viernes, 24 de marzo de 2017
HAY ALGO DEL DOLOR QUE NO SE VA MÁS
“HAY ALGO DEL DOLOR QUE NO SE VA MÁS”. Escuché esta frase hoy, en la televisión argentina, con relación al golpe cívico-militar de 1976, del cual se recuerdan hoy, 24 de marzo de 2017, los 41 años transcurridos desde aquello que derivó en tanto horror, en tanta muerte de jóvenes idealistas, en tanta sinrazón genocida. Ese dolor que no se va más es el que me lleva a escribir este mensaje, recordando en este Día de la Memoria cuánto injusto olvido sobrellevamos los que hicimos aquel TEATRO DE LA UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES (el TUBA), porque nos tocó llevar adelante gran parte de nuestra historia precisamente en esos años de la feroz dictadura. Ni la Universidad de Buenos Aires, ni el periodismo especializado en investigaciones históricas, ni los estudiosos del devenir teatral en áreas dedicadas a ese fin dentro de CONICET, ni el Instituto Argentino de Estudios de Teatro (que ni siquiera sé si existe todavía) ni el Instituto Internacional del Teatro (ITI), se han ocupado en todos estos largos años sucesivos al cierre del TUBA (Junio de 1983), en reivindicar la epopeya de todos aquellos jóvenes (unos 1.600), que a lo largo de casi una década habitaron, con esfuerzo y entrega desinteresada, los talleres escenotécnicos del TUBA, su escenario de la Avenida Corrientes 2038 (hoy ocupado por el Centro Cultural Rojas) y los múltiples escenarios de la ciudad de Buenos Aires (incluido el Teatro Nacional Cervantes), del conurbano y del interior, donde se llevaron a cabo las 1.163 representaciones con obras de autores de todas las épocas, clásicos y modernos, siempre con la consigna del ACCESO LIBRE Y GRATUITO. “Hay algo del dolor que no se va más”, todos los días pero sobre todo en este Día de la Memoria, por el olvido, el injusto olvido de aquello tan portentosamente heroico que fue el derrotero del TEATRO DE LA UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES (el TUBA). Será por eso que la más adecuada imagen que se me ocurrió ponerle a este capítulo, es el rostro sufriente, fotografiado durante una representación de “La ofensiva”, de Martha Lehmann en 1977, del otrora joven Gustavo Lespada y hoy docente universitario e investigador de la literatura latinoamericana contemporánea en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires.
viernes, 3 de marzo de 2017
EL CRECIENTE SIGNIFICADO DE UNA FOTO
La fotografía que encabeza este capítulo de la Historia del TUBA data de mayo de 1975, hace casi 42 años. Es la escena final del sainete “Los disfrazados”, de Carlos Mauricio Pacheco y en el centro estoy yo, Ariel Quiroga, que en agosto de 1974 había tenido la peregrina idea de proponer a la Universidad de Buenos Aires la creación de un Centro de Drama, a la manera de los que desde hace siglos existen en las universidades del Viejo Continente, en Heidelberg o Alcalá de Henares. En mis manos están las glosas que se leían, como hilo conductor de una cabalgata evocativa del llamado Género Chico Nacional, o más simplemente: el sainete rioplatense. A lo largo de unas dos horas, unos cien jóvenes surgidos de la convocatoria inicial a formar parte de este proyectado Centro de Drama, (todos estudiantes de las más diversas carreras), daban vida a los personajes arquetípicos del vivir suburbano, eternizados en los dramas o pasos de comedia de autores como Nemesio Trejo, Ezequiel Soria, José González Castillo, Alberto Novión, Enrique Buttaro, Roberto Cayol, Florencio Sánchez, Alberto Vaccarezza, César Iglesias Paz o Francisco Defilippis Novoa.
Durante todo el año 1975, un grupo de Teatro Universitario todavía sin nombre (recién al año siguiente, al debutar en el Cervantes con tres comedias clásicas, nos decidimos a “autobautizarnos” TEATRO UNIVERSITARIO DE BUENOS AIRES), recorrió los más diversos e insólitos lugares, llevando a cuestas esa “Cabalgata Evocativa del Sainete Rioplatense”, cuyo único decorado era una soga con ropa tendida. Estuvimos en la sala Enrique Muiño del Centro Cultural San Martín, en la Parroquia Santa María de Betania, en el Colegio Carlos Pellegrini, en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales, en el Complejo Turístico de Chapadmalal y hasta en un Cuartel de Bomberos de Florencio Varela. El espectáculo, de dos horas de duración, era fundamentalmente una muestra de fervor contagioso, de libertad creativa y de irreverente amor por la vida humilde, laboriosa y romántica de una época, no tan lejana en el tiempo pero muy distinta en cuanto a valores éticos o ideológicos a la que le tocaba transitar a los jóvenes teatristas del Teatro de la UBA, tan próxima como estaba la amenaza de una dictadura agobiante y cercenadora. Hoy, en los inicios de 2017, no hay sombras de dictaduras en esta Argentina confundida, cuyo rumbo no parece demasiado preciso y lo que más me duele, como anciano que recuerda aquella época idealista del TUBA, es que los jóvenes de la actualidad no se atrevan a empujar con la fuerza de sus músculos, la telaraña de los sueños que merecen ser concretados.
sábado, 4 de febrero de 2017
CONTRADICCIONES DE FONDO Y DE FORMA, QUE HACEN AL TODO
Cuando yo –Ariel Quiroga-, llegué a la Universidad de Buenos Aires (más precisamente a una llamada “dirección de cultura”), a mediados de 1974, con 34 años a cuestas, era como Hombre de Teatro el producto de veinte años de militancia dentro del movimiento de Teatros Independientes. Una militancia no carente de contradicciones. Porque los teatros independientes cobijaban, en igual medida, a esteticistas de ultra derecha, un tanto feminoides y a jóvenes obreros, enrolados en las varias corrientes de izquierda, para los cuales el teatro era sólo un medio para llegar a concientizar en las problemáticas sociales a los amantes del teatro tradicional (el “teatro burgués”, como se le decía despectivamente). En los teatros “esteticistas” (donde hubo puestistas renovadores, como Marcelo Lavalle, creador junto al arquitecto Hernán Lavalle Cobo, del Instituto de Arte Moderno), se montaban obras de Tennesee Williams o de James Joyce o de Paul Claudel. Por su lado, los teatros de izquierda montaban a Andrés Lizarraga, a Osvaldo Dragún, a Arthur Miller o a Carlos Gorostiza. En mi caso, me había formado en un grupo llamado “Los pies descalzos”, a las órdenes de un director extremadamente refinado: Francisco Silva, que era un especialista en Lorca, en Jean Anouilh y en Gabriel D’Anunzio. Pero luego había estado unos cinco años en Nuevo Teatro, la fortaleza inexpugnable de los teatros de combate, con Alejandra Boero y Pedro Asquini a la cabeza de un ejército de “forajidos”, encabezados por el inefable Héctor Alterio, cuya causa era la de la consigna de Romain Rolland: “El teatro será Pueblo, o no será nada”. Con ese bagaje de tendencias contradictorias y algunas puestas en escena que me dieron notoriedad: la de “La Arialda”, de Giovanni Testori, un escritor de izquierda que había brindado a Luchino Visconti el cuento “Il ponte della Ghisolfa”, punto de partida del guión de “Rocco y sus hermanos” o la de “Historia de Pablo”, basada en la novela “Il compagno”, de Césare Pavese o la de “Magia roja”, de Michel de Ghelderode o “El viaje”, de Georges Schehadé, llegué en 1974 a la Universidad de Buenos Aires (sin haber pasado antes por sus aulas), para crear un Centro de Drama que terminaría siendo, durante nueve años seguidos, el TEATRO DE LA UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES, o como lo conocía el público de la calle: “El TUBA”. Será por eso que el TUBA pudo resistir los ataques permanentes, día a día, de esa “dirección de cultura” facciosa de la que le tocó depender: porque si montábamos una obra de marcado tinte “revolucionario” (como el “WOYZECK” de Georg Büchner, que nos fue prohibido a la tercera representación, acusándosenos de “propender a la infiltración marxista”), también montábamos textos de exaltado preciosismo e “incontaminada” belleza, como la “FEDRA”, de Jean Racine o la “TRAGEDIA FLORENTINA”, de Oscar Wilde. Producto de varias corrientes contrapuestas, yo era un Hombre de Teatro carente de filiación política partidaria, pero abierto a todas las posturas estético-filosóficas del drama representado y eso es lo que caracterizó al TUBA como un TEATRO DE REPERTORIO, en el que Terencio y Plauto pudieron “convivir” saludablemente con Anton Chéjov o con Armando Discépolo, o hasta con el irreverente “borrachín de la Ribera”: el genial anarquista Enrique Wernicke. Ilustran este capítulo fotografías de dos montajes “antagónicos” del TUBA: el descarnado de “Woyzeck”, de Büchner y el plásticamente muy bello de “Comedia de errores”, de Shakespeare.
viernes, 3 de febrero de 2017
LA REDENCIÓN POR VÍA DEL AMOR
El Tuba puso en escena, a lo largo de sus nueve temporadas consecutivas, muchas obras de distintas épocas que apuntasen a producir un encuentro con la juventud de esos años (1974 – 1983), en una época en que todo intento de participación de los jóvenes, universitarios y no universitarios, era ferozmente sojuzgado.
Pese a tantas amenazas, censuras, detracciones y catástrofes (como el incendio intencional de 1979, en el que se perdieron decorados, trajes, elementos de utilería y material literario imposible de recuperar), el TUBA logró sobrevivir nueve años y convocar a una corriente de público verdaderamente multitudinaria.
El pequeño video que encabeza esta nota es un ejemplo de todo lo bello y testimonial que el TUBA logró concretar: el estreno (tardío estreno) en Argentina de la tenue comedia de Henrik Ibsen “LA NOCHE DE SAN JUAN”. Fue una historia de jóvenes para jóvenes, donde a través del embrujo de las hogueras de la noche de San Juan, se celebraba al amor juvenil como única posibilidad de redención, frente a lo impiadoso del arremeter genocida que asolaba a nuestra Patria.
domingo, 29 de enero de 2017
LOS RECUERDOS DE DANIEL HADIS... ¿Y EL RESTO DE AQUELLOS OTRORA JÓVENES INTEGRANTES DEL TUBA...?
