domingo, 7 de agosto de 2016

UNA VIDA COLMADA DE IDEALISTAS REALIZACIONES ASEGURA UNA VEJEZ LLENA DE HERMOSOS RECUERDOS

Hoy cumplo 76 años. Cada año, cuando llega el 7 de agosto, me pregunto: “¿Hasta cuándo…?”. Mi vida está cumplida; harto cumplida. Camino mucho todas las tardes, con mi perrita IFI, por esas calles silenciosas de Mar del Plata, la ciudad de mi destino final y también disfruto de la cercanía del mar, sobre todo en invierno, cuando no hay turistas. Pienso y escribo… escucho mis discos de María Callas, de Bruno Walter, de Giuseppe Di Stefano, de Claudio Abbado… Vuelvo a ver mis cientos de películas preferidas, ahora en BLU-RAY, como “Senso”, de Visconti; “Adiós a las armas”, de Charles Vidor o “Al este del paraíso”, de Elia Kazan, sin olvidarme de “Los primos”, de Chabrol o “Una noche en la Opera”, de los Hermanos Marx. Si algo tiene de muy disfrutable esta edad de los 76, es la posibilidad de seguir recordando. Giordano Bruno, el mártir de la Inquisición, escribió sobre El Arte de la Memoria y yo, insignificante anciano lleno de recuerdos, celebro haber tenido una vida colmada de acontecimientos recordables, cosechados en una intensa y apasionada VIDA DE TEATRO. A los dieciséis años ya militaba en los grupos de teatro independiente y mientras trataba de terminar la escuela secundaria, actuaba a las órdenes de un genio como Francisco Silva en aquellas legendarias carpas municipales, instaladas precariamente en plazas y paseos, sin baños y con hasta cuatro obras en cartel simultáneamente. Después, ya hacia los 24, vinieron las obras montadas en calidad de “director de escena”, una faena en la que busqué obstinadamente seguir las enseñanzas de Jean Louis Barrault y plasmar en mis puestas mi admiración absoluta por Luchino Visconti. Cercano a los 30, se dieron tres años seguidos (1967, 68, 69) en los que pude montar obras que desafiaron a los críticos más urticantes, a tener que emplear epítetos laudatorios nunca imaginados por sus acendradas mezquindades. “EL VIAJE”, de Georges Schehadè; “HISTORIA DE PABLO”, de Cesare Pavese; “EURIDICE”, de Jean Anouilh; “LA ARIALDA”, de Giovanni Testori; “MAGIA ROJA”, de Michel de Ghelderode; “LUCRECIA BORGIA”, de Victor Hugo; “EL PROFANADOR”, de Thierry Maulnier; “EL DOCTOR Y LOS DEMONIOS”, de Dylan Thomas; “UN FENIX DEMASIADO FRECUENTE”, de Christopher Fray… un bagaje de producciones concretadas en sólo tres años (y me estoy olvidando de algunas), que me hubieran servido de trampolín para convertirme en “un realizador importante”. ¿Importante…? ¿Qué es “ser importante” frente a la posibilidad de concretar un sueño, en el cual la “importancia” a nivel personal no interesa…?. A los 34 años, casi por casualidad, logré concretar mi sueño, anhelado largamente, de crear UN TEATRO UNIVERSITARIO DE REPERTORIO, que terminó siendo este “TUBA-El Teatro de la Universidad de Buenos Aires”, cuyo derrotero histórico de casi una década ocupa las páginas de este Blog, armado en base a testimonios dispersos, a partir del año 2010, cuando ya hacían 27 años que el TUBA había tenido que cerrar sus puertas, hostigado con perversidad digna de mejor causa por la propia Universidad que le ponía su membrete en los programas de mano. Llegar a los 76 años con los recuerdos vívidos de haber hecho algo tan portentoso como aquel TEATRO UNIVERSITARIO DE BUENOS AIRES, es un privilegio que agradezco a la Providencia y una modesta invitación de mi parte (como viejo “aconsejador” que intenta seguir enseñando algo valedero a los jóvenes con los que quise trabajar siempre), a no prenderse en burdas tentaciones de “tener éxito fácil” y “ganar plata fácil”, porque todo eso pasa pronto y no deja nada. En cambio, una travesía llena de desafíos, de necesidad de entrega total de las energías creadoras y sobre todo del entusiasmo más desinteresado por aportar algo a los otros, como puede ser la creación de TEATROS UNIVERSITARIOS, TEATROS LIBRES, TEATROS NO COMERCIALES, TEATROS CON ACCESO GRATUITO PARA EL PUBLICO EN GENERAL, TEATROS DE REPERTORIO, donde los clásicos y los modernos convivan armónicamente… eso es trabajar por una ancianidad llena de recuerdos hermosos, como es esta ancianidad mía de hoy, que cumplo mis 76 años. “Gracias a la Vida, que me ha dado tanto”, aunque habiendo nacido en el día de San Cayetano, tuve que trabajar mucho para hacer todas las cosas que hice… ¡Y qué saludables que fueron todas esas fatigas…!!!.
En la foto, año 1975: primera temporada del TUBA, estoy libreto en mano, en el escenario del Teatro San Martin, durante la función inicial de “EL SAINETE RIOPLATENSE”, una cabalgata en la que intervinieron los primeros cien integrantes de ese Teatro, que durante nueve años ininterrumpidos congregó una corriente de público multitudinaria, brindando obras nunca representadas en Argentina de Esquilo, Moliere, Plauto, Terencio, Georg Buchner, Jean Racine, Anton Chejov, Henrik Ibsen, Alexander Puchkin y muchísimos autores más.

martes, 19 de julio de 2016

EL TUBA, UN "TEATRO DE VERDAD" AL QUE NADIE QUISO DARLE CONTINUIDAD

Cuando se me dio la oportunidad de concretar un sueño largamente acariciado: la creación de un TEATRO UNIVERSITARIO en mi ciudad natal, Buenos Aires, yo tenía 34 años. Era agosto de 1974 y en unos días más, agosto de 2016, voy a cumplir (si la Providencia no dispone lo contrario), la friolera de 76. El TUBA logró existir a fuerza de “prepotencia de trabajo” y fue, durante nueve temporadas consecutivas (1974 – 1983), un TEATRO DE VERDAD (valga la paradoja, puesto ¿qué debería ser un teatro que se crea de la nada, sino UN TEATRO DE VERDAD…?). En los 33 años que van desde el forzoso cierre del TUBA, en 1983, lo sorprendente es que a nadie se le haya ocurrido volver a instalar un TEATRO DE VERDAD en la Universidad de Buenos Aires. ¿En qué falló el TUBA, para que nadie tratase de darle continuidad, máxime que en el edifico donde hizo la mayor parte de su historia (Corrientes 2038, en pleno centro de Buenos Aires), se erigió hacia 1985 el Centro Cultural Rector Ricardo Rojas, con mucho mejores condiciones que las que le tocó padecer al TUBA, cuando ese histórico solar de la UBA era un barracón en ruinas, atestado de ratas y plagado –además-, de otro tipo de roedores (de uniforme y de civil, en esos años aciagos en los que tantos jóvenes fueron sacrificados). Tal vez el TUBA debió haberse contentado con ser un AULA DE APRENDIZAJE DE LA ACTUACION, sin involucrarse en esa faena ardua, pero fascinante, de montar espectáculos y ofrecerlos al público, con hasta seis o más montajes EN ALTERNANCIA, una disciplina extenuante, alucinante, que implica –por ejemplo- dar a conocer un clásico como Esquilo o Molière, un moderno como Ibsen o Pirandello y un autor nacional, contemporáneo, como Juan Carlos Ghiano o Roberto Cossa, EN UNA MISMA SEMANA…!!!. Para demostrar que el TUBA logró ser (solito, con el conjunto de las voluntades jóvenes de sus cientos de integrantes universitarios y sin el menor apoyo presupuestario ni técnico de la Universidad), un TEATRO DE VERDAD, valga el recuerdo de lo que significó, en su tercera temporada, la de 1977, la puesta en escena en carácter de estreno, de la obra de la dramaturga argentina fallecida años antes, Martha Lehmann: “LA OFENSIVA”. Para “La ofensiva” hubo que construir un decorado corpóreo (como los que se acostumbran en los grandes teatros profesionales), que tenía de todo: muebles enormes, techo, arañas de alabastro, ventanas, puertas… todo lo necesario para recrear el ambiente de una pensión de los años cuarenta y cincuenta, cercana al puerto de Buenos Aires. Eran años en los que se temía que la Argentina pudiese llegar a ser invadida por alguna potencia extranjera, de las que habían logrado la victoria de las fuerzas aliadas en la Segunda Guerra Mundial, en conocimiento de que nuestro suelo había servido de refugio para muchos genocidas del derrotado nazismo. La historia de “LA OFENSIVA” mostraba a un grupo de personas inertes, adormecidas en su quietud ociosa de todos los días absolutamente iguales y grises. El acierto del texto de Martha Lehmann sera la "vuelta de tuerca", por medio de la cual uno de los habitantes de la pensiòn -precisamente un estudiante universitario, lograba convencer al resto de los huespedes de que LA OFENSIVA, de verdad, se estaba produciendo y era entonces cuando aquellos seres grises y opacos, TOMABAN CONCIENCIA de que la Patria debia ser defendidida a toda costa y comenzaban los preparativos para el inminente enfrentamiento. Al final, todo se descubria... pero ya sus vidas no volverian a ser iguales... La construcción de las paredes de ese enorme decorado la hicimos entre todos, en base a lo que diseñó uno de los integrantes del elenco, que estudiaba arquitectura. Como veterano hombre de teatro, les enseñé a mis discípulos “el arte de la guindaleta”, que consistía en una forma práctica de lograr que la caja escénica no se tambalease durante las funciones, mediante el enlace de cuerdas estratégicamente ubicadas en cada juntura de los paneles del decorado. “LA OFENSIVA” fue, lo que en le jerga teatral de los viejos profesionales, se denomina UN ÉXITO ABSOLUTO. Estuvo todo el año 1977 en la cartelera del TUBA, desde marzo a diciembre, totalizando 83 funciones, en simultaneidad con otros dos espectáculos: “Jácaras y mojigangas” y “El alma del suburbio” y un Ciclo de Teatro Leído que iba los sábados por la tarde. No se la pudo “sacar” nunca de Corrientes 2038, en nuestras habituales recorridas por las Facultades y centros culturales de la ciudad, porque todo su mobiliario y su escenografía eran prácticamente “intrasladables”. La llevamos al Teatro Municipal de Rio Cuarto (Córdoba), en septiembre, pero debimos ingeniárnosla para armar allá una suerte de réplica del decorado de Buenos Aires. En concreto: con “LA OFENSIVA” el TUBA pudo demostrar que podía ser UN TEATRO DE VERDAD, en tiempos en los que el precario escenario de la sala de Corrientes 2038 (hoy llamada Sala Batato Barea), debía ser compartido con el enorme entarimado del Coro Polifónico de Ciegos ¡Y CON SU PIANO DE COLA…!!!. Vuelvo al interrogante del comienzo de esta nota: ¿En estos 33 años de ausencia de un TEATRO UNIVERSITARIO en la Universidad de Buenos Aires… no se quiso o no se pudo volver a erigir UN TEATRO DE VERDAD, como buscó y consiguió ser el TUBA, pese a tantas dificultades, detracciones y faltas de apoyo como se le opusieron en el camino…? A continuación, una serie de fotografías tomadas durante algunas de las 83 representaciones de “LA OFENSIVA”, en 1977, en el escenario del TUBA:

