sábado, 15 de octubre de 2011

ESE TORPE, ESTÚPIDO RENCOR CONTRA EL TUBA

IMAGEN DE "LA OFENSIVA" - TUBA AÑO 1977 IMAGEN DE "EL DÍA QUE MATARON A BATMAN" - TUBA AÑO 1982 IMAGEN DE "STÉFANO" - TUBA AÑOS 1981 Y 1982

Habían pasado varios años del cierre del TUBA. La Argentina vivía el reverdecer de la democracia. En la Universidad se sucedían los encuentros participativos, los coloquios interdisciplinarios que la dictadura había prohibido y que por fin gozaban de esa efervescencia típica de los eventos juveniles.
Dos licenciadas de la Facultad de Filosofía y Letras (Balarella era el apellido de una de ellas; el otro se me ha olvidado), convocaron a un Congreso sobre teatro Universitario en los salones del Centro Cultural San Martín. No había en ese momento (año 1985...1986, más o menos) muchos elencos universitarios en actividad, pero ellas se acordaron del TUBA y me invitaron a participar.
La mañana que le tocó el turno a mi ponencia estuvieron también una directora del T.U. de Córdoba y Juan Carlos Gené relatando su experiencia de teatro juvenil en Venezuela. Alguien decidió relegarme casi sobre el mediodía, cuando todos los presentes estaban más preocupados por lo inminente del almuerzo que por mi charla.
Sabiendo que contaba con poco tiempo saqué a relucir todo el material que había portado sobre el TUBA, haciendo hincapié en la labor divulgadora de autores y textos nunca antes representados en nuestro medio y al que el público había accedido en forma gratuita durante nueve años. Debo haber mencionado muchos nombres no precisamente “autóctonos”, aunque tampoco asociables, por su valor universalista, a ningún país extranjero en particular, como pueden ser los de Esquilo, Sófocles, Molière, Calderón de la Barca, Shakespeare, Chéjov, Racine...
Del fondo del repleto auditorio salió una voz de alguien muy jóven que me espetó: “Diga che: no podría mencionar algún autor argentino que hayan hecho en ese teatro...?”.
La intención, a las claras, era la de invalidar la faena del TUBA, probablemente influído ese muchacho que me gritaba con tono de desafío, por el sentimiento generalizado de rencor hacia un Teatro de Repertorio Universitario que había existido (“subsistido”, más bien), durante los años de la dictadura.
Mi respuesta no se hizo esperar...pero es seguro que cayó en saco roto. Nadie, en la Argentina de la “primavera democrática”, estaba dispuesto a justificar nada, (por “impoluto” que hubiera sido), que la dictadura hubiera “permitido”, y menos dentro de la tan perseguida Universidad.
De todos modos alcancé a mencionar (antes que se levantaran en masa al oir la campana del almuerzo), que tres de nuestros mayores logros en cuanto a afluencia y buena recepción por parte del público habían sido precisamente obras de autores argentinos: “LA OFENSIVA”, de Martha Lehmann, que ocupó la cartelera del TUBA en 1977 de marzo a diciembre (con 83 funciones realizadas); “EL DÍA QUE MATARON A BATMAN”, del por entonces estudiante de derecho Daniel Hadis, que también se dió el año entero, en 1982 y “STÉFANO”, de Armando Discépolo, que figuró en el repertorio dos años seguidos: 1981 y 1982, con mas de 100 funciones realizadas.
Que lamentable resulta comprobar la “docilidad” conque los jovenes se dejan llevar hacia ese terreno resbaladizo del revanchismo, que les impide la necesaria objetividad como para saber (como se suele decir), “separar la paja del trigo”.
(Quien se interese por conocer en detalle estas tres producciones escénicas del TUBA le aconsejo acudir al mes de Marzo del año 2010 y “pedir” los siguientes capítulos, en la lista que figura a la izquierda de la página: “EL ÉXITO “PROFESIONAL” DE “LA OFENSIVA” (Martes 2 de marzo de 2010); “EL DIA QUE MATARON A BATMAN”: LA DRAMATURGIA RENOVADORA” (Jueves 4 de marzo de 2010) y “STÉFANO”, O LA MÚSICA DEL FRACASO” (Sábado 6 de marzo de 2010).