Séneca, mi filósofo favorito de la antigüedad, menciona el tema de los recuerdos en su “Brevedad de la vida” y dice: “Los recuerdos, tu única pertenencia, acudirán a tu memoria cuando más los necesites y ni bien los convoques”. (Ojo: lo acabo de escribir a mi manera; traductores mediante, vaya a saberse si Séneca lo expresó exactamente así). Lo cierto es que los recuerdos nos acompañan toda la vida y por eso debe ser muy triste cuando las personas pierden la capacidad de recordar. Por aquel TEATRO DE LA UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES (el TUBA), pasaron cientos de jóvenes estudiantes de todas las carreras, que por el lapso de una semana, un mes o de varios años, prestaron su fervor, su incontaminado ENTUSIASMO, al servicio de un TEATRO DE REPERTORIO, que no paró un solo día durante nueve años, de montar espectáculos para ofrecerlos gratuitamente, descubriendo autores ignorados o celebrando a los consagrados de todas las épocas y todos los estilos. En estos días he recibido el testimonio de los recuerdos de uno de aquellos otrora “jóvenes apasionados del TUBA”: el de Daniel Hadis, el que abrió la brecha de incorporar, en 1982, a autores universitarios con su “El día que mataron a Batman”, una urticante burla a los adoradores de los héroes impuestos en nuestras latitudes Sudamericanas, por las revistas de comics elaboradas por las mentes demenciales de los fabuladores del Norte.
Voy a reproducir a continuación lo que me ha escrito Daniel Hadis, generándome la incógnita de poder saber qué recuerdan de aquel lejano TUBA todos cuantos en sus talleres y su escenario, depositaron tanta entrega de PASIÓN AL SERVICIO DE LOS DEMÁS, en tiempos en los que la persecución y la muerte eran la única “pasión” posible para los crápulas genocidas: “Mi MUY QUERIDO Ariel: Periódicamente entro al Blog en búsqueda de tus andanzas "escritóricas" (más que literarias). Invariablemente leo los nuevos posts, pero también vuelvo a releer una y otra vez más los anteriores; y cuando me topo con aquellos que refieren a mi breve estancia (1981/83, creo) y con rostros conocidos, me suceden tres cosas: Mis ojos se humedecen, me corre un escalofrío por el alma y se apodera de mi ánimo una nostalgia infinita. "Sólo cuando se es viejo se tiene derecho a vivir de recuerdos", dijo alguien. ¿Estaré viejo entonces? Digo, porque los recuerdos que se me vienen a borbotones uno tras otro, de momentos extremadamente felices, del éxtasis orgásmico de sólo traspasar aquella pesada y herrumbrada puerta de calle del 2038 no se han repetido, ni se volverán a repetir ya nunca jamás. Quien no pisó aquel escenario por el que daba cierto temor caminar (temor de que se cayera a pedazos, digo). . . ¿podrá emocionarse como yo lo hago al leer tus historias? No sé. No lo creo. Extraño mucho, MUCHO aquellas noches de ensayos, de armados, de limpieza, de volanteadas cagándonos de frio los viernes de invierno... mis trasnoches esperando horas sentado en Radio RIvadavia a Miguel Angel Merellano, en Mitre a Alejandro Mancini o en Continental a Jorge Beillard... para que me dieran 5 minutos para hablar del Tuba; y al otro día tempranito a laburar!!! A mis casi 63 volvería a hacerlo!!! Y eso es lo bueno, Ariel, ¡¡¡ Que volvería a hacerlo !!! Creo que en un afán egoísta: Sólo para volver a sentir aquel éxtasis orgásmico del que te hablé. Bueno, "me fui de mambo" como dicen los pendejos.”. GRACIAS DANIEL HADIS, por recordar al TUBA y respecto a tus dudas sobre si aquello podría repetirse hoy, esa es precisamente mi testaruda incógnita: ¿POR QUÉ NADIE SE LARGA A HACER OTRO TUBA O ALGO QUE SE LE PAREZCA, EN LUGAR DE PERDER EL TIEMPO EN TRATAR DE HACERSE FAMOSO EN LA TELEVISIÓN…????.
ALBERTO WAINER: AUN DESDE EL EXILIO, UN FORJADOR DEL TUBA
Del capítulo anterior de este Blog, referido al “tiempo perdido de los jóvenes en Argentina”, recibí algunos comentarios que vale la pena que estén presentes aquí, por su significado. Uno de esos comentarios me llegó vía correo electrónico, de parte de Alberto Wainer y lo transcribo seguidamente: “Leí la continuación de ese viaje por el mundo de tus recuerdos, que constituyen una crónica del TUBA. Me enorgullece ser parte de todo eso y, a la vez, haber sido sustraído de su realización. Seguí, no parés de recordar, que todos recordamos y viajamos con vos. Un abrazo Ariel. El jueves cumplí 78 años ¿Y vos hablás de viejo?”. Es importante que Alberto Wainer me escriba, porque Alberto Wainer ES importante. Puede leerse su extensa trayectoria literaria en el sitio http://albertowainer.com/, pero además Alberto Wainer TAMBIÉN es importante por su inabdicable militancia política, que lo llevó al exilio precisamente en esos años en los que la muerte y el miedo sojuzgaron a la Argentina. Los que hicimos el TEATRO DE LA UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES (el TUBA), queremos mucho a Alberto Wainer, porque en un teatro de repertorio que bajaba las obras de cartel por simple programación previa, o sea: un teatro que no buscaba “éxitos de taquilla”, simplemente porque en el TUBA el ingreso de los espectadores era LIBRE y GRATUITO, Alberto Wainer nos proporcionó –sin él saberlo, porque estaba en España, exiliado-, uno de los “grandes éxitos” –sobre todo en cuanto a concurrencia de jóvenes-, de la historia del TUBA. El curioso título que agrupaba dos obras cortas de disímil estilo: “CORRETE UN POCO”, debía tener algún tipo de “gancho” para aquella muchachada de los años setenta, privada de todo lo que pudiese ser tenido por “transgresor” por las infames hordas de la dictadura y evidentemente ir a ver algo, sin pagar un centavo, que se llamase “CORRETE UN POCO” y encima, en un teatrucho hecho por universitarios… bueno, hizo que se volcasen verdaderas multitudes de jóvenes a nuestra pequeña salita de Corrientes 2038 y fue ese el motivo por el cual “CORRETE UN POCO”, que figuró en la cartelera del TUBA de 1976 (un año desafortunado por el golpe de estado del 24 de marzo), volviese con la misma puesta en escena pero diferentes actores, en la temporada de 1979. ¡Y SIEMPRE CON EL MISMO ÉXITO…!!! Un éxito que vale la pena destacar, porque no era producto de costosas promociones ni de haber nombres “rutilantes” en el cartel. Era el éxito incomparable del “boca a boca”, al punto que en la oficina pública donde trabajé 46 años (¡pobre de mí!), vino un día una compañera, “la vieja Pérez” (que era una gallega genial) a comentarme que su nieto había ido a ver una obra que lo había encantado, que se llamaba “Correte un poco”. No le aclaré a la vieja Pérez, a la que le hacíamos todas las maldades habidas y por haber (y que le encantaban, porque era una vieja pícara), que esa obra que le había gustado tanto a su nieto la dirigía yo, en el “glorioso” (aunque pobre de solemnidad) TEATRO UNIVERSITARIO DE BUENOS AIRES (el TUBA). Gracias, enormes y emocionadas Gracias, Alberto Wainer y felices e inclaudicables 78.
viernes, 27 de enero de 2017
EL TIEMPO PERDIDO DE LOS JÓVENES EN ARGENTINA
Los nacidos en Argentina a partir de 1983 son jóvenes todavía. Tienen 33 años, o 25 o apenas 16, si nacieron en el 2000. Ninguno de ellos conoció la dictadura, la horrenda dictadura que empezó a gestarse antes del 24 de marzo de 1976 y que permaneció hasta casi fines de 1983. No haber vivido en dictadura los salvó de morir, de sufrir torturas y vejaciones, de haber sufrido la desaparición de sus padres, o de sus hermanos o de sus amigos, o de sus profesores o de los hombres y mujeres de pensamiento esclarecido, que intentaron luchar contra esa dictadura. Pero también los privó de algo importante: EL TENER IDEALES POR LOS CUALES VIVIR PELIGROSAMENTE.
Los jóvenes que hoy van a las fiestas electrónicas para jugar a la ruleta rusa con las drogas sintéticas o con el alcohol; los que se anotan en cuanto reality en el que puedan dar rienda suelta a sus represiones sexuales o su afán de exhibicionismo… no saben lo que es verdaderamente el miedo, la sensación constante de sentir que se está siendo espiado, seguido, amenazado. Los cientos de jóvenes que durante casi una década compartieron los talleres de fabricación de espectáculos del TEATRO DE LA UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES y que cada noche salían por las calles del centro de Buenos Aires a repartir sus volantes impresos clandestinamente, sabían que esos autitos de la policía que los seguían a marcha lenta, podían ser los que los transportasen a “eso” de lo que se hablaba en voz baja y que no se sabía del todo bien si realmente existía o eran producto de la imaginación: los centros clandestinos de detención, que recién después de asumir el primer gobierno democrático, el del Dr. Raul Alfonsín, se supo que eran, que habían sido, una tenebrosa realidad.
De ese TEATRO UNIVERSITARIO DE REPERTORIO, surgido prácticamente de la nada a mediados de 1974, en un edificio en ruinas de la Universidad de Buenos Aires sito en la Avenida Corrientes al 2038, surgieron obras de Terencio, Moliere, Ibsen, Roberto Cossa, Florencio Sánchez, Shakespeare, Esquilo, Lope de Rueda, Armando Discépolo, Pedro Calderón de la Barca y decenas de autores más, clásicos y modernos… se concretaron en nueve temporadas consecutivas 1.163 representaciones con acceso libre y gratuito… giras a universidades y centros culturales del conurbano y el interior… y todo ello llevado a cabo bajo un clima de severa vigilancia, de aberrantes censuras (como la “Woyzeck” de Georg Büchner en 1978, por adjudicársele la intención de “propender a la infiltración marxista”), de agobiantes detracciones, como el incendio de todo el material literario, de vestuarios y elementos de utilería, en 1979… Los jóvenes de hoy en Argentina tienen la posibilidad de volcar su pasión por hacer y su entusiasmo por realizarse, en algo más altruista pero también más significante, que anotarse en realitys para intentar ser “famoso” y ganar alguna plata por un ratito… tienen la posibilidad de edificar TEATROS UNIVERSITARIOS DE REPERTORIO, como lo fue el TUBA, pero sin la aplastante sombra de una dictadura sobre sus cabezas. ¿Qué están esperando para largarse a hacerlo…? Háganlo de una vez por todas y no esperen que nadie les regale nada. El TUBA se hizo sin nada y llegó a ser un Teatro con mayúsculas. No lo olviden: EL FUTURO ES DE USTEDES, PERO POR PREPOTENCIA DE TRABAJO.
domingo, 7 de agosto de 2016
UNA VIDA COLMADA DE IDEALISTAS REALIZACIONES ASEGURA UNA VEJEZ LLENA DE HERMOSOS RECUERDOS
Hoy cumplo 76 años. Cada año, cuando llega el 7 de agosto, me pregunto: “¿Hasta cuándo…?”. Mi vida está cumplida; harto cumplida. Camino mucho todas las tardes, con mi perrita IFI, por esas calles silenciosas de Mar del Plata, la ciudad de mi destino final y también disfruto de la cercanía del mar, sobre todo en invierno, cuando no hay turistas. Pienso y escribo… escucho mis discos de María Callas, de Bruno Walter, de Giuseppe Di Stefano, de Claudio Abbado… Vuelvo a ver mis cientos de películas preferidas, ahora en BLU-RAY, como “Senso”, de Visconti; “Adiós a las armas”, de Charles Vidor o “Al este del paraíso”, de Elia Kazan, sin olvidarme de “Los primos”, de Chabrol o “Una noche en la Opera”, de los Hermanos Marx.