miércoles, 13 de julio de 2016

EL TUBA TODAVIA ESTA VIVO

El TUBA (que se autodenominó primero TEATRO UNIVERSITARIO DE BUENOS AIRES y a partir de su quinto año de vida, la Universidad de la cual dependía lo obligó a llamarse TEATRO DE LA UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES (una forma implícita de oficialización, que nunca se concretó en papeles resolutivos), todavía está VIVO, a 33 años de su forzado cierre, en 1983. Pasa que yo tenía guardadas algunas cintas grabadas en los viejos casetes, de varios de sus espectáculos. Encontré en estos días la de “JÀCARAS Y MOJIGANGAS”, que se hizo en la temporada de 1977, en alternancia con “LA OFENSIVA”, de Martha Lehmann y “EL ALMA DEL SUBURBIO”, un collage sobre el ambiente suburbano, compuesto por obras breves de Florencio Sánchez, Pedro E. Pico, José González Castillo, glosas de Ernesto Sábato e Ignacio B. Anzoátegui y poemas de Evaristo Carriego. Descubrí que en un localcito escondido al fondo de una galería, aquí en Mar del Plata, la ciudad donde transcurren mis años de vejez desde hace ocho, hacen copias a CD de esos antiquísimos casetes y desde ayer tengo de nuevo, es espléndido sonido estereofónico, la grabación integral de una función de hace TREINTA Y NUEVE AÑOS de las “Jácaras y mojigangas” del TUBA, en las que revivíamos la vida trashumante de los cómicos de la legua, junto con los entremeses y pasos de comedia del insigne Lope de Rueda (padre del teatro español) y hasta una adaptación del “Quijote” cervantino debida a Francisco de Ávila.
Volver a escuchar, como lo hice ayer por la tarde, las voces jocundamente vitales de aquellos tempranos oficiantes del TUBA… de una Analia Yunis, un Gustavo Lespada, una Alicia Diez, un Daniel Toppino (descollante juglar que hacía las presentaciones de los entremeses), de un Mario Azcona, un Héctor Becerra, un Horacio Baldasarre (que aparece, exultante, en la foto superior), una Susana Canosa, un Osvaldo Mazaglía, una Marta S. Gil, un Carlos Lanari, el lamentado Juan José Noto, que falleció tan joven y los “veteranos” Jorge Fargas, abogado y Carlos Gascón y Néstor Menini, actores provenientes del mundillo de los teatros vocacionales (¿qué será hoy de todos ellos… entre los que había estudiantes de derecho, de medicina, de arquitectura, de filosofía y letras y hasta un cocinero que trabajaba en el Hospital de Clìnicas…?), fue sentir un estremecimiento y un maravillamiento difíciles de expresar con palabras. El TUBA fue capaz de aquellas hazañas de “glorificación del entusiasmo”, como lo fue volcar ante miles de espectadores jóvenes (porque venían a su sala en Corrientes 2038, aulas completas de colegios secundarios), un derrotero de altruismo, desenfado y lucha por la supervivencia, que hizo del teatro representado en plazas y establos, en atrios de iglesias y en mesones pueblerinos, la cimiente de un arte superior, como lo fue y lo sigue siendo, ese GRAN TEATRO DEL MUNDO edificado por Lope, Tirso de Molina y Calderón. Hay un video de pocos minutos en YouTube, en el que se pueden escuchar algunos momentos de una de las representaciones de “Jácaras y mojigangas” de 1977, en el TUBA, pero el CD que desde ayer tengo en mi discoteca privada, abarrotada de óperas y conciertos y películas de todas las épocas y estilos, tiene –milagrosamente preservadas, con sus 39 años a cuestas-, esas voces alegres, desafiantes, insolentes en su plenitud, de aquella juventud del TUBA, que ni el tiempo ni la indiferencia de las posteriores autoridades culturales de la Universidad de Buenos Aires podrán acallar nunca, por más que se empeñen en lograrlo. El TUBA VIVE, mas allà de todas las muertes urdidas por la barbarie arrasadora de “la historia oficial”, la que pretender instalar que antes del Centro Cultural Rojas, en el solar de Corrientes 2038, en materia de teatro universitario, NO HUBO NADA.

miércoles, 6 de julio de 2016

LO QUE SE PODRIA HACER... PERO NO SE QUIERE HACER EN LA UBA, EN MATERIA DE TEATRO UNIVERSITARIO DE REPERTORIO

En el capítulo (o Entrada) anterior de este Blog, se me ocurrió plantear la disyuntiva de por qué en la Universidad de Buenos Aires no volvió a existir un TEATRO UNIVERSITARIO DE REPERETORIO, a partir del cierre del TUBA en 1983. Me puse a “curiosear” qué se está haciendo en el Centro Cultural Rojas en materia de teatro en estos momentos y me encontré con una propuesta escénica llamada “Proyecto Familia”, integrado por las obras “Inundación”, de Magdalena de Santo (que se ofrece los jueves a las 21, en un espacio de 30 localidades); “Un nuevo continente”, de Sofía Wilhelmi (que se ofrece tres viernes de julio, en ese mismo espacio de 30 localidades); "Caipiriña“, de Victoria Castelvetri (que se ofrece los cuatro sàbados de julio, en la sala Cancha) y “Casa expandida”, de Jessica Pinkus (que se ofrece tres viernes de julio en la sala Biblioteca). Frente a este panorama del teatro en el Centro Cultural Rojas de la UBA (que funciona en el mismo edificio de Corrientes 2038 donde el TUBA hizo la mayor parte de su historia), caben –a mi entender-, algunas apresuradas reflexiones: En primer lugar, mientras que el TUBA buscó llegar con sus espectáculos a una convocatoria masiva de espectadores de todos los sectores sociales de la comunidad, el teatro en el Rojas se hace en espacios con sólo 30 o a lo sumo 60 localidades para eventuales asistentes. En segundo lugar, pero no menos importante: Mientras que las 1.163 representaciones que el TUBA llevó a cabo en sus nueve años de historia, fueron todas con acceso LIBRE y GRATUITO, en el Rojas se cobran entradas de $ 40, $ 60 y $ 80,-. (¿Podrán los estudiantes que quieran ver estas obras, pagar esas sumas por ver obras de carácter estrictamente experimental…?). Por último: En el TUBA los repertorios no eran elegidos en base a temáticas (como, en este caso del Rojas, la temática de la familia), pero si así hubiese sido en alguna oportunidad, sobre el tema de la familia hubiésemos elegido obras tales como, por ejemplo, “En familia”, de Florencio Sánchez; “Los hermanos queridos”, de Carlos Gorostiza; “Reunión de familia”, de T. S. Eliot; “Las de Barranco”, de Gregorio de Laferrere o las notables “La casa de Bernarda Alba” y “Yerma”, de Federico Garcìa Lorca. ¡Ah…!: Y “El día que mataron a Batman”, de Daniel Hadis, que era estudiante de derecho e integrante del TUBA cuando se estrenò en 1982, también trataba un tema de familia…! ¡Y “La suegra”, de Terencio, que el TUBA estrenò, a 2.000 años de distancia, en el Teatro Nacional Cervantes en 1976, también trataba el tema de la familia, con un humor àcido que sacudìa todos los esquemas de las llamadas “buenas costumbres familiares”…!!! Es evidente que en la Universidad de Buenos Aires NO SE QUIERE HACER TEATRO DE REPETORIO. Y que tampoco se quiere hacer teatro para un público heterogéneamente masivo, ni mucho menos hacer teatro con acceso GRATUITO. ¡Qué lástima…!!!

martes, 5 de julio de 2016

UN DEBATE QUE ESTA PENDIENTE HACE 33 AÑOS: ¿POR QUÉ LA UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES NO QUISO TENER MÁS UN “TEATRO UNIVERSITARIO DE REPERTORIO” DESPUES DEL TUBA…?

Hacen 33 años que el TUBA (el Teatro de la Universidad de Buenos Aires) se vio forzado a cerrar sus puertas, ante la insostenible hostilidad que durante los nueve años de su labor en continuidad, le propinaba la propia Universidad, bajo cuyo emblema institucional había sido creado, a mediados de 1974. Treinta y tres años en los que la polémica sigue en pie: ¿Tiene razón de ser un TEATRO DE REPERTORIO, abierto al público, de acceso gratuito y conformado por estudiantes de diversas carreras, dentro de los claustros de una Universidad…?. La historia de los legendarios teatros universitarios, surgidos a la vera del Humanismo, durante los Siglos XVI y XVII, en las antiguas universidades europeas, como Heidelberg o Alcalá de Henares, pareciera dictaminar que SI. En el sur del continente americano, en Santiago de Chile, el Teatro Experimental de la Universidad de Chile, creado en 1941, fue el punto de partida de un movimiento que prontamente se expandió por todo el territorio nacional y en la actualidad ningún chileno parece plantearse si la labor de los teatros universitarios debe seguir existiendo o no. Sin embargo, en la Argentina las cosas no han sido ni son tan claras y contundentes. El TUBA logró existir nueve años, “a duras penas”. Desde los primeros intentos de constituirse en un TEATRO DE VERDAD, con obras montadas y funciones regulares ante el público (como cualquier teatro, valga la casi redundante analogía, porque, ¿qué va a ser un teatro sino montar obras y darlas a conocer al público…?), el TUBA tuvo dificultades e impedimentos. Vale recordar la alarma que provocó en un funcionario de la dirección de cultura de la UBA, cuando en marzo de 1975 le comenté que íbamos a comenzar los ensayos de las obras del primer repertorio: “¡ENSAYOS…NO, QUIROGA, POR FAVOR NADA DE ENSAYOS…POR AHORA DELES CHARLAS Y NADA MÀS…!!!". ¿Qué podía haber de “amenazante” en el hecho de comenzar a ensayar “La montaña de las brujas”, de Julio Sánchez Gardel, que era una de las primeras obras programadas para el incipiente TEATRO DE REPERTORIO que me habían autorizado erigir dentro de la Universidad de Buenos Aires…?. En mi imaginación de teatrista de 34 años, cansado de montar obras con elencos profesionales y tras una larga experiencia de más de veinte años en los grupos de teatro independiente (que para 1974 ya estaban en extinción), un TEATRO DE REPERTORIO en la Universidad era la posibilidad de acudir a los clásicos, a los modernos y a los contemporáneos, sin las limitaciones del factor ÈXITO, que condiciona inevitablemente a las compañías de teatro comercial. Y una vez que el TUBA logró afianzarse como CENTRO DE DRAMA EN CONTINUIDAD, a partir de su tercera temporada de vida (1977), haciendo hasta CINCO funciones diferentes, cada fin de semana, en la sala de la planta baja del edificio de la avenida Corrientes al 2038, los clásicos, los modernos y los contemporáneos se fueron dando cita, alternadamente, hasta llegar a conformar un REPERTORIO digno de figurar a la par de los repertorios de las grandes instituciones teatrales, tanto de la Argentina (Teatro Nacional Cervantes o Complejo del Teatro San Martín), como del mundo entero. Entonces, la pregunta que necesariamente hay que plantearse hoy, a 33 años de la desaparición del TUBA, es: ¿POR QUÉ NO PUDO VOLVER A HABER OTRO TEATRO DE REPERTORIO EN LA UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES…?. Haber dejado solo al TUBA, luego de su desaparición, en 1983… ¿no es evidencia de una, en verdad, inexplicable incapacidad para llevar adelante empresas que no dependan ni del dinero que las solvente ni de condiciones políticas “ideales”, que no siempre se dan, desgraciadamente, ni en la universidad de Buenos Aires ni en el resto de nuestra querida República Argentina. El TUBA se “auto sustentó”, porque la Universidad no le aportaba nada, más que una mísera caja chica que sólo alcanzaba para comprar clavos y alguna lámpara que se quemase en los focos de la iluminación del escenario y en cuanto a condiciones políticas, no las pudo haber peores a lo largo de su historia de nueve años, habida cuenta que siete de esos nueve fueron los de imperio del terror de una dictadura despiadadamente genocida. El TUBA se hizo con voluntades jóvenes dispuestas al altruismo y a no medir el esfuerzo a cambio de ninguna paga. Los estudiantes de las más diversas carreras que habitaron los talleres actorales, técnicos y artesanales del TUBA a lo largo de sus nueve años de existencia (se calculan en alrededor de 1.600) no necesitaron de otro aliciente más que la satisfacción de hacer las cosas POR AMOR A LAS COSAS y concretaron cientos de espectáculos muy bien montados (ver fotos a continuación de este texto), siguiendo el axioma de Jean Louis Barrault que yo, su director, les inculcaba cariñosamente: LA TEORÌA NO ES NADA DIFÌCIL… PERO MÁS FÀCIL AUN ES LA PRÀCTICA. ¿No sería hora de que entre tantos coloquios y mesas redondas sobre el tema TEATRO, que se suelen llevar a cabo tanto en el Centro Cultural Rojas de la UBA, como en otros centros o foros culturales de la ciudad de Buenas Aires, se plantease esta disyuntiva…?: ¿POR QUÉ NO HUBO NUNCA MÁS UN “TEATRO UNIVERSITARIO DE REPERTORIO” EN LA UBA, DESPUÈS DE LA DESAPARICIÒN DEL TUBA…?. Dejo picando la pelota, como se suele decir…