viernes, 14 de octubre de 2011

BAJO EL EMBLEMA DE LA INVESTIGACIÓN Y LA BÚSQUEDA DEL CONOCIMIENTO

El TEATRO DE LA UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES (más conocido como “el TUBA”) no tuvo más remedio que existir en una época de terror en la Argentina. Muchas de sus jornadas de ensayos transcurrieron bajo la amenaza de los tiroteos que tenían lugar entre la policía y el estudiantado más combativo, cuando las reuniones se hacía en un aula de la Facultad de Ciencias Económicas, vecina a la Morgue Judicial.
A la salida del edificio de Corrientes 2038, donde finalmente se instaló el TUBA, sus jóvenes integrantes eran seguidos por los famosos “autitos”, desde donde recibían burlas y frases amenazadoras. Un Director de Cultura de la UBA llegó a la desfachatez de “tranquilizarlos”, aclarándoles que sólo se trataba de “sus muchachos”.
La prohibición de “Woyzeck”, de Büchner a la tercera representación, en 1978, bajo la disparatada acusación de que “propendía a la infiltración marxista”, fue lo más evidente de una serie de censuras encubiertas, a causa de las cuales varias obras del repertorio en preparación, nunca llegarona estrenarse.
Los llamados telefónicos en horas de la madrugada “aconsejaban” a menudo desistir de tal o cual nombre de determinado autor, por ser “contrario a los intereses nacionales”. Fue el caso de Juan Carlos Ghiano (al que le estrenamos igual, en 1980, sus “Miedos y soledades”); Victoria Ocampo (cuando incluimos en un ciclo de teatro leído su “Laguna de los nenúfares”); Jorge Masciángioli (cuando estábamos preparando “Safón y los pájaros”); Ernesto Sábado (cuando incluímos en el espectáculo “A Buenos Aires” su poema sobre Evaristo Carriego); Samuel Eichelbaum (cuando quisimos hacer “Un tal Servando Gómez”); Julio Cortázar (cuando dimos su obra inicial para la escena: “Los reyes” y nos la prohibieron a la segunda representación); Roberto Cossa (cuando ensayábamos “Por siempre alegre” en 1980, que de todos modos hicimos en 1983), etc., etc.
Fuera como fuese, sobreponiéndose con estoicismo a tanta barbarie, el TUBA logró existir bajo el augusto emblema de la Universidad de Buenos Aires y nadie podrá negarle jamás haber contribuído con firmeza a la causa de la investigación en el terreno de las artes escénicas, con un repertorio (cuyo detalle está en la imagen superior), que podría ser exhibido con orgullo a la par del de otros importantes centros del desarrollo dramático en el mundo.

LA PALABRA “REPERTORIO” EN LA CARTELERA DEL CERVANTES USADA POR UN ELENCO ARGENTINO

IMAGENES DE: CARTELERA DEL TUBA EN EL CERVANTES; "LA SUEGRA", "LOS CAUTIVOS" Y "EL DÍSCOLO", TITULOS OFRECIDOS COMO "REPERTORIO EN ALTERNANCIA" EN 1976

Yo recién empezaba, allá por 1956, mi experiencia en los teatros vocacionales de barrio, cuando ví por primera vez en el Cervantes a la Comedia Nacional dirigida por Orestes Caviglia. “Asesinato en la catedral”, de Elliot; “Las aguas del mundo”, de Eichelbaum; “No es cordero, que es cordera”, de Shakespeare o “El pan de la locura”, de Gorostiza...espectáculos que recuerdo como algo supremo, de una belleza conceptual y formal imposible de describir con justeza hoy, por la ausencia de parámetros comparativos.
Era también por esos años que la Comedia Nacional interrumpía por breves períodos sus actuaciones para dar lugar al arribo de importantes compañías extranjeras: el Thèatre de France, con Madeleine Renaud y Jean Louis Barrault a la cabeza...el Thèatre National Populaire, dirigido por Jean Vilar, con “deidades escénicas” como María Casares y Gerard Phileppe; el “Old Vic”, de Londres, con Vivien Leigh...
Lo que más llamaba mi atención de jóven aprendiz (rondaba los 16 años) era que esos elencos extranjeros, que venían por una semana o a lo sumo dos, traían siempre cuatro, cinco, seis espectáculos totalmente montados, con complejos decorados que llegaban en barco, y que ofrecían al público de Buenos Aires en el sistema del REPERTORIO EN ALTERNANCIA.
Pasaron muchos años, exactamente veinte, antes que la cartelera del Cervantes tuviera oportunidad de exhibir de nuevo la mágica palabra REPERTORIO: fue en 1976, pero esta vez la responsabilidad de ese repertorio a ofrecerse “en alternancia” corrió por cuenta de un elenco argentino, de reciente formación: el TEATRO DE LA UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES, el TUBA.
Efectivamente, por el lapso de un mes, el TUBA (a sólo un año y medio de haber sido creado), se presentó en Mayo de 1976, abriendo la temporada oficial del Teatro Nacional Cervantes, con un REPERTORIO cuyos tres títulos se daban alternativamente, uno cada día de la semana: “LA SUEGRA”, de Terencio; “LOS CAUTIVOS”, de Plauto y “EL DÍSCOLO”, de Menandro.
Como en una suerte de evocación de aquella gloriosa Comedia Nacional de Caviglia, durante la estadía del TUBA en el Cervantes también las funciones se interrumpieron por una semana, para dar lugar a la venida del “Actor's Company”, de Inglaterra, que (por supuesto), también llegó con un REPERTORIO EN ALTERNANCIA.
Cuesta afirmarlo sin pedantería y sin cierto dejo de dolor también: después del TUBA, en aquel triste por otros motivos año de 1976, nunca más un elenco argentino hizo REPERTORIO EN ALTERNANCIA en el Cervantes.