Si algo tiene de muy disfrutable esta edad de los 76, es la posibilidad de seguir recordando. Giordano Bruno, el mártir de la Inquisición, escribió sobre El Arte de la Memoria y yo, insignificante anciano lleno de recuerdos, celebro haber tenido una vida colmada de acontecimientos recordables, cosechados en una intensa y apasionada VIDA DE TEATRO.
A los dieciséis años ya militaba en los grupos de teatro independiente y mientras trataba de terminar la escuela secundaria, actuaba a las órdenes de un genio como Francisco Silva en aquellas legendarias carpas municipales, instaladas precariamente en plazas y paseos, sin baños y con hasta cuatro obras en cartel simultáneamente.
Después, ya hacia los 24, vinieron las obras montadas en calidad de “director de escena”, una faena en la que busqué obstinadamente seguir las enseñanzas de Jean Louis Barrault y plasmar en mis puestas mi admiración absoluta por Luchino Visconti.
Cercano a los 30, se dieron tres años seguidos (1967, 68, 69) en los que pude montar obras que desafiaron a los críticos más urticantes, a tener que emplear epítetos laudatorios nunca imaginados por sus acendradas mezquindades. “EL VIAJE”, de Georges Schehadè; “HISTORIA DE PABLO”, de Cesare Pavese; “EURIDICE”, de Jean Anouilh; “LA ARIALDA”, de Giovanni Testori; “MAGIA ROJA”, de Michel de Ghelderode; “LUCRECIA BORGIA”, de Victor Hugo; “EL PROFANADOR”, de Thierry Maulnier; “EL DOCTOR Y LOS DEMONIOS”, de Dylan Thomas; “UN FENIX DEMASIADO FRECUENTE”, de Christopher Fray… un bagaje de producciones concretadas en sólo tres años (y me estoy olvidando de algunas), que me hubieran servido de trampolín para convertirme en “un realizador importante”. ¿Importante…? ¿Qué es “ser importante” frente a la posibilidad de concretar un sueño, en el cual la “importancia” a nivel personal no interesa…?. A los 34 años, casi por casualidad, logré concretar mi sueño, anhelado largamente, de crear UN TEATRO UNIVERSITARIO DE REPERTORIO, que terminó siendo este “TUBA-El Teatro de la Universidad de Buenos Aires”, cuyo derrotero histórico de casi una década ocupa las páginas de este Blog, armado en base a testimonios dispersos, a partir del año 2010, cuando ya hacían 27 años que el TUBA había tenido que cerrar sus puertas, hostigado con perversidad digna de mejor causa por la propia Universidad que le ponía su membrete en los programas de mano.
Llegar a los 76 años con los recuerdos vívidos de haber hecho algo tan portentoso como aquel TEATRO UNIVERSITARIO DE BUENOS AIRES, es un privilegio que agradezco a la Providencia y una modesta invitación de mi parte (como viejo “aconsejador” que intenta seguir enseñando algo valedero a los jóvenes con los que quise trabajar siempre), a no prenderse en burdas tentaciones de “tener éxito fácil” y “ganar plata fácil”, porque todo eso pasa pronto y no deja nada. En cambio, una travesía llena de desafíos, de necesidad de entrega total de las energías creadoras y sobre todo del entusiasmo más desinteresado por aportar algo a los otros, como puede ser la creación de TEATROS UNIVERSITARIOS, TEATROS LIBRES, TEATROS NO COMERCIALES, TEATROS CON ACCESO GRATUITO PARA EL PUBLICO EN GENERAL, TEATROS DE REPERTORIO, donde los clásicos y los modernos convivan armónicamente… eso es trabajar por una ancianidad llena de recuerdos hermosos, como es esta ancianidad mía de hoy, que cumplo mis 76 años. “Gracias a la Vida, que me ha dado tanto”, aunque habiendo nacido en el día de San Cayetano, tuve que trabajar mucho para hacer todas las cosas que hice… ¡Y qué saludables que fueron todas esas fatigas…!!!.
En la foto, año 1975: primera temporada del TUBA, estoy libreto en mano, en el escenario del Teatro San Martin, durante la función inicial de “EL SAINETE RIOPLATENSE”, una cabalgata en la que intervinieron los primeros cien integrantes de ese Teatro, que durante nueve años ininterrumpidos congregó una corriente de público multitudinaria, brindando obras nunca representadas en Argentina de Esquilo, Moliere, Plauto, Terencio, Georg Buchner, Jean Racine, Anton Chejov, Henrik Ibsen, Alexander Puchkin y muchísimos autores más.
martes, 19 de julio de 2016
EL TUBA, UN "TEATRO DE VERDAD" AL QUE NADIE QUISO DARLE CONTINUIDAD
Cuando se me dio la oportunidad de concretar un sueño largamente acariciado: la creación de un TEATRO UNIVERSITARIO en mi ciudad natal, Buenos Aires, yo tenía 34 años. Era agosto de 1974 y en unos días más, agosto de 2016, voy a cumplir (si la Providencia no dispone lo contrario), la friolera de 76. El TUBA logró existir a fuerza de “prepotencia de trabajo” y fue, durante nueve temporadas consecutivas (1974 – 1983), un TEATRO DE VERDAD (valga la paradoja, puesto ¿qué debería ser un teatro que se crea de la nada, sino UN TEATRO DE VERDAD…?). En los 33 años que van desde el forzoso cierre del TUBA, en 1983, lo sorprendente es que a nadie se le haya ocurrido volver a instalar un TEATRO DE VERDAD en la Universidad de Buenos Aires. ¿En qué falló el TUBA, para que nadie tratase de darle continuidad, máxime que en el edifico donde hizo la mayor parte de su historia (Corrientes 2038, en pleno centro de Buenos Aires), se erigió hacia 1985 el Centro Cultural Rector Ricardo Rojas, con mucho mejores condiciones que las que le tocó padecer al TUBA, cuando ese histórico solar de la UBA era un barracón en ruinas, atestado de ratas y plagado –además-, de otro tipo de roedores (de uniforme y de civil, en esos años aciagos en los que tantos jóvenes fueron sacrificados). Tal vez el TUBA debió haberse contentado con ser un AULA DE APRENDIZAJE DE LA ACTUACION, sin involucrarse en esa faena ardua, pero fascinante, de montar espectáculos y ofrecerlos al público, con hasta seis o más montajes EN ALTERNANCIA, una disciplina extenuante, alucinante, que implica –por ejemplo- dar a conocer un clásico como Esquilo o Molière, un moderno como Ibsen o Pirandello y un autor nacional, contemporáneo, como Juan Carlos Ghiano o Roberto Cossa, EN UNA MISMA SEMANA…!!!. Para demostrar que el TUBA logró ser (solito, con el conjunto de las voluntades jóvenes de sus cientos de integrantes universitarios y sin el menor apoyo presupuestario ni técnico de la Universidad), un TEATRO DE VERDAD, valga el recuerdo de lo que significó, en su tercera temporada, la de 1977, la puesta en escena en carácter de estreno, de la obra de la dramaturga argentina fallecida años antes, Martha Lehmann: “LA OFENSIVA”. Para “La ofensiva” hubo que construir un decorado corpóreo (como los que se acostumbran en los grandes teatros profesionales), que tenía de todo: muebles enormes, techo, arañas de alabastro, ventanas, puertas… todo lo necesario para recrear el ambiente de una pensión de los años cuarenta y cincuenta, cercana al puerto de Buenos Aires. Eran años en los que se temía que la Argentina pudiese llegar a ser invadida por alguna potencia extranjera, de las que habían logrado la victoria de las fuerzas aliadas en la Segunda Guerra Mundial, en conocimiento de que nuestro suelo había servido de refugio para muchos genocidas del derrotado nazismo. La historia de “LA OFENSIVA” mostraba a un grupo de personas inertes, adormecidas en su quietud ociosa de todos los días absolutamente iguales y grises.
El acierto del texto de Martha Lehmann sera la "vuelta de tuerca", por medio de la cual uno de los habitantes de la pensiòn -precisamente un estudiante universitario, lograba convencer al resto de los huespedes de que LA OFENSIVA, de verdad, se estaba produciendo y era entonces cuando aquellos seres grises y opacos, TOMABAN CONCIENCIA de que la Patria debia ser defendidida a toda costa y comenzaban los preparativos para el inminente enfrentamiento. Al final, todo se descubria... pero ya sus vidas no volverian a ser iguales...
La construcción de las paredes de ese enorme decorado la hicimos entre todos, en base a lo que diseñó uno de los integrantes del elenco, que estudiaba arquitectura. Como veterano hombre de teatro, les enseñé a mis discípulos “el arte de la guindaleta”, que consistía en una forma práctica de lograr que la caja escénica no se tambalease durante las funciones, mediante el enlace de cuerdas estratégicamente ubicadas en cada juntura de los paneles del decorado. “LA OFENSIVA” fue, lo que en le jerga teatral de los viejos profesionales, se denomina UN ÉXITO ABSOLUTO. Estuvo todo el año 1977 en la cartelera del TUBA, desde marzo a diciembre, totalizando 83 funciones, en simultaneidad con otros dos espectáculos: “Jácaras y mojigangas” y “El alma del suburbio” y un Ciclo de Teatro Leído que iba los sábados por la tarde. No se la pudo “sacar” nunca de Corrientes 2038, en nuestras habituales recorridas por las Facultades y centros culturales de la ciudad, porque todo su mobiliario y su escenografía eran prácticamente “intrasladables”. La llevamos al Teatro Municipal de Rio Cuarto (Córdoba), en septiembre, pero debimos ingeniárnosla para armar allá una suerte de réplica del decorado de Buenos Aires. En concreto: con “LA OFENSIVA” el TUBA pudo demostrar que podía ser UN TEATRO DE VERDAD, en tiempos en los que el precario escenario de la sala de Corrientes 2038 (hoy llamada Sala Batato Barea), debía ser compartido con el enorme entarimado del Coro Polifónico de Ciegos ¡Y CON SU PIANO DE COLA…!!!. Vuelvo al interrogante del comienzo de esta nota: ¿En estos 33 años de ausencia de un TEATRO UNIVERSITARIO en la Universidad de Buenos Aires… no se quiso o no se pudo volver a erigir UN TEATRO DE VERDAD, como buscó y consiguió ser el TUBA, pese a tantas dificultades, detracciones y faltas de apoyo como se le opusieron en el camino…? A continuación, una serie de fotografías tomadas durante algunas de las 83 representaciones de “LA OFENSIVA”, en 1977, en el escenario del TUBA:
miércoles, 13 de julio de 2016
EL TUBA TODAVIA ESTA VIVO
El TUBA (que se autodenominó primero TEATRO UNIVERSITARIO DE BUENOS AIRES y a partir de su quinto año de vida, la Universidad de la cual dependía lo obligó a llamarse TEATRO DE LA UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES (una forma implícita de oficialización, que nunca se concretó en papeles resolutivos), todavía está VIVO, a 33 años de su forzado cierre, en 1983.