jueves, 18 de febrero de 2016

A CUARENTA AÑOS DEL DEBUT DEL TUBA EN EL CERVANTES, CON SU PRIMER REPERTORIO

Pronto se van a cumplir cuarenta años de la presentación en el Teatro Nacional Cervantes del TEATRO UNIVERSITARIO DE BUENOS AIRES con su primer repertorio: “LA SUEGRA”, de Terencio; “LOS CAUTIVOS”, de Plauto y “EL DÍSCOLO”, de Menandro. Ningún elenco nacional, ni siquiera la ilustre Comedia Nacional dirigida por Don Orestes Caviglia (1956 – 1960), había logrado hacer “REPERTORIO” (varias obras en simultaneidad en una misma temporada), algo que era habitual en las presentaciones de elencos extranjeros, tanto en el Cervantes como en otras salas oficiales y privadas de la Ciudad de Buenos Aires. Compañía francesas, como el Teatro de Francia, dirigido por Madeleine Renaud y Jean Louis Barrault o el TNP (el Teatro Nacional Popular), dirigido por Jean Vilar, con María Casares y Gerard Philppe a la cabeza, o compañías inglesas, como el Old Vic o italianas, como el Piccolo Teatro de Milán, dirigido por Giorgio Strehler o el elenco itinerante dirigido por Vitorio Gassmann, venían a Buenos Aires con hasta seis obras en su REPERTORIO, que se daban alternadamente en una misma semana. Ese TEATRO UNIVERSITARIO DE BUENOS AIRES que inauguraba nombre propio al presentarse en el Cervantes, abriendo la temporada del año 1976 del gran teatro legado por María Guerrero, era la resultante de un llamado a inscripción en las facultades dependientes del Rectorado de la Universidad de Buenos Aires, a fines de 1974. Mi idea, mi añejo proyecto de crear un TEATRO UNIVERSITARIO DE REPERTORIO, había sido presentado a la Dirección de Cultura de la UBA a mediados de 1974. A la convocatoria inicial acudieron unos 230 jóvenes, provenientes de las carreras más diversas, desde Medicina a Ciencias Exactas, desde Veterinaria a Filosofía y Letras… Llegaban con la aspiración de PARTICIPAR, sin tener la menor idea de qué era eso de “ERIGIR UN TEATRO DE REPERTORIO”, que fue lo primero que les dije cuando los reuní en un gimnasio polvoriento, en el último piso del edificio en ruinas de Corrientes 2038, en pleno centro de Buenos Aires. Todo 1975 esa agrupación informe, condenada a deambular por oficinas atestadas de escritorios y ficheros metálicos, o patios a la intemperie vecinos a la Morgue Judicial, en los fondos de la Facultad de Ciencias Económicas, había recorrido centro culturales, parroquias, almacenes de ramos generales del conurbano y hasta cuarteles de bomberos en Florencio Varela, representando una Cabalgata Evocativa de los años de auge y decadencia del llamado Género Chico Nacional: EL SAINETE RIOPLATENSE. También habían estado en el Centro Cultural San Martín, en la Biblioteca Popular de Olivos, en el salón de actos del Colegio Carlos Pellegrini y en la sala de cine de la empresa Subterráneos de Buenos Aires, en el barrio de Once. Eran más de cien chicas y muchachos, que daban vida a ese mundo epigramático del viejo sainete, que había surgido de la mezcla de historias de los inmigrantes y los criollos, en los patios de los conventillos. El único decorado del espectáculos de dos horas de duración, era una soga con ropa tendida, que se colgaba y se descolgaba en cada ámbito dónde fueran a parar con sus glosas y sainetes de Vaccareza, Pedro Pico, Roberto Cayol, Florencio Sánchez, Alberto Novión, José González Castillo, Nemesio Trejo y muchos más… Pero también durante 1975, sin tener sala propia ni nombre propio ni nada, ese incipiente grupo universitario de teatro, dependiente de una Dirección de Cultura abúlica, indiferente y sobre todas las cosas: peligrosamente tendenciosa, había estado preparando en secreto su PRIMER REPERTORIO. Como los teatros universitarios de Salamanca y Alcalá de Henares, había acudido a los clásicos de veinte siglos atrás, los que aleccionaban sobre la condición humana, satirizando y clavando filosos aguijones en las costumbres (las malas costumbres) y la soberbia de los que se creen “estar por encima” de los que bregan todos los santos días por subsistir y tratar de realizar sus postergados sueños. No éramos tontos; sabíamos que con obras actuales no se podía cuestionar lo que pasaba (y lo que estaba por pasar) en esa Argentina oprimida, siempre sometida a vaivenes de izquierda y de derecha, de los cuales el único que terminaba pagando el pato era el pueblo. Y fue así como, teniendo montado nuestro PRIMER REPERTORIO, que habíamos llevado hasta un hotel de Chapadmalal y a unos cuántos lugares más, me largué a pedir una entrevista con el director del Teatro Nacional Cervantes, que era en ese momento el profesor Néstor Suárez Aboy. Le interesó enseguida el proyecto. El Cervantes solía recibir la visita de otro elenco universitario, pero de larga y fructífera trayectoria: El Teatro Universitario de Tucumán, creado y dirigido por Boyce Días Ulloque. Súarez Aboy sólo me pidió ver algunos ensayos y sin titubear me dijo: “Vamos, lo hacemos”. De inmediato me preguntó: “¿Cómo se llama la compañía…?” y me salió de cuajo la respuesta: TEATRO UNIVERSITARIO DE BUENOS AIRES. Los de la Dirección de Cultura se desayunaron tarde. Cuando se enteraron, ya estábamos debutando en el Cervantes, con “LA SUEGRA”, de Terencio; “LOS CAUTIVOS”, de Plauto y “EL DÍSCOLO”, de Menandro, en ALTERNANCIA. En la vereda del edificio del Ceravantes, en sus carteleras de hierro forjado, figuraba en letras enormes el nombre con el cual nos habíamos auto bautizado: TEATRO UNIVERSITARIO DE BUENOS AIRES y debajo, la mágica palabra: REPERTORIO.
ESCENA DE "LA SUEGRA" DE TERENCIO
ESCENA DE "LOS CAUTIVOS" DE PLAUTO
ESCENA DE "EL DÍSCOLO", DE MENANDRO Hubo funciones en los que el Cervantes estuvo lleno hasta las galerías superiores, algo que no sucedía desde hacía mucho. Hice abrir por completo la embocadura del escenario y (a la manera de las puestas wagnerianas en Bayreuth), la escena estuvo sólo iluminada en colores cambiantes, dentro de un círculo central en medio de la oscuridad reinante, como en el círculo mágico de los pastores celebrando el renacer de las estaciones, lo que dio origen al teatro. Han pasado de aquellos días de 1976 la friolera de cuarenta años. ¿No existirá la posibilidad de que hoy, en 2016, otro elenco de la Universidad de Buenos Aires vuelva a presentarse en la sala del Cervantes, con un REPERTORIO EN ALTERNANCIA…?

