre 1974 y 1983 y el único Centro de Drama hecho por estudiantes en toda la historia de esta prestigiosa Universidad, al menos hasta el día de hoy), no espera la pensión de veterano de guerra que esperaba recibir el anciano coronel.
Lo que sí espera este viejo hombre de teatro de 72 años, que a sus 34 (foto izq.)pudo concretar el sueño de erigir en la Universidad un TEATRO DE REPERTORIO, es que alguien le escriba. Nada más que eso.
Este Blog está abierto libremente a la recepción de comentarios al final de cada uno de sus capítulos. En muchos países se lo consulta casi a diario. Qué extraño silencio...
Es que nadie en el mundo tiene nada para agregar, sugerir, contradecir, exaltar, negar, polemizar...sobre esta olvidada epopeya de juventud que prodigó tanto entusiasmo contestario, tanto fervor, tanto altruísmo...en una época de su país en la que, como en la historia del coronel de García Márquez, sus nueve años de servicio debieron transcurrir en medio de un clima enrarecido de terror, enfrentamiento y muerte...?
Hace mucho dejé de esperar el reconocimiento de la Universidad de Buenos Aires, de los intelectuales, de los periodistas y de los gobiernos democráticos de mi país por la esforzada (habría que decir “titánica”) faena del TUBA a lo largo de los nueve años de su existencia, haciendo funciones en una sala sin ventilación, sin baños, atestada de suciedad y de ratas, a las que de todos modos el público concurría masivamente, no sólo porque eran GRATUITAS, sino porque se le daban a conocer autores y títulos que ningún otro teatro, oficial o privado, se animaba a representar, como “La suegra”, de Terencio (una sabia, mordaz, comiquísima estampa de la sociedad “burguesa” de 300 años antes de Cristo, tan semejante a la actual) o “La marquesa Rosalinda”, de Valle Inclán (su desenfado burlón, su sarcasmo, apuntando a la pulcra nobleza invadida en su versallesco retiro campestre por una troupe de cómicos ambulantes), o los grotescos de Armando Discépolo (“Relojero” y “Stéfano”), que sacaron a ventilar ante auditorios colmados de jóvenes ávidos de participar, las miserias de un orden social aniquilador de utopías y sueños de una vida mejor.
En otros tiempos, hace unos veinte, veinticinco años atrás, me atreví a escribirle a Raul Alfonsín, a Ernesto Sábato, a Alicia Jurado, a Guillermo Jaim Etcheverry, a Hugo Paredero, a Magdalena Ruiz Guiñazú, a Leopoldo Portnoy, a Alicia Camilioni, a Eduardo Gudiño Kieffer, a Francisco Delich (muchas, muchísimas veces), a Laura Cristina Musa, a Luis Brandoni (cuando era Secretario de Cultura de Alfonsín), a Kive Staif, a Jorge Dubatti (antes, después y ahora), a los directivos de Canal (á), a Avelino Porto, a Ernestina Herrera de Noble (la única que respondió e hizo publicar una breve nota cuando se cumplieron 30 años de la creación del TUBA en 2004) y a muchas personas y entidades más que no recuerdo...
Quien se tome el trabajo (que para un investigador curioso no debería serlo) de recorrer los sucesivos capítulos no cronológicos de la Historia del Teatro de la Universidad de Buenos Aires (el TUBA), que yo he ido incorporando a este Blog a partir de febrero de 2010, tendría a su alcance un material infrecuentemente nutrido como para abordar una perspectiva crítica, historiográfica, de ese hasta hoy único antecedente de un TEATRO UNIVERSITARIO con tan prolífica labor, desprovisto de apoyo económico y moral de parte de la Universidad que lo albergaba y que, vaya a saberse por qué oscuras razones, lo combatió con ahinco durante sus nueve años de vida, llegando a ejercer sobre su repertorio censuras inverosímiles, como el veto a los autores de ascendencia judía o caprichosamente asociados a la filosofía marxista, como el caso de Georg Büchner, que falleció de tifus a los 24 años en 1837, once años antes de que Carlos Marx y Federico Engels dieran a conocer el “Manifiesto del Partido Comunista”, en 1848.
Pocas historias contemporáneas, (sobre todo en relación con el devenir de los teatros universitarios), han quedado tan prolijamente preservadas (premonición mediante) como esta del “Teatro de la Universidad de Buenos Aires” a través de documentos, reseñas, informes, fotografías, filmaciones, notas periodísticas, testimonios sonoros (grabación de funciones completas, de reportajes radiales, de audiciones producidas por el propio TUBA a través de la onda de Radio Nacional).
Si este Blog no es suprimido de la web por intereses anónimos, quedará para la posteridad como un legado a los jóvenes teatristas del mundo que busquen incentivos para llevar adelante sus propuestas en cuanto a consolidar centros dramáticos que cultiven repertorios ignorados por los manejos comerciales, para proyectarlos con sentido popular a la comunidad toda.
Si este Blog no se hubiera escrito (a modo de un libro por entregas) y no se hubiese podido alojar en una “biblioteca” de alcance tan universal como es Internet, el triunfo de los negadores del TUBA hubiera sido absoluto. Era mucho más lo que se conservaba del TUBA (aquellas filmaciones de “El atolondrado”, de Molière o de “Las coéforas”, de Esquilo, en super-8...), que con el tiempo se fue perdiendo o arruinando. Sin embargo, para traer al presenter su Historia, es muchísimo, por fortuna, lo que ha quedado, con validez de testimonio irrecusable.
Qué más haría falta, para asegurarle al TUBA una suerte de perdurabilidad, aunque nunca se haga nada por volverlo a la actividad plena...?
Bueno... que desde el mundo (fundamentalmente desde la tierra natal del TUBA, la República Argentina), alguien, de vez en cuando, nos escriba...
Como el coronel de García Márquez, estamos a la espera.

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