Pasa que yo tenía guardadas algunas cintas grabadas en los viejos casetes, de varios de sus espectáculos. Encontré en estos días la de “JÀCARAS Y MOJIGANGAS”, que se hizo en la temporada de 1977, en alternancia con “LA OFENSIVA”, de Martha Lehmann y “EL ALMA DEL SUBURBIO”, un collage sobre el ambiente suburbano, compuesto por obras breves de Florencio Sánchez, Pedro E. Pico, José González Castillo, glosas de Ernesto Sábato e Ignacio B. Anzoátegui y poemas de Evaristo Carriego.
Descubrí que en un localcito escondido al fondo de una galería, aquí en Mar del Plata, la ciudad donde transcurren mis años de vejez desde hace ocho, hacen copias a CD de esos antiquísimos casetes y desde ayer tengo de nuevo, es espléndido sonido estereofónico, la grabación integral de una función de hace TREINTA Y NUEVE AÑOS de las “Jácaras y mojigangas” del TUBA, en las que revivíamos la vida trashumante de los cómicos de la legua, junto con los entremeses y pasos de comedia del insigne Lope de Rueda (padre del teatro español) y hasta una adaptación del “Quijote” cervantino debida a Francisco de Ávila.
Volver a escuchar, como lo hice ayer por la tarde, las voces jocundamente vitales de aquellos tempranos oficiantes del TUBA… de una Analia Yunis, un Gustavo Lespada, una Alicia Diez, un Daniel Toppino (descollante juglar que hacía las presentaciones de los entremeses), de un Mario Azcona, un Héctor Becerra, un Horacio Baldasarre (que aparece, exultante, en la foto superior), una Susana Canosa, un Osvaldo Mazaglía, una Marta S. Gil, un Carlos Lanari, el lamentado Juan José Noto, que falleció tan joven y los “veteranos” Jorge Fargas, abogado y Carlos Gascón y Néstor Menini, actores provenientes del mundillo de los teatros vocacionales (¿qué será hoy de todos ellos… entre los que había estudiantes de derecho, de medicina, de arquitectura, de filosofía y letras y hasta un cocinero que trabajaba en el Hospital de Clìnicas…?), fue sentir un estremecimiento y un maravillamiento difíciles de expresar con palabras. El TUBA fue capaz de aquellas hazañas de “glorificación del entusiasmo”, como lo fue volcar ante miles de espectadores jóvenes (porque venían a su sala en Corrientes 2038, aulas completas de colegios secundarios), un derrotero de altruismo, desenfado y lucha por la supervivencia, que hizo del teatro representado en plazas y establos, en atrios de iglesias y en mesones pueblerinos, la cimiente de un arte superior, como lo fue y lo sigue siendo, ese GRAN TEATRO DEL MUNDO edificado por Lope, Tirso de Molina y Calderón.
Hay un video de pocos minutos en YouTube, en el que se pueden escuchar algunos momentos de una de las representaciones de “Jácaras y mojigangas” de 1977, en el TUBA, pero el CD que desde ayer tengo en mi discoteca privada, abarrotada de óperas y conciertos y películas de todas las épocas y estilos, tiene –milagrosamente preservadas, con sus 39 años a cuestas-, esas voces alegres, desafiantes, insolentes en su plenitud, de aquella juventud del TUBA, que ni el tiempo ni la indiferencia de las posteriores autoridades culturales de la Universidad de Buenos Aires podrán acallar nunca, por más que se empeñen en lograrlo. El TUBA VIVE, mas allà de todas las muertes urdidas por la barbarie arrasadora de “la historia oficial”, la que pretender instalar que antes del Centro Cultural Rojas, en el solar de Corrientes 2038, en materia de teatro universitario, NO HUBO NADA.
miércoles, 6 de julio de 2016
LO QUE SE PODRIA HACER... PERO NO SE QUIERE HACER EN LA UBA, EN MATERIA DE TEATRO UNIVERSITARIO DE REPERTORIO
En el capítulo (o Entrada) anterior de este Blog, se me ocurrió plantear la disyuntiva de por qué en la Universidad de Buenos Aires no volvió a existir un TEATRO UNIVERSITARIO DE REPERETORIO, a partir del cierre del TUBA en 1983.
Me puse a “curiosear” qué se está haciendo en el Centro Cultural Rojas en materia de teatro en estos momentos y me encontré con una propuesta escénica llamada “Proyecto Familia”, integrado por las obras “Inundación”, de Magdalena de Santo (que se ofrece los jueves a las 21, en un espacio de 30 localidades); “Un nuevo continente”, de Sofía Wilhelmi (que se ofrece tres viernes de julio, en ese mismo espacio de 30 localidades); "Caipiriña“, de Victoria Castelvetri (que se ofrece los cuatro sàbados de julio, en la sala Cancha) y “Casa expandida”, de Jessica Pinkus (que se ofrece tres viernes de julio en la sala Biblioteca).
Frente a este panorama del teatro en el Centro Cultural Rojas de la UBA (que funciona en el mismo edificio de Corrientes 2038 donde el TUBA hizo la mayor parte de su historia), caben –a mi entender-, algunas apresuradas reflexiones: En primer lugar, mientras que el TUBA buscó llegar con sus espectáculos a una convocatoria masiva de espectadores de todos los sectores sociales de la comunidad, el teatro en el Rojas se hace en espacios con sólo 30 o a lo sumo 60 localidades para eventuales asistentes. En segundo lugar, pero no menos importante: Mientras que las 1.163 representaciones que el TUBA llevó a cabo en sus nueve años de historia, fueron todas con acceso LIBRE y GRATUITO, en el Rojas se cobran entradas de $ 40, $ 60 y $ 80,-. (¿Podrán los estudiantes que quieran ver estas obras, pagar esas sumas por ver obras de carácter estrictamente experimental…?).
Por último: En el TUBA los repertorios no eran elegidos en base a temáticas (como, en este caso del Rojas, la temática de la familia), pero si así hubiese sido en alguna oportunidad, sobre el tema de la familia hubiésemos elegido obras tales como, por ejemplo, “En familia”, de Florencio Sánchez; “Los hermanos queridos”, de Carlos Gorostiza; “Reunión de familia”, de T. S. Eliot; “Las de Barranco”, de Gregorio de Laferrere o las notables “La casa de Bernarda Alba” y “Yerma”, de Federico Garcìa Lorca. ¡Ah…!: Y “El día que mataron a Batman”, de Daniel Hadis, que era estudiante de derecho e integrante del TUBA cuando se estrenò en 1982, también trataba un tema de familia…! ¡Y “La suegra”, de Terencio, que el TUBA estrenò, a 2.000 años de distancia, en el Teatro Nacional Cervantes en 1976, también trataba el tema de la familia, con un humor àcido que sacudìa todos los esquemas de las llamadas “buenas costumbres familiares”…!!! Es evidente que en la Universidad de Buenos Aires NO SE QUIERE HACER TEATRO DE REPETORIO. Y que tampoco se quiere hacer teatro para un público heterogéneamente masivo, ni mucho menos hacer teatro con acceso GRATUITO. ¡Qué lástima…!!!
martes, 5 de julio de 2016
UN DEBATE QUE ESTA PENDIENTE HACE 33 AÑOS: ¿POR QUÉ LA UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES NO QUISO TENER MÁS UN “TEATRO UNIVERSITARIO DE REPERTORIO” DESPUES DEL TUBA…?
Hacen 33 años que el TUBA (el Teatro de la Universidad de Buenos Aires) se vio forzado a cerrar sus puertas, ante la insostenible hostilidad que durante los nueve años de su labor en continuidad, le propinaba la propia Universidad, bajo cuyo emblema institucional había sido creado, a mediados de 1974.
Treinta y tres años en los que la polémica sigue en pie: ¿Tiene razón de ser un TEATRO DE REPERTORIO, abierto al público, de acceso gratuito y conformado por estudiantes de diversas carreras, dentro de los claustros de una Universidad…?.
La historia de los legendarios teatros universitarios, surgidos a la vera del Humanismo, durante los Siglos XVI y XVII, en las antiguas universidades europeas, como Heidelberg o Alcalá de Henares, pareciera dictaminar que SI.
En el sur del continente americano, en Santiago de Chile, el Teatro Experimental de la Universidad de Chile, creado en 1941, fue el punto de partida de un movimiento que prontamente se expandió por todo el territorio nacional y en la actualidad ningún chileno parece plantearse si la labor de los teatros universitarios debe seguir existiendo o no. Sin embargo, en la Argentina las cosas no han sido ni son tan claras y contundentes. El TUBA logró existir nueve años, “a duras penas”. Desde los primeros intentos de constituirse en un TEATRO DE VERDAD, con obras montadas y funciones regulares ante el público (como cualquier teatro, valga la casi redundante analogía, porque, ¿qué va a ser un teatro sino montar obras y darlas a conocer al público…?), el TUBA tuvo dificultades e impedimentos. Vale recordar la alarma que provocó en un funcionario de la dirección de cultura de la UBA, cuando en marzo de 1975 le comenté que íbamos a comenzar los ensayos de las obras del primer repertorio: “¡ENSAYOS…NO, QUIROGA, POR FAVOR NADA DE ENSAYOS…POR AHORA DELES CHARLAS Y NADA MÀS…!!!". ¿Qué podía haber de “amenazante” en el hecho de comenzar a ensayar “La montaña de las brujas”, de Julio Sánchez Gardel, que era una de las primeras obras programadas para el incipiente TEATRO DE REPERTORIO que me habían autorizado erigir dentro de la Universidad de Buenos Aires…?.
En mi imaginación de teatrista de 34 años, cansado de montar obras con elencos profesionales y tras una larga experiencia de más de veinte años en los grupos de teatro independiente (que para 1974 ya estaban en extinción), un TEATRO DE REPERTORIO en la Universidad era la posibilidad de acudir a los clásicos, a los modernos y a los contemporáneos, sin las limitaciones del factor ÈXITO, que condiciona inevitablemente a las compañías de teatro comercial.