miércoles, 16 de diciembre de 2015

EL SEGUNDO GENOCIDIO DE JÓVENES EN LA ARGENTINA: UN GENOCIDIO CULTURAL

Entre 1974 y 1983 hubo un genocidio de jóvenes en la Argentina. No se reprimió sólo a la guerrilla subversiva; se aniquiló a cientos, miles de jóvenes por el simple hecho de militar en escuelas, facultades, centros estudiantiles o villas de emergencia, intentando la prédica heroica de la igualdad social. Y justamente en esos años de 1974 a 1983, existió en la Universidad de Buenos Aires un Centro de Drama inspirado en la brega de los, por entonces, casi extinguidos teatros vocacionales o independientes: llevar el mensaje esclarecedor de los grandes dramaturgos de todos los tiempos a los conglomerados menos pudientes de la comunidad; en una palabra: AL PUEBLO. La historia de ese Centro de Drama llamado TEATRO UNIVERSITARIO DE BUENOS AIRES es la que, en forma desordenada pero puntual, se narra a lo largo de este Blog, que necesita ser leído “del comienzo hacia atrás”. Con sólo “cliquear” en cualquiera de los años de su derrotero, a partir de 2010 y al abrirse ese año buscar un mes al azar, se despliega la lista de capítulos y es cuestión de elegir el título o el tema del capítulo que más les guste. En cualquiera de los textos, en cualquiera de los videos o de las imágenes que vayan descubriendo, hallarán vestigios de representaciones creadas con rigor estético, pero con escasísimos medios. Y poder erigir un TEATRO DE REPERTORIO que hacía funciones todos los fines de semana del año, con hasta seis o siete espectáculos en alternancia, sin el más mínimo apoyo presupuestario o logístico de parte de la Universidad, era la consecuencia natural de una tarea sostenida, apasionada e imbuida de un auténtico desinterés, por parte de los cientos de jóvenes que año a año integraban los planteles actorales y escenotécnicos de ese teatro, al que el público de todos los sectores sociales accedía GRATUITAMENTE. No es casual y hasta necesario, que ese teatro de universitarios conocido popularmente como “el TUBA” haya nacido, crecido y muerto en tiempos de dictadura, de una horrenda y feroz dictadura. El TUBA fue (y sigue siendo, a pesar de las décadas transcurridas desde su desaparición), un ámbito de resistencia, cuando los centros estudiantiles y toda otra forma de participación estaban conculcados. Cuando los jóvenes integrantes del TUBA salían todas las noches por las calles del centro de Buenos Aires, a repartir volantes para divulgar los espectáculos que se ofrecían en la sala de Corrientes 2038, sabían que se arriesgaban a muchas cosas… No se conocía, por entonces, la real existencia de los centros clandestinos de detención, donde los prisioneros eran torturados y luego hechos desaparecer, pero la amenaza estaba latente, con esos “autitos” que circulaban lentamente, vigilando cada paso o revisando qué contenían esos volantes, que sólo citaban los nombres de Esquilo, de Florencio Sánchez, de Moliere o de Armando Discépolo.
Pasó el tiempo… llegó la Democracia. La noche negra quedó atrás. El TUBA se fue perdiendo en la nebulosa del olvido. Sus jóvenes hacedores fueron ingresando en la madurez… y sobrevinieron otros jóvenes. La odisea de la raza humana hace que siempre haya nuevos jóvenes para reemplazar a los que fueron injustamente aniquilados, pero esta nueva juventud que fue surgiendo a partir de 1983 hasta hoy, no necesitó resistir ni defenderse de la agresión de los opresores. La Democracia trajo libertad y nuevas posibilidades de disfrutar de la vida y es allí, precisamente allí, donde empezó a gestarse el SEGUNDO GENOCIDIO. Porque es una forma de aniquilamiento el someter a los jóvenes a la esclavitud del dinero fácil, de las “oportunidades” con poco esfuerzo, de la “fama” conseguida con recursos de exhibicionismo barato… Si hoy algún teatrista loco como lo era yo cuando logré concretar mi sueño de que Buenos Aires tuviera su TEATRO UNIVERSITARIO DE REPERTORIO, como lo tienen las Casas de Altos Estudios de todo el mundo desde tiempos muy lejanos, quisiera recrear aquella empresa, no encontraría voluntades jóvenes que lo secundasen, como me secundaron a mí los que, aun sin entender muy bien de qué se trataba, se treparon a los andamios para colgar puentes de luces, empuñaron los martillos y los serruchos para construir decorados con restos de madera astillada y arriba de camiones destartalados (como aquel que llevaba a las huestes de “La Barraca”, de Federico García Lorca en la España fascista) ingresaron a las Aulas Magnas de las facultades, o a parroquias, clubes de barrio y cuarteles de bomberos del conurbano, (y también a salas magníficas como las del Teatro Nacional Cervantes o el Teatro San Martín) para dar a conocer textos que las compañías comerciales jamás hubieran abordado, como “LA SUEGRA”, de Terencio, “LOS CAUTIVOS”, de Plauto o “EL DÍSCOLO”, de Menandro…
Conseguir hoy la adhesión de voluntades jóvenes para llevar adelante quijotadas como aquella del TUBA, donde hacer las cosas por amor a las cosas, es propósito irrealizable, porque el GENOCIDIO CULTURAL que han sufrido las generaciones nacidas en los albores del Siglo XXI ha hecho del altruismo, e incluso del heroísmo, una tontería para álbumes de recuerdos… porque vale sólo estar en la televisión, participar de los “realitys”, competir, competir, competir, a ver quién se hace más famoso mostrando sus intimidades y sus habilidades sexuales… como los primates que hacen piruetas en los zoológicos, cuando hay mucha gente que los aplaude…

viernes, 7 de agosto de 2015

EL TIEMPO QUE NOS FUE DADO... Y QUÉ HICIMOS CON ÉL

Hoy cumplo 75 años. ¿A quién le importa que un señor llamado Ariel Quiroga, hombre de teatro retirado hace mucho, cumpla 75 años…?. Aunque suene egoísta expresarlo de esta manera: FUNDAMENTALMENTE A MI. Porque haber llegado a los 75 con un pasado de tanto teatro a cuestas, es casi como lo dijo alguna vez Vittorio Gassman: “Llevar un largo porvenir a la espalda”. Haber empezado en los grupos vocacionales de barrio a los 16 años, en 1956, significó imbuirse de una bohemia activa que no se cambiaría por otra manera de hacer las cosas, hasta el final. Empezar en la trinchera de combate, luchando por un teatro de concientización social, fue entender sin mucho aprendizaje (ni mucha superflua teoría), que en esa trinchera había que quedarse (Alejandra Boero me decía siempre: “Desde muy joven me instalé en mi trinchera con alegría”), para no caer en la tentación de pasarse en algún momento a la trinchera enemiga: la del teatro comercial, la del “comercio infame”. Me tocó ser uno de los últimos defensores de ese movimiento de teatros independientes de Buenos Aires, que había empezado allá por 1930, cuando Leónidas Barletta abrió el Teatro del Pueblo, en donde Roberto Arlt estrenó sus obras. Cuando me convertí en un director “a tener en cuenta” o “con mucho para decir” (como sentenció Emilio Stevanovich en su revista “Talía”), tras las puestas en escena de “El viaje”, de Schehadé; “La Arialda”, de Testori; “Magia roja”, de Ghelderode; “Historia de Pablo”, de Pavese o “El profanador”, de Maulnier, a fines de la década del sesenta, ya había trabajado en decenas de obras como actor; había estado participando de la aventura de la construcción del Apolo (en Corrientes y Montevideo), junto a las huestes de Nuevo Teatro, donde aprendí que ser “obrero del teatro” es más importante que ser “estrella de televisión”, junto al heroico Pedro Asquini, la heroica Boero, el heroico Héctor Alterio y unos cien o más heroicos jóvenes que llegaban cada noche, a ensayar textos de Sartre, de Wernicke, de Dragún o de Wesker, al cabo de trabajar arduas jornadas en fábricas u oficinas de mala muerte. Pero necesité cumplir un sueño, acariciado desde comienzos de los sesenta, que parecía imposible de concretar en el ámbito siempre conflictivo de una Universidad, (aunque en las universidades del resto del mundo llevaba siglos de práctica) para sentir que mi acercamiento al hecho teatral podía darle un sentido a mi vida toda. “Vengo a proponerles un sueño”, les dijo Néstor Kirchner a los argentinos, allá por 2003. “Estamos aquí para erigir un teatro”, les dije yo a unos 230 estudiantes de la Universidad de Buenos Aires, que a fines de 1974 se habían inscripto en un vago llamado a integrar un TEATRO UNIVERSITARIO DE REPERTORIO. A partir de esa primera reunión en un polvoriento gimnasio de un vetusto edificio de Corrientes al 2038, se gestó una epopeya de fervor y pasión juvenil que todavía hoy, a 41 años de distancia, ¡no ha sido igualada ni superada…!!! La historia del TEATRO UNIVERSITARIO DE BUENOS AIRES o del TEATRO DE LA UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES, como se lo designó oficialmente, -aunque para los miles de espectadores que lo visitaron en sus casi diez años de vida activa fue simplemente “EL TUBA”-, es mi único, profundo, absoluto sentido de orgullo de haber vivido estos 75 años, a los que llego hoy entero en mis convicciones, seguro de no haber claudicado nunca y sólo con una nostálgica melancolía de anciano, que no querría partir “a tierras más cálidas” sin enterarme que aquel TEATRO UNIVERSITARIO DE REPERTORIO ha vuelto a abrir sus puertas, en el solar de Corrientes 2038, para convocar –con ACCESO LIBRE Y GRATUITO, como lo hizo el TUBA en sus 1.163 representaciones-, a celebrar el rito contestatario más antiguo y a la vez más vigente de la Humanidad.

martes, 19 de mayo de 2015

EL DEBER DE LA MEMORIA

Si alguien llegara a pensar “¿qué hace este video en un blog sobre la historia de un teatro universitario?”, que me lo venga a preguntar a mí, a mi casa en Mar del Plata, donde todavía existo, muy cerca de cumplir los 75 años, pero con el recuerdo vivo, como si estuviera sucediendo hoy, de aquel Buenos Aires (de aquella Argentina, hay que decir), en donde todo era terror, miedo, persecución, tortura y muerte. Nos tocó llevar adelante un TEATRO DE REPERTORIO en medio de la devastación; en medio de la neblina de lo que no se podía creer cuando nos era comentado en secreto: que había centros clandestinos de detención por todas partes; que los campos de concentración en los que miles de jóvenes eran eliminados sistemáticamente, no eran sólo esas imágenes borrosas de las películas filmadas durante el nazismo. Este blog sobre la historia del TUBA (el Teatro de la Universidad de Buenos Aires, que “sobrevivió” a constantes amenazas y detracciones durante sus nueve años de vida activa: 1974 - 1983), es un canto a la memoria de una gesta de entusiasmo y pasión juvenil que, gozando del privilegio legítimo de vivir en Democracia, todavía nadie intentó repetir, con afán de continuidad superadora. Quien se atreva a recorrerlo hacia atrás, como lo hacen todos los días en más de 70 países del mundo, del idioma que sea (aunque el blog esté escrito sólo en español), descubrirá ejemplos maravillantes de altruismo y esfuerzo incontaminado, por parte de más de 1.600 jóvenes estudiantes de todas las carreras, al servicio del humilde pero esclarecedor oficio del teatro, volcado en más de 150 producciones escénicas de los autores más diversos, desde Esquilo a Moliere, desde Terencio a Pirandello, desde Nemesio Trejo al ejemplar Don Armando Discépolo, y concretado en 1.163 representaciones, con ACCESO LIBRE Y GRATUITO, para toda la comunidad de la ciudad de Buenos Aires, del Conurbano y del interior de la República Argentina. Este video, que refleja la inauguración por parte de la señora Fernández de Kirchner, presidenta de la Argentina, hoy, martes 19 de mayo de 2015, del “Espacio de la memoria”, en donde funcionó un tenebroso centro de genocidio, DEBE, OBLIGADAMENTE, figurar en este blog y es por eso que lo inserto a continuación:

viernes, 27 de febrero de 2015

UN RESUMEN DE ESTE BLOG EN UN SOLO VIDEO

En algún momento uno debe decirse: “Hasta aquí llegué”. Muy cerca de cumplir los 75 años (si es que llego), considero que la historia de aquel TEATRO DE LA UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES que me propuse narrar dispersamente en este Blog, ya está suficientemente testimoniada, a través de sus “abusivos” 298 capítulos (o “entradas”, como se dice en el lenguaje de los blogs). Admito que hay demasiadas palabras. Un blog debería ser algo dinámico (una bitácora con breves acotaciones de sucesos que se van sucediendo), pero en este caso el blog es una propuesta un tanto insólita, de “recorrer un tiempo pasado” hacia atrás. A menudo lo pienso: ¿Alguien, en esos remotos lugares del mundo en el que el blog es abierto y consultado… se va a tomar el trabajo de recorrerlo desde sus primeros capítulos, que datan de febrero de 2010…?. Y sin embargo (perdón por mi tozudez), creo que en toda Universidad del planeta donde se forme un grupo de jóvenes estudiantes de diversas disciplinas, bajo la guía de algún profesor u hombre de teatro no preocupado por el rédito comercial, con ganas de montar obras de teatro de un modo experimental, abordando autores de las épocas y estilos menos frecuentados, (como el Terencio o el Menandro que el TUBA hizo en uno de sus más aventurados repertorios, allá por 1976), sin desdeñar lo clásico ni abusar de lo “moderno”, las experiencias de aquel TEATRO DE LA UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES (conocido popularmente como “EL TUBA”), que se narran en este Blog, podrían llegar a servir de fuente de inspiración, aunque no de guía, porque ninguna experiencia es transferible y menos en el terreno de la creación artística. Fueron varias las ocasiones en las que anuncié que le estaba poniendo “punto final” a este blog y es evidente que no lo cumplí. Hoy vuelvo a intentarlo, con la recomendación de siempre: no le teman al desandar del tiempo. Busquen el año que mejor les parezca, entre 2010 y 2015 y poniendo el cursor de vuestras computadoras en algún mes determinado del año elegido, atrévanse a incursionar en los capítulos cuyo título les parezca más tentador. Y si eso les resulta fastidiosamente aburrido o innecesario (¿por qué no…?), quédense aquí, en este último capítulo y vean de corrido el pequeño video de ocho minutos que reúne todo el material fotográfico recuperado de la historia de nueve años seguidos (1974 a 1983) de aquel TEATRO DE LA UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES. Sospecho que las imágenes, tomadas con cámaras ya hoy obsoletas y bajo condiciones lumínicas adversas, PERO EN VIVO, durante las 1163 representaciones que el TUBA llevó a cabo, pueden llegar a provocarles los incentivos de ENTUSIASMO, FORTALEZA FÍSICA Y MORAL y ALTRUÍSMO que son necesarios (e imprescindibles) para poner en marcha una épica de lo realizativo, como lo fue y lo es aún hoy la concreción de un auténtico TEATRO DE REPERTORIO dentro de los claustros de una Universidad, pero con una condición ineludible: QUE SEA DE ACCESO LIBRE Y GRATUITO PARA TODA LA COMUNIDAD. ¡Manos a la obra, pues…!!! Pero vean antes el video:

lunes, 9 de febrero de 2015

LO QUE EL TIEMPO NECESITA PARA SEGUIR ESTANDO VIVO

El Tiempo, factor de olvido, corre en favor del TUBA (el Teatro de la Universidad de Buenos Aires entre 1974 y 1983), porque todo lo hecho después de su cierre en materia de centros dramáticos dentro de una universidad, con el concurso actoral y escenotécnico de elementos jóvenes en formación, procedentes de las diversas disciplinas curriculares de la ciencia y las humanidades, no ha logrado –hasta hoy-, igualar la labor que en el lapso de nueve años desarrolló aquel otrora combatido TUBA. Los escasos videos que circulan en YouTube (hay que buscarlos bajo la denominación de TEATRO UNIVERSITARIO DE BUENOS AIRES), muestran fotografías y alguna que otra precaria filmación con medios rudimentarios, de lo que fue el repertorio montado por el TUBA y exhibido al público en forma gratuita, a través de 1.163 representaciones, en la ciudad de Buenos Aires, pero también en muchos lugares del conurbano y del interior del país. Este Blog cuenta esa historia con lujo de detalles y sólo es necesario ponerse a recorrerlo “hacia atrás”, hasta sus primeros capítulos que datan de febrero de 2010, para conocerla. Para quien no disponga de las horas (y los días) que se necesitan para tal cometido, he aquí algunas referencias que sintetizan la singularidad de lo logrado por el TUBA, con una carencia absoluta de apoyo presupuestario por parte de la Universidad que lo albergó, hace unas tres décadas atrás. 1) La mayoría de los espectáculos montados por el TUBA contaron con decorados corpóreos, construidos por sus propios integrantes universitarios, con la técnica de fabricación de las escenografías de los elencos profesionales, permitiendo así que fueran desmontados fácilmente para su traslado en giras. 2) El repertorio que concretó el TUBA supera en amplitud de criterio historiográfico al de los más importantes teatros oficiales y privados de la Argentina, comerciales y vocacionales. 3) Una gran cantidad de autores y títulos incluidos por el TUBA en su repertorio, fueron dados a conocer por vez primera en la Argentina, como el caso de “Fedra” de Jean Racine, que el TUBA “estrenó” en 1980, coincidentemente con la celebración de los 200 años del estreno de la célebre tragedia, por la Comedia Francesa. El Teatro Nacional Cervantes dio a conocer “Fedra” recién al año siguiente, en 1981. 4) La organización interna, auto generada, le permitió al TUBA la “hazaña” de estar en dos lugares del país el mismo día y a la misma hora, con hasta cuatro espectáculos diferentes, algo que ni siquiera los más importantes elencos oficiales han podido lograr a lo largo de su historia. Las cuatro condiciones reseñadas bastan para poder aseverar que el TUBA fue un Centro de Drama universitario (aunque resulte “rimbombante” y hasta pretencioso afirmarlo), sin precedentes en la Universidad de Buenos Aires y sin consecuentes dentro de sus claustros, ni siquiera bajo las mejores posibilidades de infraestructura del llamado “Centro Cultural Rojas”, creado a un año del cierre del TUBA. ¿Cómo se explica que un grupo de teatro universitario, sin apoyo presupuestario, sin legalización orgánica dentro de la Universidad, haya podido lograr en pocos años semejante nivel de PROFESIONALISMO, como para poder funcionar a la par de compañías teatrales de renombre, no sólo en Argentina sino en el resto del mundo…? No fue obra de la casualidad, por cierto. Fue el resultado del esfuerzo mancomunado de cientos de voluntades jóvenes, inspiradas en la práctica del ALTRUÍSMO y en el ejercicio de la VOCACIÓN DE SERVICIO HACIA LOS DEMÁS. Al TUBA llegaban cada año nuevos contingentes de aspirantes a integrar sus talleres actorales y escenotécnicos. Venían sin saber nada de lo que es la vida interna de un TEATRO DE REPERTORIO, provenientes de las aulas de derecho, de medicina, de ciencias económicas, de veterinaria, de las letras o la filosofía. Lo primero que descubrían era que dentro del TUBA se hablaba poco y se hacía mucho. Aquello de Jean Louis Barrault: “La teoría no es nada difícil, pero más fácil aun es la práctica”. Y puestos a llevar a cabo lo de “manos a la obra”, en poco tiempo sabían lo que es encordar los bastidores de un decorado para que no tambaleen o calibrar un puente de luces para crear las atmósferas lumínicas de las diferentes escenas de una obra o convertir a un pedazo de tela mugrienta en un manto principesco o clasificar los múltiples elementos de la utilería de un espectáculo, para embalarlo y luego desembalarlo, durante una gira, sin que se pierda nada. El TUBA fue una “fábrica de espectáculos”, que cientos de miles de espectadores por año disfrutaron gratuitamente durante nueve temporadas consecutivas y fue, fundamentalmente, UNA FÁBRICA DE CONCIENCIAS, DEL HACER LAS COSAS POR AMOR A LAS COSAS, sin esperar a cambio dádivas ni efímeras “consagraciones”. Las generaciones jóvenes que vinieron después del TUBA, por desgracia, no tuvieron esas posibilidades. Se los educó en el afán por el triunfalismo, por la notoriedad efímera de la televisión, por el necio “matar o morir” dentro de un reality, para conseguir unos segundos de fama o algún dinero ganado sin el menor esfuerzo. De alguna manera, el TUBA funcionó internamente como un “Gran Hermano” que se extendiera a lo largo de nueve años seguidos. Sólo que en lugar de burdos “jueguitos sexuales” hubo dentro de él infinidad de juegos escénicos de saltimbanquis, colombinas y pierrots de cartapesta, muertes con espadas de juguete y mucha, muchísima Vida exultante, capaz de avasallar todas las oscuras detracciones que se le opusieron. Volver a revivir el TUBA no sería, hoy, una manera retrógrada de desandar el Tiempo. Sería, -estoy seguro-, darle la posibilidad al Tiempo de triunfar sobre sus propios retrocesos.

jueves, 29 de enero de 2015

VALOR ENCICLOPÉDICO DE ESTE BLOG SOBRE EL “TEATRO DE LA UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES” (1974 – 1983)

Por lo general, uno no relee lo que ha escrito. En mi caso personal, soy muy aficionado a releer lo que han escrito otros: Césare Pavese, Héctor Bianciotti, Oscar Wilde, Sábato, Victoria Ocampo y unos cuantos más… Toda vez que se me ocurre incursionar en este Blog, cuya escritura inicié hace ya cinco años con el propósito de dejar documentada la existencia de nueve años de un Centro de Drama en la Universidad de Buenos Aires, conocido como “el TUBA” y que existió entre los aciagos años de 1974 a 1983 en la Argentina, me sorprende comprobar en el mapamundi que gira a la izquierda, la cantidad de visitas que el Blog recibe desde los lugares más remotos del orbe. ¿Será tan interesante –me pregunto-, la historia de este teatro hecho por universitarios de todas las disciplinas científicas y humanísticas… como para que los buscadores de Google en todo el mundo acudan al Blog que, en forma harto dispersa, la desgrana en sus (hasta ahora) 296 entradas (o capítulos)…? Recién hace muy poco he descubierto, casi por casualidad, el motivo de ese global interés. No es que los “cibernautas” vayan en busca de un Blog sobre un “Teatro de la Universidad de Buenos Aires” que existió en la Argentina de hace unos cuarenta años… Lo que seguramente ocurre es que al pedirle a Google nombres como Anton Chéjov, Moliere, Sófocles, Esquilo, Eduardo Mallea, Lope de Rueda, Alexander Pushkin, Jean Racine, Oscar Wilde, Armando Discépolo, Ramón del Valle Inclán, Juan Carlos Ghiano, Peter Brook, Florencio Sánchez, Tadeusz Kantor, Luiggi Pirandello, Henrik Ibsen o Junji Kinoshita… el cerebro “mágico” de Google suele conducir a alguno de los capítulos del Blog sobre el Teatro de la Universidad de Buenos Aires… ¿Qué prueba esto…?: Su valor enciclopédico, evidentemente...! Pero no se trata de que yo me haya dedicado pacientemente a acumular nombres de autores famosos o no tan famosos de la literatura dramática universal en un Blog para dármelas de sabiondo. Se trata, simple y llanamente, de que LA HISTORIA DE ESE TEATRO DE LA UNIVERSIDAD, que fuera tan combatido en su tiempo (por la propia Universidad, hay que aclararlo) y tan olvidado después, en los 32 años que han seguido a su obligado cierre en junio de 1983, es la de un teatro cuyo REPERTORIO, mostrado al público en forma gratuita a través de 1.163 representaciones, fue un REPERTORIO CON VALOR ENCICLOPÉDICO, que abarcó todas las corrientes estético filosóficas del drama representado, desde Esquilo y su “Orestíada” hasta la humorada sobre los ejecutivos que adoran a Batman mientras hacen jugarretas con sus cuentas bancarias, en la exitosa “El día que mataron a Batman”, escrita por un estudiante de derecho e integrante del TUBA y dada a conocer durante un año entero en 1982. El enciclopedismo es una condición inherente a toda Universidad y como “Teatro DE LA Universidad de Buenos Aires”, el TUBA fue, sin lugar a dudas, un Centro de Drama enciclopédico. ¡Qué lástima que los exégetas del lugar ocupado por el Centro Cultural Rojas, como continuidad natural del TUBA en el mismo edificio de la avenida Corrientes al 2038 en la ciudad de Buenos Aires, a un año del cierre del TUBA, no lo hayan advertido, dedicándose a exaltar como muy valedera la labor de elencos teatrales dispersos, de corta existencia y abocados a la poco “enciclopédica” tarea de “romper”, “abolir”, “burlar” o “desahuciar” toda noción de teatro basado en autores y textos de perenne vigencia, para suplantarlo por “experiencias” sólo destinadas a hacer “ruido un ratito”, como una reciente producción escénica del Rojas, de fines de 2014, en la que los personajes de una novela de Emily Bronté eran “desempeñados” (al parecer) por electrodomésticos…!!! ¡Qué raro debe haber sido verlo al atormentado Heathcliff representado por un lavarropas o un horno a microondas, pese a ser un hombre de temperamento tan caliente…!!!