Y una vez que el TUBA logró afianzarse como CENTRO DE DRAMA EN CONTINUIDAD, a partir de su tercera temporada de vida (1977), haciendo hasta CINCO funciones diferentes, cada fin de semana, en la sala de la planta baja del edificio de la avenida Corrientes al 2038, los clásicos, los modernos y los contemporáneos se fueron dando cita, alternadamente, hasta llegar a conformar un REPERTORIO digno de figurar a la par de los repertorios de las grandes instituciones teatrales, tanto de la Argentina (Teatro Nacional Cervantes o Complejo del Teatro San Martín), como del mundo entero.
Entonces, la pregunta que necesariamente hay que plantearse hoy, a 33 años de la desaparición del TUBA, es: ¿POR QUÉ NO PUDO VOLVER A HABER OTRO TEATRO DE REPERTORIO EN LA UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES…?. Haber dejado solo al TUBA, luego de su desaparición, en 1983… ¿no es evidencia de una, en verdad, inexplicable incapacidad para llevar adelante empresas que no dependan ni del dinero que las solvente ni de condiciones políticas “ideales”, que no siempre se dan, desgraciadamente, ni en la universidad de Buenos Aires ni en el resto de nuestra querida República Argentina. El TUBA se “auto sustentó”, porque la Universidad no le aportaba nada, más que una mísera caja chica que sólo alcanzaba para comprar clavos y alguna lámpara que se quemase en los focos de la iluminación del escenario y en cuanto a condiciones políticas, no las pudo haber peores a lo largo de su historia de nueve años, habida cuenta que siete de esos nueve fueron los de imperio del terror de una dictadura despiadadamente genocida.
El TUBA se hizo con voluntades jóvenes dispuestas al altruismo y a no medir el esfuerzo a cambio de ninguna paga. Los estudiantes de las más diversas carreras que habitaron los talleres actorales, técnicos y artesanales del TUBA a lo largo de sus nueve años de existencia (se calculan en alrededor de 1.600) no necesitaron de otro aliciente más que la satisfacción de hacer las cosas POR AMOR A LAS COSAS y concretaron cientos de espectáculos muy bien montados (ver fotos a continuación de este texto), siguiendo el axioma de Jean Louis Barrault que yo, su director, les inculcaba cariñosamente: LA TEORÌA NO ES NADA DIFÌCIL… PERO MÁS FÀCIL AUN ES LA PRÀCTICA.
¿No sería hora de que entre tantos coloquios y mesas redondas sobre el tema TEATRO, que se suelen llevar a cabo tanto en el Centro Cultural Rojas de la UBA, como en otros centros o foros culturales de la ciudad de Buenas Aires, se plantease esta disyuntiva…?: ¿POR QUÉ NO HUBO NUNCA MÁS UN “TEATRO UNIVERSITARIO DE REPERTORIO” EN LA UBA, DESPUÈS DE LA DESAPARICIÒN DEL TUBA…?. Dejo picando la pelota, como se suele decir…
jueves, 18 de febrero de 2016
A CUARENTA AÑOS DEL DEBUT DEL TUBA EN EL CERVANTES, CON SU PRIMER REPERTORIO
Pronto se van a cumplir cuarenta años de la presentación en el Teatro Nacional Cervantes del TEATRO UNIVERSITARIO DE BUENOS AIRES con su primer repertorio: “LA SUEGRA”, de Terencio; “LOS CAUTIVOS”, de Plauto y “EL DÍSCOLO”, de Menandro.
Ningún elenco nacional, ni siquiera la ilustre Comedia Nacional dirigida por Don Orestes Caviglia (1956 – 1960), había logrado hacer “REPERTORIO” (varias obras en simultaneidad en una misma temporada), algo que era habitual en las presentaciones de elencos extranjeros, tanto en el Cervantes como en otras salas oficiales y privadas de la Ciudad de Buenos Aires. Compañía francesas, como el Teatro de Francia, dirigido por Madeleine Renaud y Jean Louis Barrault o el TNP (el Teatro Nacional Popular), dirigido por Jean Vilar, con María Casares y Gerard Philppe a la cabeza, o compañías inglesas, como el Old Vic o italianas, como el Piccolo Teatro de Milán, dirigido por Giorgio Strehler o el elenco itinerante dirigido por Vitorio Gassmann, venían a Buenos Aires con hasta seis obras en su REPERTORIO, que se daban alternadamente en una misma semana.
Ese TEATRO UNIVERSITARIO DE BUENOS AIRES que inauguraba nombre propio al presentarse en el Cervantes, abriendo la temporada del año 1976 del gran teatro legado por María Guerrero, era la resultante de un llamado a inscripción en las facultades dependientes del Rectorado de la Universidad de Buenos Aires, a fines de 1974.
Mi idea, mi añejo proyecto de crear un TEATRO UNIVERSITARIO DE REPERTORIO, había sido presentado a la Dirección de Cultura de la UBA a mediados de 1974. A la convocatoria inicial acudieron unos 230 jóvenes, provenientes de las carreras más diversas, desde Medicina a Ciencias Exactas, desde Veterinaria a Filosofía y Letras… Llegaban con la aspiración de PARTICIPAR, sin tener la menor idea de qué era eso de “ERIGIR UN TEATRO DE REPERTORIO”, que fue lo primero que les dije cuando los reuní en un gimnasio polvoriento, en el último piso del edificio en ruinas de Corrientes 2038, en pleno centro de Buenos Aires.
Todo 1975 esa agrupación informe, condenada a deambular por oficinas atestadas de escritorios y ficheros metálicos, o patios a la intemperie vecinos a la Morgue Judicial, en los fondos de la Facultad de Ciencias Económicas, había recorrido centro culturales, parroquias, almacenes de ramos generales del conurbano y hasta cuarteles de bomberos en Florencio Varela, representando una Cabalgata Evocativa de los años de auge y decadencia del llamado Género Chico Nacional: EL SAINETE RIOPLATENSE. También habían estado en el Centro Cultural San Martín, en la Biblioteca Popular de Olivos, en el salón de actos del Colegio Carlos Pellegrini y en la sala de cine de la empresa Subterráneos de Buenos Aires, en el barrio de Once.
Eran más de cien chicas y muchachos, que daban vida a ese mundo epigramático del viejo sainete, que había surgido de la mezcla de historias de los inmigrantes y los criollos, en los patios de los conventillos. El único decorado del espectáculos de dos horas de duración, era una soga con ropa tendida, que se colgaba y se descolgaba en cada ámbito dónde fueran a parar con sus glosas y sainetes de Vaccareza, Pedro Pico, Roberto Cayol, Florencio Sánchez, Alberto Novión, José González Castillo, Nemesio Trejo y muchos más…
Pero también durante 1975, sin tener sala propia ni nombre propio ni nada, ese incipiente grupo universitario de teatro, dependiente de una Dirección de Cultura abúlica, indiferente y sobre todas las cosas: peligrosamente tendenciosa, había estado preparando en secreto su PRIMER REPERTORIO. Como los teatros universitarios de Salamanca y Alcalá de Henares, había acudido a los clásicos de veinte siglos atrás, los que aleccionaban sobre la condición humana, satirizando y clavando filosos aguijones en las costumbres (las malas costumbres) y la soberbia de los que se creen “estar por encima” de los que bregan todos los santos días por subsistir y tratar de realizar sus postergados sueños.
No éramos tontos; sabíamos que con obras actuales no se podía cuestionar lo que pasaba (y lo que estaba por pasar) en esa Argentina oprimida, siempre sometida a vaivenes de izquierda y de derecha, de los cuales el único que terminaba pagando el pato era el pueblo.
Y fue así como, teniendo montado nuestro PRIMER REPERTORIO, que habíamos llevado hasta un hotel de Chapadmalal y a unos cuántos lugares más, me largué a pedir una entrevista con el director del Teatro Nacional Cervantes, que era en ese momento el profesor Néstor Suárez Aboy. Le interesó enseguida el proyecto. El Cervantes solía recibir la visita de otro elenco universitario, pero de larga y fructífera trayectoria: El Teatro Universitario de Tucumán, creado y dirigido por Boyce Días Ulloque.
Súarez Aboy sólo me pidió ver algunos ensayos y sin titubear me dijo: “Vamos, lo hacemos”. De inmediato me preguntó: “¿Cómo se llama la compañía…?” y me salió de cuajo la respuesta: TEATRO UNIVERSITARIO DE BUENOS AIRES.
Los de la Dirección de Cultura se desayunaron tarde. Cuando se enteraron, ya estábamos debutando en el Cervantes, con “LA SUEGRA”, de Terencio; “LOS CAUTIVOS”, de Plauto y “EL DÍSCOLO”, de Menandro, en ALTERNANCIA. En la vereda del edificio del Ceravantes, en sus carteleras de hierro forjado, figuraba en letras enormes el nombre con el cual nos habíamos auto bautizado: TEATRO UNIVERSITARIO DE BUENOS AIRES y debajo, la mágica palabra: REPERTORIO.
ESCENA DE "LA SUEGRA" DE TERENCIO
ESCENA DE "LOS CAUTIVOS" DE PLAUTO
ESCENA DE "EL DÍSCOLO", DE MENANDRO
Hubo funciones en los que el Cervantes estuvo lleno hasta las galerías superiores, algo que no sucedía desde hacía mucho. Hice abrir por completo la embocadura del escenario y (a la manera de las puestas wagnerianas en Bayreuth), la escena estuvo sólo iluminada en colores cambiantes, dentro de un círculo central en medio de la oscuridad reinante, como en el círculo mágico de los pastores celebrando el renacer de las estaciones, lo que dio origen al teatro.
Han pasado de aquellos días de 1976 la friolera de cuarenta años. ¿No existirá la posibilidad de que hoy, en 2016, otro elenco de la Universidad de Buenos Aires vuelva a presentarse en la sala del Cervantes, con un REPERTORIO EN ALTERNANCIA…?
miércoles, 16 de diciembre de 2015
EL SEGUNDO GENOCIDIO DE JÓVENES EN LA ARGENTINA: UN GENOCIDIO CULTURAL
Entre 1974 y 1983 hubo un genocidio de jóvenes en la Argentina. No se reprimió sólo a la guerrilla subversiva; se aniquiló a cientos, miles de jóvenes por el simple hecho de militar en escuelas, facultades, centros estudiantiles o villas de emergencia, intentando la prédica heroica de la igualdad social. Y justamente en esos años de 1974 a 1983, existió en la Universidad de Buenos Aires un Centro de Drama inspirado en la brega de los, por entonces, casi extinguidos teatros vocacionales o independientes: llevar el mensaje esclarecedor de los grandes dramaturgos de todos los tiempos a los conglomerados menos pudientes de la comunidad; en una palabra: AL PUEBLO.
La historia de ese Centro de Drama llamado TEATRO UNIVERSITARIO DE BUENOS AIRES es la que, en forma desordenada pero puntual, se narra a lo largo de este Blog, que necesita ser leído “del comienzo hacia atrás”. Con sólo “cliquear” en cualquiera de los años de su derrotero, a partir de 2010 y al abrirse ese año buscar un mes al azar, se despliega la lista de capítulos y es cuestión de elegir el título o el tema del capítulo que más les guste. En cualquiera de los textos, en cualquiera de los videos o de las imágenes que vayan descubriendo, hallarán vestigios de representaciones creadas con rigor estético, pero con escasísimos medios. Y poder erigir un TEATRO DE REPERTORIO que hacía funciones todos los fines de semana del año, con hasta seis o siete espectáculos en alternancia, sin el más mínimo apoyo presupuestario o logístico de parte de la Universidad, era la consecuencia natural de una tarea sostenida, apasionada e imbuida de un auténtico desinterés, por parte de los cientos de jóvenes que año a año integraban los planteles actorales y escenotécnicos de ese teatro, al que el público de todos los sectores sociales accedía GRATUITAMENTE.
No es casual y hasta necesario, que ese teatro de universitarios conocido popularmente como “el TUBA” haya nacido, crecido y muerto en tiempos de dictadura, de una horrenda y feroz dictadura. El TUBA fue (y sigue siendo, a pesar de las décadas transcurridas desde su desaparición), un ámbito de resistencia, cuando los centros estudiantiles y toda otra forma de participación estaban conculcados. Cuando los jóvenes integrantes del TUBA salían todas las noches por las calles del centro de Buenos Aires, a repartir volantes para divulgar los espectáculos que se ofrecían en la sala de Corrientes 2038, sabían que se arriesgaban a muchas cosas… No se conocía, por entonces, la real existencia de los centros clandestinos de detención, donde los prisioneros eran torturados y luego hechos desaparecer, pero la amenaza estaba latente, con esos “autitos” que circulaban lentamente, vigilando cada paso o revisando qué contenían esos volantes, que sólo citaban los nombres de Esquilo, de Florencio Sánchez, de Moliere o de Armando Discépolo.
Pasó el tiempo… llegó la Democracia. La noche negra quedó atrás. El TUBA se fue perdiendo en la nebulosa del olvido. Sus jóvenes hacedores fueron ingresando en la madurez… y sobrevinieron otros jóvenes. La odisea de la raza humana hace que siempre haya nuevos jóvenes para reemplazar a los que fueron injustamente aniquilados, pero esta nueva juventud que fue surgiendo a partir de 1983 hasta hoy, no necesitó resistir ni defenderse de la agresión de los opresores. La Democracia trajo libertad y nuevas posibilidades de disfrutar de la vida y es allí, precisamente allí, donde empezó a gestarse el SEGUNDO GENOCIDIO. Porque es una forma de aniquilamiento el someter a los jóvenes a la esclavitud del dinero fácil, de las “oportunidades” con poco esfuerzo, de la “fama” conseguida con recursos de exhibicionismo barato… Si hoy algún teatrista loco como lo era yo cuando logré concretar mi sueño de que Buenos Aires tuviera su TEATRO UNIVERSITARIO DE REPERTORIO, como lo tienen las Casas de Altos Estudios de todo el mundo desde tiempos muy lejanos, quisiera recrear aquella empresa, no encontraría voluntades jóvenes que lo secundasen, como me secundaron a mí los que, aun sin entender muy bien de qué se trataba, se treparon a los andamios para colgar puentes de luces, empuñaron los martillos y los serruchos para construir decorados con restos de madera astillada y arriba de camiones destartalados (como aquel que llevaba a las huestes de “La Barraca”, de Federico García Lorca en la España fascista) ingresaron a las Aulas Magnas de las facultades, o a parroquias, clubes de barrio y cuarteles de bomberos del conurbano, (y también a salas magníficas como las del Teatro Nacional Cervantes o el Teatro San Martín) para dar a conocer textos que las compañías comerciales jamás hubieran abordado, como “LA SUEGRA”, de Terencio, “LOS CAUTIVOS”, de Plauto o “EL DÍSCOLO”, de Menandro…
Conseguir hoy la adhesión de voluntades jóvenes para llevar adelante quijotadas como aquella del TUBA, donde hacer las cosas por amor a las cosas, es propósito irrealizable, porque el GENOCIDIO CULTURAL que han sufrido las generaciones nacidas en los albores del Siglo XXI ha hecho del altruismo, e incluso del heroísmo, una tontería para álbumes de recuerdos… porque vale sólo estar en la televisión, participar de los “realitys”, competir, competir, competir, a ver quién se hace más famoso mostrando sus intimidades y sus habilidades sexuales… como los primates que hacen piruetas en los zoológicos, cuando hay mucha gente que los aplaude…
viernes, 7 de agosto de 2015
EL TIEMPO QUE NOS FUE DADO... Y QUÉ HICIMOS CON ÉL
Hoy cumplo 75 años. ¿A quién le importa que un señor llamado Ariel Quiroga, hombre de teatro retirado hace mucho, cumpla 75 años…?. Aunque suene egoísta expresarlo de esta manera: FUNDAMENTALMENTE A MI. Porque haber llegado a los 75 con un pasado de tanto teatro a cuestas, es casi como lo dijo alguna vez Vittorio Gassman: “Llevar un largo porvenir a la espalda”. Haber empezado en los grupos vocacionales de barrio a los 16 años, en 1956, significó imbuirse de una bohemia activa que no se cambiaría por otra manera de hacer las cosas, hasta el final. Empezar en la trinchera de combate, luchando por un teatro de concientización social, fue entender sin mucho aprendizaje (ni mucha superflua teoría), que en esa trinchera había que quedarse (Alejandra Boero me decía siempre: “Desde muy joven me instalé en mi trinchera con alegría”), para no caer en la tentación de pasarse en algún momento a la trinchera enemiga: la del teatro comercial, la del “comercio infame”.
Me tocó ser uno de los últimos defensores de ese movimiento de teatros independientes de Buenos Aires, que había empezado allá por 1930, cuando Leónidas Barletta abrió el Teatro del Pueblo, en donde Roberto Arlt estrenó sus obras. Cuando me convertí en un director “a tener en cuenta” o “con mucho para decir” (como sentenció Emilio Stevanovich en su revista “Talía”), tras las puestas en escena de “El viaje”, de Schehadé; “La Arialda”, de Testori; “Magia roja”, de Ghelderode; “Historia de Pablo”, de Pavese o “El profanador”, de Maulnier, a fines de la década del sesenta, ya había trabajado en decenas de obras como actor; había estado participando de la aventura de la construcción del Apolo (en Corrientes y Montevideo), junto a las huestes de Nuevo Teatro, donde aprendí que ser “obrero del teatro” es más importante que ser “estrella de televisión”, junto al heroico Pedro Asquini, la heroica Boero, el heroico Héctor Alterio y unos cien o más heroicos jóvenes que llegaban cada noche, a ensayar textos de Sartre, de Wernicke, de Dragún o de Wesker, al cabo de trabajar arduas jornadas en fábricas u oficinas de mala muerte.
Pero necesité cumplir un sueño, acariciado desde comienzos de los sesenta, que parecía imposible de concretar en el ámbito siempre conflictivo de una Universidad, (aunque en las universidades del resto del mundo llevaba siglos de práctica) para sentir que mi acercamiento al hecho teatral podía darle un sentido a mi vida toda. “Vengo a proponerles un sueño”, les dijo Néstor Kirchner a los argentinos, allá por 2003. “Estamos aquí para erigir un teatro”, les dije yo a unos 230 estudiantes de la Universidad de Buenos Aires, que a fines de 1974 se habían inscripto en un vago llamado a integrar un TEATRO UNIVERSITARIO DE REPERTORIO. A partir de esa primera reunión en un polvoriento gimnasio de un vetusto edificio de Corrientes al 2038, se gestó una epopeya de fervor y pasión juvenil que todavía hoy, a 41 años de distancia, ¡no ha sido igualada ni superada…!!!
La historia del TEATRO UNIVERSITARIO DE BUENOS AIRES o del TEATRO DE LA UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES, como se lo designó oficialmente, -aunque para los miles de espectadores que lo visitaron en sus casi diez años de vida activa fue simplemente “EL TUBA”-, es mi único, profundo, absoluto sentido de orgullo de haber vivido estos 75 años, a los que llego hoy entero en mis convicciones, seguro de no haber claudicado nunca y sólo con una nostálgica melancolía de anciano, que no querría partir “a tierras más cálidas” sin enterarme que aquel TEATRO UNIVERSITARIO DE REPERTORIO ha vuelto a abrir sus puertas, en el solar de Corrientes 2038, para convocar –con ACCESO LIBRE Y GRATUITO, como lo hizo el TUBA en sus 1.163 representaciones-, a celebrar el rito contestatario más antiguo y a la vez más vigente de la Humanidad.
martes, 19 de mayo de 2015
EL DEBER DE LA MEMORIA
Si alguien llegara a pensar “¿qué hace este video en un blog sobre la historia de un teatro universitario?”, que me lo venga a preguntar a mí, a mi casa en Mar del Plata, donde todavía existo, muy cerca de cumplir los 75 años, pero con el recuerdo vivo, como si estuviera sucediendo hoy, de aquel Buenos Aires (de aquella Argentina, hay que decir), en donde todo era terror, miedo, persecución, tortura y muerte. Nos tocó llevar adelante un TEATRO DE REPERTORIO en medio de la devastación; en medio de la neblina de lo que no se podía creer cuando nos era comentado en secreto: que había centros clandestinos de detención por todas partes; que los campos de concentración en los que miles de jóvenes eran eliminados sistemáticamente, no eran sólo esas imágenes borrosas de las películas filmadas durante el nazismo. Este blog sobre la historia del TUBA (el Teatro de la Universidad de Buenos Aires, que “sobrevivió” a constantes amenazas y detracciones durante sus nueve años de vida activa: 1974 - 1983), es un canto a la memoria de una gesta de entusiasmo y pasión juvenil que, gozando del privilegio legítimo de vivir en Democracia, todavía nadie intentó repetir, con afán de continuidad superadora. Quien se atreva a recorrerlo hacia atrás, como lo hacen todos los días en más de 70 países del mundo, del idioma que sea (aunque el blog esté escrito sólo en español), descubrirá ejemplos maravillantes de altruismo y esfuerzo incontaminado, por parte de más de 1.600 jóvenes estudiantes de todas las carreras, al servicio del humilde pero esclarecedor oficio del teatro, volcado en más de 150 producciones escénicas de los autores más diversos, desde Esquilo a Moliere, desde Terencio a Pirandello, desde Nemesio Trejo al ejemplar Don Armando Discépolo, y concretado en 1.163 representaciones, con ACCESO LIBRE Y GRATUITO, para toda la comunidad de la ciudad de Buenos Aires, del Conurbano y del interior de la República Argentina. Este video, que refleja la inauguración por parte de la señora Fernández de Kirchner, presidenta de la Argentina, hoy, martes 19 de mayo de 2015, del “Espacio de la memoria”, en donde funcionó un tenebroso centro de genocidio, DEBE, OBLIGADAMENTE, figurar en este blog y es por eso que lo inserto a continuación:
viernes, 27 de febrero de 2015
UN RESUMEN DE ESTE BLOG EN UN SOLO VIDEO
En algún momento uno debe decirse: “Hasta aquí llegué”. Muy cerca de cumplir los 75 años (si es que llego), considero que la historia de aquel TEATRO DE LA UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES que me propuse narrar dispersamente en este Blog, ya está suficientemente testimoniada, a través de sus “abusivos” 298 capítulos (o “entradas”, como se dice en el lenguaje de los blogs).