lunes, 15 de diciembre de 2014

LOS TEATROS DE REPERTORIO NO DEPENDEN DE "HOMBRES PROVIDENCIALES"

Este un tanto excesivo Blog desmenuza en cientos de capítulos, a partir de febrero de 2010, la historia del que fue –hasta hoy-, el único TEATRO UNIVERSITARIO DE REPERTORIO en la historia de la Universidad de Buenos Aires y también fuera de ella. En efecto: no hay noticias de que haya existido en la Capital de la República Argentina un Centro de Drama universitario de tan extensa trayectoria en continuidad (nueve años), que haya producido tanta cantidad de espectáculos (más de cien), de los que espectadores de todos los sectores sociales de la comunidad (y también del interior del país) fueron beneficiarios, ya que el acceso a esos espectáculos fue siempre LIBRE y GRATUITO. Pues bien: escondidos en la densidad de este Blog hay muchos testimonios sonoros, rescatados de lo que quedó de grabaciones de muchas de las 1.163 representaciones que llevó a cabo el TEATRO DE LA UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES (TUBA) en sus nueve años de vida y también hay charlas, conferencias, reportajes radiales y clases abiertas, que prueban en forma indubitable hasta dónde el TUBA llegó a ser –por obra de su propio accionar-, un organismo de investigación y divulgación del hecho teatral, que no mereció quedar aprisionado en la temporalidad terrorífica de la época que padeció la Argentina, por mera cuestión de “contemporaneidad”. Si alguien que merodee por los vericuetos de este Blog se acerca al capítulo (o “entrada”) del 13 de ABRIL de 2010, encontrará (bajo el título: “LA CHARLA RADIAL CON EDUARDO VEGA, EN LA QUE SE CUENTAN MUCHAS COSAS SOBRE EL TUBA”) un reportaje que me hiciera en 1982, por LRA-Radio Nacional, el profesor Eduardo Vega, por entonces Sub-Director de la Dirección de Cultura de la que el TUBA (aparentemente) dependía. Eduardo Vega era por entonces un veterano funcionario de la Universidad y fuera de ella, un afamado director teatral, caracterizado por poner en escena espectáculos de muchísimo éxito comercial, como “Boeing-Boeing”, con Ernesto Bianco y Osvaldo Miranda o “Las mariposas son libres”, con la célebre Susana Giménez. Al promediar el reportaje, durante el cual Vega me permite explayarme “largo y tendido” sobre cómo se formó el TUBA y su difícil pero fructífero derrotero, hay una frase de él que voy a transcribir aquí textualmente y que dice: “ES INNEGABLE QUE OCHO AÑOS DE “SUPERVIVENCIA” DE ESTE TEATRO, MARCAN UN SALDO TREMENDAMENTE POSITIVO. COMO VIEJO FUNCIONARIO DE LA UNIVERSIDAD, YO RECUERDO MUCHOS INTENTOS QUE HUBO RESPECTO A HACER TEATRO EN LA UNIVERSIDAD, PERO TODOS ELLOS MORÍAN, NO EXISTÍAN MÁS QUE UN BREVÍSIMO TIEMPO, PORQUE CREO QUE FALTABA EL HOMBRE CLAVE PARA PODER LLEVARLOS A CABO”. Si Eduardo Vega se estaba refiriendo a mí, como el “hombre clave” que había podido lograr que el Teatro en la Universidad “sobreviviese” ocho años (y llegó a sobrevivir uno más, hasta que la derrota fue definitiva), estaríamos ante la desconcertante evidencia de que, sin Ariel Quiroga al frente, no puede pensarse en que, tras estos irrecuperables 31 años de no existir, pueda llegar alguna vez a funcionar de nuevo un TEATRO UNIVERSITARIO DE REPERTORIO, dentro de los claustros de la Universidad de Buenos Aires… Voy a escribir una expresión un tanto grosera, pero no me sale otra: “¡NO ME JODAN…!!!” Yo pude haber tenido la resistencia como para soportar nueve años todas las afrentas y humillaciones que una “dirección de cultura” de una Universidad facciosa me prodigó con saña digna de mejor causa… pero no estuve solo. Solo nadie puede hacer nada y menos construir y llevar adelante un teatro. Desde los griegos hasta las congregaciones nómades de Lope de Rueda y Moliere y sin dejar de mencionar a los grupos independientes, como Fray Mocho, el Teatro del Pueblo de Leónidas Barletta, La Máscara o Nuevo Teatro… hasta llegar a nuestro esforzado TUBA, los logros y el aguante, LA RESISTENCIA, sólo se concretan ENTRE MUCHOS. El TUBA fue una congregación de voluntades jóvenes, que desafió las censuras y persecuciones que imperaban en la Universidad que le tocó en suerte. Por eso reniego del argumento de que en la Universidad no hubo TEATRO DE REPERTORIO durante estos 31 años posteriores al TUBA, porque falta un Ariel Quiroga que lo impulse y lo sostenga. Si no lo hubo (y sería terrible pensar que no lo habrá) es porque faltan agallas; voluntad para revolcarse en la mugre y para salir a recorrer caminos a la intemperie, como lo hizo hidalgamente “La barraca” de García Lorca y también heroicamente el TUBA durante casi una década. ¡A arremangarse, jóvenes y no tan jóvenes que cuentan hoy con las instalaciones pulcras del Centro Cultural Rojas…! En sus ampliados edificios o en cualquier gimnasio o aula o depósito que encuentren, aunque esté lleno de basura y libros abandonados (como encontramos nosotros el gimnasio del último piso de Corrientes 2038 en 1980), HAGAN TEATRO DE REPERTORIO, TODOS LOS FINES DE SEMANA DEL AÑO, CON ACCESO LIBRE Y GRATUITO Y DEJEN DE TEORIZAR, AL MENOS POR UN TIEMPO…!!! Jean Louis Barrault lo decía tan claramente: “LA TEORÍA NO ES NADA DIFÍCIL… PERO MÁS FÁCIL AUN ES LA PRÁCTICA”. Ya no me quedan más palabras para defender aquello que fue el TUBA. Toda su historia grande y pequeña está contenida en este Blog. Se puede empezar a leerlo por cualquier parte, porque no he seguido un hilo de continuidad al elaborarlo. Es una bitácora de recuerdos y testimonios, volcados a medida que algún hecho del presente me lo motivaba, en un tiempo de mi vida de ostracismo y meditación, en la ciudad elegida para terminar mis días: Mar del Plata. El pequeño video que voy a insertar a continuación refleja algo de lo que fueron dos de los espectáculos clásicos del TUBA que significaron sendos trabajos de investigación, algo que por lo corriente los elencos armados en cooperativa, de transitoria existencia, no llegan ni siquiera a intentar. “EL ATOLONDRADO o LOS CONTRATIEMPOS”, de Moliere, en 1979 y “FEDRA”, de Jean Racine en 1980, enfrentaron al TUBA con dos estilos de plasmación escénica absolutamente opuestos: el austero clasicismo de “FEDRA” (que no llegó a entusiasmar, como era habitual, al público del TUBA) y el desborde farsesco de “EL ATOLONDRADO”, que generó risas a granel, al punto que no sabíamos qué hacer para contener al enorme caudal de espectadores que se apiñaban por ingresar a nuestra pequeña sala de Corrientes 2038. ¡Lo que fue aquella función de “EL ATOLONDRADO” en el enorme hemiciclo del Aula Magna de la Facultad de Odontología, un día antes del estreno de “LA VIDA ES SUEÑO”, de Calderón…! Cientos de jóvenes estudiantes, tal vez futuros odontólogos, que esa noche participaron de una celebración descomunal, de una algarabía incontenible, aplaudiendo cada frase de un texto ingenioso como pocos, en el que –como es habitual en Moliere-, “no queda títere con cabeza” en la crítica feroz hacia todos los “malandrines” de una sociedad que tolera a los corruptos porque la corrupción forma parte de sus raíces. ¡Cuánto se atrevía a denunciar el TUBA, por boca de autores valientes como Moliere…!!!

LO QUE ALEJANDRA BOERO DECÍA EN EL FINAL DE "SOPA DE POLLO"