Admito que hay demasiadas palabras. Un blog debería ser algo dinámico (una bitácora con breves acotaciones de sucesos que se van sucediendo), pero en este caso el blog es una propuesta un tanto insólita, de “recorrer un tiempo pasado” hacia atrás. A menudo lo pienso: ¿Alguien, en esos remotos lugares del mundo en el que el blog es abierto y consultado… se va a tomar el trabajo de recorrerlo desde sus primeros capítulos, que datan de febrero de 2010…?. Y sin embargo (perdón por mi tozudez), creo que en toda Universidad del planeta donde se forme un grupo de jóvenes estudiantes de diversas disciplinas, bajo la guía de algún profesor u hombre de teatro no preocupado por el rédito comercial, con ganas de montar obras de teatro de un modo experimental, abordando autores de las épocas y estilos menos frecuentados, (como el Terencio o el Menandro que el TUBA hizo en uno de sus más aventurados repertorios, allá por 1976), sin desdeñar lo clásico ni abusar de lo “moderno”, las experiencias de aquel TEATRO DE LA UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES (conocido popularmente como “EL TUBA”), que se narran en este Blog, podrían llegar a servir de fuente de inspiración, aunque no de guía, porque ninguna experiencia es transferible y menos en el terreno de la creación artística.
Fueron varias las ocasiones en las que anuncié que le estaba poniendo “punto final” a este blog y es evidente que no lo cumplí. Hoy vuelvo a intentarlo, con la recomendación de siempre: no le teman al desandar del tiempo. Busquen el año que mejor les parezca, entre 2010 y 2015 y poniendo el cursor de vuestras computadoras en algún mes determinado del año elegido, atrévanse a incursionar en los capítulos cuyo título les parezca más tentador. Y si eso les resulta fastidiosamente aburrido o innecesario (¿por qué no…?), quédense aquí, en este último capítulo y vean de corrido el pequeño video de ocho minutos que reúne todo el material fotográfico recuperado de la historia de nueve años seguidos (1974 a 1983) de aquel TEATRO DE LA UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES. Sospecho que las imágenes, tomadas con cámaras ya hoy obsoletas y bajo condiciones lumínicas adversas, PERO EN VIVO, durante las 1163 representaciones que el TUBA llevó a cabo, pueden llegar a provocarles los incentivos de ENTUSIASMO, FORTALEZA FÍSICA Y MORAL y ALTRUÍSMO que son necesarios (e imprescindibles) para poner en marcha una épica de lo realizativo, como lo fue y lo es aún hoy la concreción de un auténtico TEATRO DE REPERTORIO dentro de los claustros de una Universidad, pero con una condición ineludible: QUE SEA DE ACCESO LIBRE Y GRATUITO PARA TODA LA COMUNIDAD.
¡Manos a la obra, pues…!!! Pero vean antes el video:
lunes, 9 de febrero de 2015
LO QUE EL TIEMPO NECESITA PARA SEGUIR ESTANDO VIVO
El Tiempo, factor de olvido, corre en favor del TUBA (el Teatro de la Universidad de Buenos Aires entre 1974 y 1983), porque todo lo hecho después de su cierre en materia de centros dramáticos dentro de una universidad, con el concurso actoral y escenotécnico de elementos jóvenes en formación, procedentes de las diversas disciplinas curriculares de la ciencia y las humanidades, no ha logrado –hasta hoy-, igualar la labor que en el lapso de nueve años desarrolló aquel otrora combatido TUBA.
Los escasos videos que circulan en YouTube (hay que buscarlos bajo la denominación de TEATRO UNIVERSITARIO DE BUENOS AIRES), muestran fotografías y alguna que otra precaria filmación con medios rudimentarios, de lo que fue el repertorio montado por el TUBA y exhibido al público en forma gratuita, a través de 1.163 representaciones, en la ciudad de Buenos Aires, pero también en muchos lugares del conurbano y del interior del país.
Este Blog cuenta esa historia con lujo de detalles y sólo es necesario ponerse a recorrerlo “hacia atrás”, hasta sus primeros capítulos que datan de febrero de 2010, para conocerla.
Para quien no disponga de las horas (y los días) que se necesitan para tal cometido, he aquí algunas referencias que sintetizan la singularidad de lo logrado por el TUBA, con una carencia absoluta de apoyo presupuestario por parte de la Universidad que lo albergó, hace unas tres décadas atrás.
1) La mayoría de los espectáculos montados por el TUBA contaron con decorados corpóreos, construidos por sus propios integrantes universitarios, con la técnica de fabricación de las escenografías de los elencos profesionales, permitiendo así que fueran desmontados fácilmente para su traslado en giras.
2) El repertorio que concretó el TUBA supera en amplitud de criterio historiográfico al de los más importantes teatros oficiales y privados de la Argentina, comerciales y vocacionales.
3) Una gran cantidad de autores y títulos incluidos por el TUBA en su repertorio, fueron dados a conocer por vez primera en la Argentina, como el caso de “Fedra” de Jean Racine, que el TUBA “estrenó” en 1980, coincidentemente con la celebración de los 200 años del estreno de la célebre tragedia, por la Comedia Francesa. El Teatro Nacional Cervantes dio a conocer “Fedra” recién al año siguiente, en 1981.
4) La organización interna, auto generada, le permitió al TUBA la “hazaña” de estar en dos lugares del país el mismo día y a la misma hora, con hasta cuatro espectáculos diferentes, algo que ni siquiera los más importantes elencos oficiales han podido lograr a lo largo de su historia.
Las cuatro condiciones reseñadas bastan para poder aseverar que el TUBA fue un Centro de Drama universitario (aunque resulte “rimbombante” y hasta pretencioso afirmarlo), sin precedentes en la Universidad de Buenos Aires y sin consecuentes dentro de sus claustros, ni siquiera bajo las mejores posibilidades de infraestructura del llamado “Centro Cultural Rojas”, creado a un año del cierre del TUBA.
¿Cómo se explica que un grupo de teatro universitario, sin apoyo presupuestario, sin legalización orgánica dentro de la Universidad, haya podido lograr en pocos años semejante nivel de PROFESIONALISMO, como para poder funcionar a la par de compañías teatrales de renombre, no sólo en Argentina sino en el resto del mundo…?
No fue obra de la casualidad, por cierto.
Fue el resultado del esfuerzo mancomunado de cientos de voluntades jóvenes, inspiradas en la práctica del ALTRUÍSMO y en el ejercicio de la VOCACIÓN DE SERVICIO HACIA LOS DEMÁS.
Al TUBA llegaban cada año nuevos contingentes de aspirantes a integrar sus talleres actorales y escenotécnicos. Venían sin saber nada de lo que es la vida interna de un TEATRO DE REPERTORIO, provenientes de las aulas de derecho, de medicina, de ciencias económicas, de veterinaria, de las letras o la filosofía.
Lo primero que descubrían era que dentro del TUBA se hablaba poco y se hacía mucho.
Aquello de Jean Louis Barrault: “La teoría no es nada difícil, pero más fácil aun es la práctica”.
Y puestos a llevar a cabo lo de “manos a la obra”, en poco tiempo sabían lo que es encordar los bastidores de un decorado para que no tambaleen o calibrar un puente de luces para crear las atmósferas lumínicas de las diferentes escenas de una obra o convertir a un pedazo de tela mugrienta en un manto principesco o clasificar los múltiples elementos de la utilería de un espectáculo, para embalarlo y luego desembalarlo, durante una gira, sin que se pierda nada.
El TUBA fue una “fábrica de espectáculos”, que cientos de miles de espectadores por año disfrutaron gratuitamente durante nueve temporadas consecutivas y fue, fundamentalmente, UNA FÁBRICA DE CONCIENCIAS, DEL HACER LAS COSAS POR AMOR A LAS COSAS, sin esperar a cambio dádivas ni efímeras “consagraciones”.
Las generaciones jóvenes que vinieron después del TUBA, por desgracia, no tuvieron esas posibilidades. Se los educó en el afán por el triunfalismo, por la notoriedad efímera de la televisión, por el necio “matar o morir” dentro de un reality, para conseguir unos segundos de fama o algún dinero ganado sin el menor esfuerzo.
De alguna manera, el TUBA funcionó internamente como un “Gran Hermano” que se extendiera a lo largo de nueve años seguidos. Sólo que en lugar de burdos “jueguitos sexuales” hubo dentro de él infinidad de juegos escénicos de saltimbanquis, colombinas y pierrots de cartapesta, muertes con espadas de juguete y mucha, muchísima Vida exultante, capaz de avasallar todas las oscuras detracciones que se le opusieron.
Volver a revivir el TUBA no sería, hoy, una manera retrógrada de desandar el Tiempo.
Sería, -estoy seguro-, darle la posibilidad al Tiempo de triunfar sobre sus propios retrocesos.
jueves, 29 de enero de 2015
VALOR ENCICLOPÉDICO DE ESTE BLOG SOBRE EL “TEATRO DE LA UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES” (1974 – 1983)
Por lo general, uno no relee lo que ha escrito.
En mi caso personal, soy muy aficionado a releer lo que han escrito otros: Césare Pavese, Héctor Bianciotti, Oscar Wilde, Sábato, Victoria Ocampo y unos cuantos más…
Toda vez que se me ocurre incursionar en este Blog, cuya escritura inicié hace ya cinco años con el propósito de dejar documentada la existencia de nueve años de un Centro de Drama en la Universidad de Buenos Aires, conocido como “el TUBA” y que existió entre los aciagos años de 1974 a 1983 en la Argentina, me sorprende comprobar en el mapamundi que gira a la izquierda, la cantidad de visitas que el Blog recibe desde los lugares más remotos del orbe.
¿Será tan interesante –me pregunto-, la historia de este teatro hecho por universitarios de todas las disciplinas científicas y humanísticas… como para que los buscadores de Google en todo el mundo acudan al Blog que, en forma harto dispersa, la desgrana en sus (hasta ahora) 296 entradas (o capítulos)…?
Recién hace muy poco he descubierto, casi por casualidad, el motivo de ese global interés.
No es que los “cibernautas” vayan en busca de un Blog sobre un “Teatro de la Universidad de Buenos Aires” que existió en la Argentina de hace unos cuarenta años…
Lo que seguramente ocurre es que al pedirle a Google nombres como Anton Chéjov, Moliere, Sófocles, Esquilo, Eduardo Mallea, Lope de Rueda, Alexander Pushkin, Jean Racine, Oscar Wilde, Armando Discépolo, Ramón del Valle Inclán, Juan Carlos Ghiano, Peter Brook, Florencio Sánchez, Tadeusz Kantor, Luiggi Pirandello, Henrik Ibsen o Junji Kinoshita… el cerebro “mágico” de Google suele conducir a alguno de los capítulos del Blog sobre el Teatro de la Universidad de Buenos Aires…
¿Qué prueba esto…?: Su valor enciclopédico, evidentemente...!
Pero no se trata de que yo me haya dedicado pacientemente a acumular nombres de autores famosos o no tan famosos de la literatura dramática universal en un Blog para dármelas de sabiondo.
Se trata, simple y llanamente, de que LA HISTORIA DE ESE TEATRO DE LA UNIVERSIDAD, que fuera tan combatido en su tiempo (por la propia Universidad, hay que aclararlo) y tan olvidado después, en los 32 años que han seguido a su obligado cierre en junio de 1983, es la de un teatro cuyo REPERTORIO, mostrado al público en forma gratuita a través de 1.163 representaciones, fue un REPERTORIO CON VALOR ENCICLOPÉDICO, que abarcó todas las corrientes estético filosóficas del drama representado, desde Esquilo y su “Orestíada” hasta la humorada sobre los ejecutivos que adoran a Batman mientras hacen jugarretas con sus cuentas bancarias, en la exitosa “El día que mataron a Batman”, escrita por un estudiante de derecho e integrante del TUBA y dada a conocer durante un año entero en 1982.
El enciclopedismo es una condición inherente a toda Universidad y como “Teatro DE LA Universidad de Buenos Aires”, el TUBA fue, sin lugar a dudas, un Centro de Drama enciclopédico.
¡Qué lástima que los exégetas del lugar ocupado por el Centro Cultural Rojas, como continuidad natural del TUBA en el mismo edificio de la avenida Corrientes al 2038 en la ciudad de Buenos Aires, a un año del cierre del TUBA, no lo hayan advertido, dedicándose a exaltar como muy valedera la labor de elencos teatrales dispersos, de corta existencia y abocados a la poco “enciclopédica” tarea de “romper”, “abolir”, “burlar” o “desahuciar” toda noción de teatro basado en autores y textos de perenne vigencia, para suplantarlo por “experiencias” sólo destinadas a hacer “ruido un ratito”, como una reciente producción escénica del Rojas, de fines de 2014, en la que los personajes de una novela de Emily Bronté eran “desempeñados” (al parecer) por electrodomésticos…!!!
¡Qué raro debe haber sido verlo al atormentado Heathcliff representado por un lavarropas o un horno a microondas, pese a ser un hombre de temperamento tan caliente…!!!
lunes, 15 de diciembre de 2014
LOS TEATROS DE REPERTORIO NO DEPENDEN DE "HOMBRES PROVIDENCIALES"
Este un tanto excesivo Blog desmenuza en cientos de capítulos, a partir de febrero de 2010, la historia del que fue –hasta hoy-, el único TEATRO UNIVERSITARIO DE REPERTORIO en la historia de la Universidad de Buenos Aires y también fuera de ella.
En efecto: no hay noticias de que haya existido en la Capital de la República Argentina un Centro de Drama universitario de tan extensa trayectoria en continuidad (nueve años), que haya producido tanta cantidad de espectáculos (más de cien), de los que espectadores de todos los sectores sociales de la comunidad (y también del interior del país) fueron beneficiarios, ya que el acceso a esos espectáculos fue siempre LIBRE y GRATUITO.
Pues bien: escondidos en la densidad de este Blog hay muchos testimonios sonoros, rescatados de lo que quedó de grabaciones de muchas de las 1.163 representaciones que llevó a cabo el TEATRO DE LA UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES (TUBA) en sus nueve años de vida y también hay charlas, conferencias, reportajes radiales y clases abiertas, que prueban en forma indubitable hasta dónde el TUBA llegó a ser –por obra de su propio accionar-, un organismo de investigación y divulgación del hecho teatral, que no mereció quedar aprisionado en la temporalidad terrorífica de la época que padeció la Argentina, por mera cuestión de “contemporaneidad”.
Si alguien que merodee por los vericuetos de este Blog se acerca al capítulo (o “entrada”) del 13 de ABRIL de 2010, encontrará (bajo el título: “LA CHARLA RADIAL CON EDUARDO VEGA, EN LA QUE SE CUENTAN MUCHAS COSAS SOBRE EL TUBA”) un reportaje que me hiciera en 1982, por LRA-Radio Nacional, el profesor Eduardo Vega, por entonces Sub-Director de la Dirección de Cultura de la que el TUBA (aparentemente) dependía.
Eduardo Vega era por entonces un veterano funcionario de la Universidad y fuera de ella, un afamado director teatral, caracterizado por poner en escena espectáculos de muchísimo éxito comercial, como “Boeing-Boeing”, con Ernesto Bianco y Osvaldo Miranda o “Las mariposas son libres”, con la célebre Susana Giménez.
Al promediar el reportaje, durante el cual Vega me permite explayarme “largo y tendido” sobre cómo se formó el TUBA y su difícil pero fructífero derrotero, hay una frase de él que voy a transcribir aquí textualmente y que dice: “ES INNEGABLE QUE OCHO AÑOS DE “SUPERVIVENCIA” DE ESTE TEATRO, MARCAN UN SALDO TREMENDAMENTE POSITIVO. COMO VIEJO FUNCIONARIO DE LA UNIVERSIDAD, YO RECUERDO MUCHOS INTENTOS QUE HUBO RESPECTO A HACER TEATRO EN LA UNIVERSIDAD, PERO TODOS ELLOS MORÍAN, NO EXISTÍAN MÁS QUE UN BREVÍSIMO TIEMPO, PORQUE CREO QUE FALTABA EL HOMBRE CLAVE PARA PODER LLEVARLOS A CABO”.
Si Eduardo Vega se estaba refiriendo a mí, como el “hombre clave” que había podido lograr que el Teatro en la Universidad “sobreviviese” ocho años (y llegó a sobrevivir uno más, hasta que la derrota fue definitiva), estaríamos ante la desconcertante evidencia de que, sin Ariel Quiroga al frente, no puede pensarse en que, tras estos irrecuperables 31 años de no existir, pueda llegar alguna vez a funcionar de nuevo un TEATRO UNIVERSITARIO DE REPERTORIO, dentro de los claustros de la Universidad de Buenos Aires…
Voy a escribir una expresión un tanto grosera, pero no me sale otra: “¡NO ME JODAN…!!!”
Yo pude haber tenido la resistencia como para soportar nueve años todas las afrentas y humillaciones que una “dirección de cultura” de una Universidad facciosa me prodigó con saña digna de mejor causa… pero no estuve solo. Solo nadie puede hacer nada y menos construir y llevar adelante un teatro. Desde los griegos hasta las congregaciones nómades de Lope de Rueda y Moliere y sin dejar de mencionar a los grupos independientes, como Fray Mocho, el Teatro del Pueblo de Leónidas Barletta, La Máscara o Nuevo Teatro… hasta llegar a nuestro esforzado TUBA, los logros y el aguante, LA RESISTENCIA, sólo se concretan ENTRE MUCHOS.
El TUBA fue una congregación de voluntades jóvenes, que desafió las censuras y persecuciones que imperaban en la Universidad que le tocó en suerte. Por eso reniego del argumento de que en la Universidad no hubo TEATRO DE REPERTORIO durante estos 31 años posteriores al TUBA, porque falta un Ariel Quiroga que lo impulse y lo sostenga.
Si no lo hubo (y sería terrible pensar que no lo habrá) es porque faltan agallas; voluntad para revolcarse en la mugre y para salir a recorrer caminos a la intemperie, como lo hizo hidalgamente “La barraca” de García Lorca y también heroicamente el TUBA durante casi una década.
¡A arremangarse, jóvenes y no tan jóvenes que cuentan hoy con las instalaciones pulcras del Centro Cultural Rojas…! En sus ampliados edificios o en cualquier gimnasio o aula o depósito que encuentren, aunque esté lleno de basura y libros abandonados (como encontramos nosotros el gimnasio del último piso de Corrientes 2038 en 1980), HAGAN TEATRO DE REPERTORIO, TODOS LOS FINES DE SEMANA DEL AÑO, CON ACCESO LIBRE Y GRATUITO Y DEJEN DE TEORIZAR, AL MENOS POR UN TIEMPO…!!!
Jean Louis Barrault lo decía tan claramente: “LA TEORÍA NO ES NADA DIFÍCIL… PERO MÁS FÁCIL AUN ES LA PRÁCTICA”.
Ya no me quedan más palabras para defender aquello que fue el TUBA. Toda su historia grande y pequeña está contenida en este Blog. Se puede empezar a leerlo por cualquier parte, porque no he seguido un hilo de continuidad al elaborarlo. Es una bitácora de recuerdos y testimonios, volcados a medida que algún hecho del presente me lo motivaba, en un tiempo de mi vida de ostracismo y meditación, en la ciudad elegida para terminar mis días: Mar del Plata.
El pequeño video que voy a insertar a continuación refleja algo de lo que fueron dos de los espectáculos clásicos del TUBA que significaron sendos trabajos de investigación, algo que por lo corriente los elencos armados en cooperativa, de transitoria existencia, no llegan ni siquiera a intentar.
“EL ATOLONDRADO o LOS CONTRATIEMPOS”, de Moliere, en 1979 y “FEDRA”, de Jean Racine en 1980, enfrentaron al TUBA con dos estilos de plasmación escénica absolutamente opuestos: el austero clasicismo de “FEDRA” (que no llegó a entusiasmar, como era habitual, al público del TUBA) y el desborde farsesco de “EL ATOLONDRADO”, que generó risas a granel, al punto que no sabíamos qué hacer para contener al enorme caudal de espectadores que se apiñaban por ingresar a nuestra pequeña sala de Corrientes 2038.
¡Lo que fue aquella función de “EL ATOLONDRADO” en el enorme hemiciclo del Aula Magna de la Facultad de Odontología, un día antes del estreno de “LA VIDA ES SUEÑO”, de Calderón…! Cientos de jóvenes estudiantes, tal vez futuros odontólogos, que esa noche participaron de una celebración descomunal, de una algarabía incontenible, aplaudiendo cada frase de un texto ingenioso como pocos, en el que –como es habitual en Moliere-, “no queda títere con cabeza” en la crítica feroz hacia todos los “malandrines” de una sociedad que tolera a los corruptos porque la corrupción forma parte de sus raíces.
¡Cuánto se atrevía a denunciar el TUBA, por boca de autores valientes como Moliere…!!!
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