Alejandra Boero decía una frase, en el final de “Sopa de pollo”, de Arnold Wesker, que era más o menos así: “Si el electricista que viene a cambiar los tapones hace saltar toda la instalación, no por eso voy a renunciar a la electricidad”. Traigo a colación este recuerdo, para tratar de entender por que razón la Universidad de Buenos Aires, en estos treinta y un años que han transcurrido desde el cierre del TUBA (junio de 1983), ha negado toda posibilidad de una restitución a la vida activa de aquel Centro de Drama que tanto investigó y concretó –como fruto de tales investigaciones-, en el terreno del quehacer escénico de todas las épocas, estilos y corrientes estéticas y filosóficas del drama representado. Por un lado, quiero dejar de cuestionar el libro de Mariano Ugarte sobre la historia del TUBA, que acaba de ser presentado hace pocos días en Buenos Aires y al cual ya me he referido en extenso en capítulos precedentes de este Blog. Mariano Ugarte se formó ideológicamente, como toda su generación, en la hoy fortalecida e inabolible Democracia en nuestra República Argentina. Como periodista militante, debo admitir que su enfoque de la historia del TUBA debía –necesariamente-, centrarse en las circunstancias sociopolíticas del período en el que ese Teatro de la Universidad existió: 1974 a 1983, años siniestros en los que desde el Estado se persiguió, secuestró y asesinó a decenas de miles de jóvenes, por el mero “delito” de pensar distinto. Lo que sí necesito seguir cuestionando es esa decisión de la Universidad de Buenos Aires de abolir un organismo cultural que llevaba construída una historia de nueve años, con mucho esfuerzo y dedicación infatigable, a través del cual la UBA se ubicó a la par de las Casas de altos estudios del resto del mundo, que arrastran tradición de siglos en material de centros de investigación dramática. La labor cumplida por el TUBA no puede ser negada bajo ningún concepto. Tampoco es admisible que una fuente del saber como lo es la Universidad de Buenos Aires considere “anacrónica” o “prescindible” esa labor, como para que se llegue a afirmar que “lo que se empezó a hacer a partir de la creación del Centro Cultural Rojas –en el mismo edificio donde había estado el TUBA-, es “mejor”, “más moderno” o “más revolucionario”. El TUBA dió a conocer por vez primera en castellano en la Argentina la tragedia “FEDRA”, de Jean Racine y encima en una traducción realizada dentro de sus propios talleres. El TUBA estrenó obras de muchos autores que jamás se habían exhibido en ningún proscenio de Buenos Aires, ni profesional ni vocacional. Respecto de los autores cito solo los que en este instante me vienen a la memoria: Alexander Pushkin (“Mozart y Salieri”); Junji Kinoshita (“La grulla crepuscular”); Oscar Wilde (“Una tragedia florentina”); Terencio (“La suegra”); Menandro (“El díscolo”); Henri Mürger (“Escenas de la vida bohemia”); Gabor Vaszary (“Los gorriones”); Georg Büchner (“Leonce y Lena”)… En cuanto a otros autores, más frecuentados sobre todo por los teatros oficiales, como Ramón del Valle-Inclán, Henrik Ibsen, Luiggi Pirandello, Esquilo, Sófocles, Calderón de la Barca, Anton Chéjov, Lope de Rueda, Moliere o Shakespeare, el TUBA aportó títulos que también fueron “novedad absoluta” para el público argentino. En el caso de Chéjov fue la escenificación (hecha también en los talleres internos del TUBA), de varios de sus cuentos, como “La novela del contrabajo”, “Una corista”, “El malhechor” o “Un caracter enigmático” y respecto de los demás que he mencionado, merecen recordarse los “hallazgos” de “El atolondrado o Los contratiempos”, primer obra firmada por Moliere con ese seudónimo; “La marquesa Rosalinda”, de Valle-Inclán; “La noche de San Juan”, de Ibsen o “Las coéforas”, de Esquilo. Y habría mucho más para avalar la aseveración de que el TUBA fue un centro de investigación dramática a la altura de la prestigiosa Casa de altos estudios que le dió su nombre: el de TEATRO DE LA UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES. Me refiero a todo lo que se hizo en material de reconstrucción de los orígenes del teatro rioplatense: las obras de Nemesio Trejo, Ezequiel Soria, Roberto Cayol, Francisco Defilippis Novoa, Carlos Mauricio Pacheco, Alberto Novión, José González Castillo, Florencio Sánchez, Alberto Vaccarezza, Armando Discépolo… más los “descubrimientos” de nombres y obras contemporáneos en ese momento, como Alberto Wainer y su “Correte un poco”, que en dos diferentes temporadas logró enorme repercusión en la juventud; Martha Lehmann, con “La ofensiva”, que debió mantenerse en cartel todo un año y “El velo”; Enrique Wernicke, con sus “aparatos” (como definía a sus ácidos sainetes): “El grabador”, “El tirabuzón”, “La cama”, “El poeta”; Juan Carlos Ghiano y sus “ceremonias de la soledad y el miedo”: “Los testigos”, “Los extraviados” y “Pañuelo de llorar”; Leopoldo Marechal y su vigente “Antígona Vélez” y también –cómo pasarlo por alto…!-, Hugo Daniel Hadis, estudiante de derecho e integrante del TUBA que en 1982 promovió verdaderos desbordes de euforia y entusiasmo con su “El día que mataron a Batman”, que inauguraba la posibilidad de una dramática emergente del propio seno del TUBA, a la que habría de seguir en la temporada de 1983, que quedó inconclusa, “El descenso a la verdad o Los Augustos”, de otro integrante del TUBA y profesor de Letras: Gustavo Manzanal. Hablando de profesores de Letras: Me gustaría que este capítulo llegase al conocimiento del cuerpo de profesores de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires y que una vez leído por todos ellos, pudiese yo (a mis casi 75 años) tener una reunion informal, café mediante, en la que me limitaría a hacerles una sola pregunta: “¿CONSIDERAN USTEDES, SEÑORES PROFESORES, QUE AQUEL TEATRO DE LA UNIVERSIDAD QUE EXISTIÓ ENTRE 1974 Y 1983… NO MERECIÓ SEGUIR EXISTIENDO A LO LARGO DE ESTOS TREINTA Y UN AÑOS QUE HAN TRANSCURRIDO DESDE QUE LOS QUE LO SOSTENÍAMOS NOS VIMOS PRECISADOS A CERRARLO, POR ACUMULACIÓN DE HOSTIGAMIENTOS Y DETRACCIONES…?”. No se trata de seguir cuestionando o relativizando lo que se hace en el Centro Cultural Rojas en material de teatro… Tampoco quiero volver a la carga contra el libro de Mariano Ugarte, por el hecho de haberse abocado a analizar lo que fue el contexto sociopolítico dentro del cual –sin tener nada que ver, por cierto-, al TUBA le tocó existir. Se trata de que alguien, con saber y fundamentos como para aseverarlo, me diga lo que un Director de Cultura, ya fallecido, me dijo hace unos cuantos años, cuando le fui a pedir que se reabriera el TUBA: “ESO QUE USTEDES HACÍAN A NOSOTROS, AHORA, NO NOS INTERESA”. O lo contrario: “ESO QUE USTEDES HACÍAN, NUNCA DEBIÓ HABER DEJADO DE INTERESARLE A LA UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES”. Vuelvo al final de “Sopa de pollo”, de Wesker y al parlamento que recitaba con maestría Alejandra Boero: “Si el electricista que viene a cambiar los tapones hace saltar la instalación… no por eso voy a renunciar a la electricidad”. El TUBA fue la corriente eléctrica que iluminó en el terreno del drama representado, los nueve años que a duras penas logró existir, en una época de oscuridad absoluta en la República Argentina. ¿Valió la pena renunciar a esa fuente de luz, por la tontería de confundir CONTEMPORANEIDAD con COMPLICIDAD…? El video que cierra este capítulo –y que seguramente ha de estar en capítulos precedentes de este Blog-, muestra las imágenes de la mayoría de las producciones que el TUBA concretó a lo largo de las 1.163 representaciones de su historia y que el paso del tiempo no ha logrado vencer, porque son imágenes de un estilo universalista de teatro de repertorio que no pasa de moda, porque siempre tendrá algo que decirle y enseñarle a la Humanidad.

lunes, 8 de diciembre de 2014

“DÉJALO IR…” O “DÉJENLO SER” AL TUBA…?

A propósito de la presentación de su libro sobre la historia del TUBA y de mi ausencia en el acto de tal presentación, Mariano Ugarte me escribió hace unos días: “Ariel: en algún punto considero que al TUBA no lo querés dejar ir”. Es evidente que hace mucho que lo dejé ir, no solo al TUBA sino a todo otro proyecto de teatro en mi vida. Mi último “acto teatral” fue en octubre de 1989, con una charla sobre los orígenes del mito clásico del que surgió el hecho teatral, en el Teatro Nacional Cervantes. Lo que –con seguridad-, no quiero dejar ni dejaré ir nunca es la convicción respecto de lo que significó el TUBA en su tiempo y lo que significaría que algo parecido al TUBA hubiese surgido en los 31 años que van desde su desaparición y existiera en la actualidad. Estamos atravesando la última etapa del año 2014. Por esta misma época, hace cuarenta años, se estaba gestando y llevando a cabo la propuesta de crear un Teatro Universitario de Repertorio en la Universidad de Buenos Aires. Todo eran confusos balbuceos. Yo llevaba muchos años haciendo “vida de teatro”. Había montado para entonces una veintena de obras de autores trascendentes: Michel de Ghelderode, Thierry Maulnier, Césare Pavese, Jean Anouilh, Christopher Fry, Victor Hugo, Oscar Wilde, Georges Schehadé, Giovanni Testori, etc.); había formado grupos y hasta construído teatros (como cuando entre 1965-1967 construímos el Apolo, los más de cien jóvenes que formábamos las huestes de Nuevo Teatro, a las órdenes del heroico Pedro Asquini y la heroica Alejandra Boero). Sin embargo no tenia la menor idea de cómo se ponía en marcha un Teatro Universitario de Repertorio dentro de los fríos claustros de una Universidad del Estado. Iban llegando decenas de jóvenes alumnos de todas las carreras. Cuando se enteraban que no era un curso de actuación, la mayoría se iba. ¿Qué era eso de “erigir” un teatro…?, que fue lo que yo propuse en la reunion inicial ante unos 240 postulantes, en el gimnasio del último piso de Corrientes 2038, a fines de 1974. Los cursos de actuación siempre estuvieron de moda; lo recomiendan los psicoanalistas, para liberar tensiones o descubrir cosas muy escondidas dentro de uno mismo. Pero en un TEATRO ACTIVO (como lo fue el TUBA), no solo hay que actuar; hay que construir decorados, a menudo con maderas viejas y telas remendadas; hay que pasarse las horas y los días buscando material de investigación sobre autores y épocas, en las bibliotecas; hay que usar mucho la escoba para barrer la sala antes que ingrese el público y pasarle una franela a las butacas destartaladas que tenia la sala de Corrientes 2038 en los años del TUBA; hay que concurrir a hacer funciones aunque se tenga fiebre o diarrea; hay que salir de gira por los puebluchos y pasarse noches enteras sin dormer, porque los ensayos generales, previos al estreno, se sabe a qué hora empiezan pero no a que hora terminan; hay que convivir con la compañera o el compañero con quien se ha vivido una situación amorosa que no concluyó bien; hay que pintar, serruchar, hacer hoy un rol protagónico y mañana un escudero que sostiene una lanza pero no habla. ¡Ah… y no estar dando nunca una sola obra…!!! En el TUBA llegamos a tener hasta seis espectáculos, con decorados corpóreos, montados y exhibidos en alternancia, en un mismo fin de semana. Ese es el mejor entrenamiento para un integrante de un TEATRO DE REPERTORIO: hacer a la tarde una obra de época y a la noche una que transcurra en la actualidad; un clásico como Moliere o Calderón y un contemporáneo como Ionesco, Sartre o Tennesee Williams. Sartre no se pudo haber hecho jamás en los tiempos del TUBA, pero ahora, en esta definitiva Democracia en nuestra Argentina… ¡qué deleite poder hacer Sartre, o Cortázar, o Cossa o Arthur Miller… todos esos autores que nos censuraban y nos prohibían, porque decían los muy imbéciles que “propendían a la infiltración marxista”, como cuando, con ese abstruso argumento, nos prohibieron “Woyzeck”, de Georg Büchner, a la tercera representación, en 1978…!!! El temple, el estoicismo, la resistencia física y el sentido del deber hacia los demás, no se practican en las clases de teatro, como obligadamente se tienen que practicar en un TEATRO DE REPERTORIO. Yo ya no podría volver a estar, pero muchos de los que estuvieron dentro del TUBA sí están a tiempo para intentarlo, todavía. Un Gustavo Manzanal, que hace teatro con chicos de la secundaria; los teatristas que llevan a cabo sus experiencias dentro del Rojas; los que siguen arriesgando proyectos en zaguanes o bibliotecas… Intentar que vuelva a existir el TUBA, seguramente distinto a aquel que fue (toda experiencia es irrepetible y es preferible que sea así), pero un TUBA donde los jóvenes de hoy puedan nutrirse de aquella travesía reveladora, exaltadora, que a tantos nos “vació para colmarnos” (cito a Grotowski), en aquellos tinglados mugrientos de Nuevo Teatro, o de las carpas municipals a la intemperie o de los sótanos con olor a humedad de tantos grupos independientes… y que durante nueve fatigosos pero descomunales años reeditó el TUBA, combatido a diario por una Universidad tendenciosa, pero rebelde e inconformista hasta la última hora, aquella del 5 de junio de 1983 cuando nos dimos el lujo de desmantelar lo que con pasion a lo loco habíamos creado, porque estábamos hartos de que nos basureasen. ¿Cómo se genera hoy un TEATRO DE REPERTORIO en una Universidad…? Yo les puedo contar cómo, a tientas, equivocándome paso a paso, generé aquel Teatro de la Universidad de Buenos Aires que fue un auténtico TEATRO DE REPERTORIO… pero no les puedo aconsejar cómo hacerlo hoy. Cálcense la ropa de trabajo más sucia y rota que tengan; convoquen a alumnos de medicina, de dercho o de ciencias económicas a “erigir” un teatro; busquen esas obras “zarpadas” de Plauto, de Terencio o de Lope de Rueda, que tienen tanta actualidad cuando se burlan de los que gobiernan, de los amarretes o de los codiciosos; encuentren un tablado, lo más cercano al alcance de los que no pueden pagar una entrada para ver un musical fastuoso, importado de Broadway, y armen un primer REPERTORIO, “mal pero de prisa”, como decía Barrault y canten a coro desafiantes, el ditirambo de la Celebración del milenario pero siempre joven Arte de la Escena. Yo, el viejo anacoreta Ariel Quiroga, ya no tendré nada para seguir escribiendo en este Blog, lamentando que el TUBA no exista más. Como me pide Mariano Ugarte, podré dejarlo ir definitivamente. Es porque otro TUBA, renovadamente joven, ha regresado y esta vez para quedarse.

viernes, 5 de diciembre de 2014

EL FUTURO ROBADO

El libro de Mariano Ugarte sobre el TUBA fue presentado. Entre Mariano y yo todas las “discrepancias” están aclaradas. Su extenso mensaje de ayer, que me pide no trasladar a este Blog, es un sólido testimonio de respeto y convicciones. Y yo, que siempre busqué en los jóvenes que me tocó formar y conducir en el mundo del teatro, el respeto por mis indoblegables convicciones, no puedo hacer otra cosa más que concederle a Mariano Ugarte, convencido hasta el tuétano de su enfoque de lo que fue el TUBA, mi respeto por su trabajo y renovar mi admiración por su valiente tosudez. Subsiste otra cuestión, ajena por completo al libro de Mariano y que merece ser puesta hoy sobre el tapete, aunque hayan transcurrido ya tres largas décadas desde el forzado cierre del TUBA en 1983: SU FUTURO ROBADO, al no haberse hecho nada por recuperar su continuidad como TEATRO DE REPERTORIO, en tiempos de definitiva Democracia en la Argentina, aseguradores de que no volvería a sufrir las censuras y prohibiciones del pasado. Y aquí sí necesito referirme de nuevo al libro de Mariano Ugarte. El libro se llama “Antes del Rojas, ¿qué?”, como si el Centro Cultural Rector Ricardo Rojas, creado por la UBA poco tiempo después de haberse cerrado el TUBA, en el mismo edificio de Corrientes 2038, hubiese sido una suerte de continuidad –aunque con un estilo absolutamente diferente-, del organismo teatral precedente. Nada que ver, por favor…!!! El TUBA, a la par de sus hermanos mayores (tremendamente mayores) que fueron durante los nueve años de su existenicia el Teatro Nacional Cervantes y el Teatro Municipal San Martín, cultivó un repertorio universalista, en el que autores como Sófocles, Moliere o Chéjov eran “asiduos concurrentes”. Devenida la era democrática en Argentina, tanto el Cervantes como el San Martín siguieron cultivando el mismo estilo de repertorio, con mayor libertad desde luego, pero sin abandonar su dedicación a los grandes nombres y obras de una dramática universalista, a fuerza de ser intemporal. En cambio el TUBA, al no ser reabierto al llegar la Democracia, no pudo seguir abordando su habitual repertorio universalista, en el que Sófocles, Moliere o Chéjov pudieran haber seguido estando. Por consiguiente, “el Rojas” no reemplazó al TUBA ni el TUBA fue “lo que hubo antes del Rojas”. No vale la pena que me ponga aquí a reseñar la cantidad de títulos que el TUBA tenia en carpeta para incluir en sus repertorios futuros. Ninguno de esos títulos fue (NI SERÁ, ESTOY SEGURO)abordado por los que hicieron y harán teatro en el Rojas. No lo serán nunca, porque el teatro que se practica en el Rojas es otra cosa, mejor o peor, pero nada que ver con el TEATRO DE REPERTORIO que se sigue haciendo en el San Martín o el Cervantes y que constituye ese FUTURO ROBADO –vaya a saberse por qué motivos-, a un centro de drama donde el arte teatral fue celebrado con tanta pasion y entrega, como lo fue el Teatro de la Universidad de Buenos Aires (el TUBA), el que transcurrió entre mediados de 1974 y mediados de 1983. Baste mencionar un solo título, que el TUBA tenia preparado para su demorado estreno, en su abortada temporada de 1983: “El gajo de enebro”, de Eduardo Mallea. Hay mucho material en los comienzos de este Blog sobre la importancia de Mallea como ferviente defensor del sentido americanista que hoy ha encontrado concreción en la Unasur (Unión de Naciones Sudamericanas), pero me temo que “El gajo de enebro”, obra capital de nuestra dramática nacional, no ha de arribar nunca a la escena del Rojas. Puede que lo haga al Cervantes o al San Martín, pero el mérito de su estreno debiera haber sido del TUBA, si su futuro no le hubiese sido robado.

jueves, 4 de diciembre de 2014

LA TARDE EN LA QUE (POR UNAS HORAS) EL TUBA VOLVIÓ A EXISTIR

Ayer, a las siete de la tarde, en el Centro Cultural de la Cooperación, en plena calle Corrientes de la ciudad de Buenos Aires, se presentó el libro del joven periodista Mariano Ugarte sobre la Historia del Teatro de la Universidad de Buenos Aires (el TUBA), una historia que es el eje de los multiples relatos que habitan este Blog. Como he comentado en los recientes capítulos, a último momento decidí no asistir, entendiendo que el texto final que iba a salir a la luz, publicado, justo a 40 años de la primera representación del TUBA el 30 de noviembre de 1974, no reflejaba del todo el fervor y la entrega incondicional de todos aquellos cientos de jóvenes que habían formado parte de los talleres actorales y escenotécnicos del TUBA, durante los nueve años de su aciaga existencia, a raiz de las persecuciones y censuras de que era objeto, por parte de la propia Universidad que le daba su nombre. Sea como fuere, la cita tuvo lugar y al parecer muchos de los que integraron el TUBA (y que hoy son casi sesentones o más), volvieron a reunirse. Falté yo, pero eso que llaman “alma” o “espíritu” (si es que lo tuve alguna vez) con seguridad estuvo allí, pese a haberme quedado en mi amada Mar del Plata, escuchando a María Callas con un grupo de amigos. A primera hora de hoy recibí un mensaje de Gustavo Manzanal, uno de los más heroicos integrantes del TUBA y he aquí el texto de ese mensaje, que me revela (y de paso lo revela también al mundo), que por espacio de algunas horas (las de ese encuentro), el TEATRO DE LA UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES (EL TUBA), volvió a existir: “AY, ARIEL QUIROGA, QUÉ HOMENAJE A TU TUBA TAN QUERIDO TE PERDISTE…!!! QUÉ AMOR TE DISPENSARON ESAS SEÑORAS GORDAS, ESOS SEÑORES CALVOS O ENTRECANOS QUE ALGUNA VEZ FUERON AQUELLA MUCHACHADA PUJANTE QUE VOS COMANDABAS… HABLANDO DE CONTENCIÓN, DE SABIDURÍA, DE TEMPLE, DE INTEGRIDADES, DE REALIZACIONES PERSONALES, DE “EL TUBA ME CAMBIÓ LA VIDA”… AY, ARIELITO, CUÁNTO TE HEMOS QUERIDO, RESPETADO Y VALORADO TODOS LOS QUE ANDUVIMOS UN TIEMPO BAJO TU ÉGIDA, Y NO TE DEJASTE ABRAZAR SIQUIERA POR NOSOTROS… TODOS LOS QUE ESTABAN ALLÍ SIGUEN SIENDO ACTORES Y ESO FUE TU OBRA… QUÉ ACTO TAN REIVINDICATORIO DE LO QUE FUIMOS, DE TU PERSONA, DE LA GRANDEZA DE UN ESPACIO QUE QUEDÓ BIEN CLARO ¡YA NO EXISTE! Y NO POR CULPA DE NINGUNO DE LOS QUE LO TRANSITAMOS (INCLUYÉNDOTE, CLARO). QUÉ HONESTIDAD LA DE ESTE MUCHACHO MARIANO UGARTE, QUE ESCRIBIÓ EL LIBRO, TODO EL TIEMPO HABLANDO DE QUE EL ÚNICO MOTIVO QUE TUVO PARA HACERLO FUE LA RESPUESTA QUE A TRAVÉS DE ENTREVISTAS, ARCHIVOS, ENCUENTROS, ETC., SE DIO A SÍ MISMO DE LAS POSIBLES DUDAS QUE PUDIERAN IRRUMPIR POR CULPA DE LA ÉPOCA EN QUE NOS DESARROLLAMOS, POR LAS NEFASTAS AUTORIDADES DE LA UBA QUE HABÍA POR ESE ENTONCES, POR TU EMPLEO EN FUERZA AÉREA,SIEMPRE PONIÉNDOTE A SALVO DE TODO… EN FIN, GRACIAS A VOS POR TODO ESE ARSENAL QUE NOS TRAJIMOS DE ALLÍ. SOMOS MUCHOS MÁS DE LOS QUE VOS PENSÁS LOS QUE TE TENEMOS EN EL HORIZONTE COMO PISTA DE LANZAMIENTO, NO SÓLO EN LO ARTÍSTICO SINO EN LOS VALORES, LA SOLIDARIDAD, EL RESPETO MUTUO Y LA MENTADA PUJANZA.. SE PASARON FOTOGRAFIAS DE LAS FILMACIONES QUE HICISTE EN SUPER 8. ADEMÁS DEL PÚBLICO PRESENTE (QUE ERA MUCHO), LOS QUE ESTÁBAMOS ALLÍ RECONOCÍAMOS LOS ESPECTÁCULOS Y LO ÍBAMOS DICIENDO. CUANDO SE EXHIBIÓ LA GALERÍA DE FOTOS UNA CANTANTE CON GUITARRA HIZO ALGUNOS TEMAS DULCES DE FONDO Y DURANTE MÁS DE 20 MINUTOS GOZAMOS TODOS DE LAS IMÁGENES QUE SUPISTE CONSEGUIR EN UN SILENCIO CEREMONIAL Y DE APROBACIÓN, HASTA QUE BROTÓ UN APLAUSO MANCOMUNADO ANTE LA FOTOGRAFÍA DE LA ESCENOGRAFÍA DE “STÉFANO”, REEDITANDO AQUEL APLAUSO DEL QUE FUI TESTIGO EN EL AUDITORIUM DE MAR DEL PLATA APENAS SE DESCORRIÓ EL TELÓN DE BOCA… ABRAZO GRANDE: GUSTAVO MANZANAL”.