jueves, 13 de octubre de 2011

CEREMONIAS PÚBLICAS, NO SECRETAS...BASTANTE ANTES DE “TEATRO ABIERTO”

CEREMONIAS EN EL TUBA...BUSCANDO RECREAR LOS RITUALES PRIMITIVOS

“Ceremonia secreta”, la célebre novela gótica de Marco Denevi, se caracteriza por el clima de encierro, de clandestinidad. Lo que sucede entre los personajes de la trama, en ese caserón de la calle Suipacha, ocurre puertas adentro, tras inaccesibles cerrojos.
La comparación puede parecer extralimitada, pero siempre que oí comentarios de asistentes a las clases de actuación de alguno de esos ilustres profesores cuyos nombres alcanzaron notoriedad “estelar” en las últimas décadas del Siglo XX, lo que me sorprendió fue percibir esa noción de lo hermético, lo inaccesible a la mirada profana, lo ultra secreto de la atmósfera ceremonial en la que esas clases transcurrían.
En franca contraposición con estas metódicas (ciertamente “elitistas”), la vida interna del Teatro de la Universidad de Buenos Aires durante los nueve años de su existencia fue ABIERTA, ACCESIBLE y absolutamente desestructurada. A mis clases en la sala de Corrientes 2038 asistían libremente los inscriptos como aspirantes a ingresar a los cuadros del TUBA y también los que ocasionalmente se interesasen por asistir, en calidad de oyentes.
Casi al lado del edificio de Corrientes 2038 estaba el cine Cosmos, que solía dar esas maravillosas películas rusas que duraban bastante más de dos horas, como el “Hamlet” de Innokenti Smoktunovsky o “La guerra y la paz”, de Sergei Bondarchuk. Pues bien: el operador del Cosmos en aquellos años de 1975 y 1976, en que a mis clases acudían unos doscientos jóvenes por noche todos los días de la semana, era un muchachito que solamente quería “oir hablar de teatro”, ya que no tenían la menor intención de convertirse en actor.
Las veces en que yo me iba del tema que estaba abordando con alguna anécdota de mis viejas experiencias con otros directores o elencos, de inmediato escuchaba su voz desde el fondo de la sala llamándome al orden: “Acelere, profesor Quiroga, con lo que estaba explicando sobre ese asunto de la concentración, que se me termina el rollo y se va a interrumpir la película...!!!”.
Adonde quiero llegar con esto...?: Sencillamente, a que en el TUBA buscamos recuperar el espíritu COLECTIVO de las ceremonias tribales que dieron orígen al teatro, haciendo de nuestras jornadas de exploración, de descubrimiento de nuevas formas de traducir el lenguaje escénico, un cenáculo convocante a toda clase de eventuales feligreses.
Por desgracia, cuando estuvimos a punto de intervenir con nuestra presencia en las primeras jornadas de Teatro Abierto, las autoridades de la Dirección de Cultura de la Universidad nos lo impidieron. Fue un tal Rodolfo Julio Ramírez, viejo funcionario de la UBA, el que (por primera vez desaliñado y sin corbata), se llegó a las apuradas a Corrientes 2038 (a donde no solía venir a presenciar nuestra funciones), a ordenarnos que no figurásemos entre los elencos que iban a estar en la apertura de Teatro Abierto, allá por 1981. Íbamos a presentarnos con “Por siempre alegre”, de Roberto Cossa.
O sea: pudimos ser ABIERTOS en tanto y en cuanto la cerrazón oscurantista de aquella Dirección de Cultura de la UBA no lo considerase “peligroso”.
(Aclaro que aquel jóven operador del Cosmos nunca dejó al público con la película en la mitad por demorarse a escuchar mis clases. Se las arregló para interrumpir mis divagaciones a tiempo).

miércoles, 12 de octubre de 2011

IMAGENES PARA UN DESAFÍO

PODRAN ESTAS IMÁGENES DE TEATROS UNIVERSITARIOS EN EL MUNDO LOGRAR QUE LA UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES ACEPTE EL DESAFÍO IMPRORROGABLE DE ABRIR SU PROPIO TEATRO UNIVERSITARIO DE REPERTORIO...A LA MANERA DE AQUEL "TUBA" QUE TANTA TAREA DIVULGADORA REALIZÓ DURANTE CASI UNA DÉCADA...?
ESTA ÚLTIMA, SIGNIFICATIVAMENTE, NO ES DEL RESTO DEL MUNDO SINO DE LA ARGENTINA; DEL RECIENTE ENCUENTRO DE TEATROS UNIVERSITARIOS EN LA UNIVERSIDAD NACIONAL DEL LITORAL, AL QUE LA UBA (COMO EN TANTAS OTRAS OPORTUNIDADES SIMILARES) NO HA PODIDO ACUDIR POR CARECER DE UN ELENCO QUE LA IDENTIFIQUE DENTRO DE LOS TEATROS UNIVERSITARIOS EN ACTIVIDAD.

martes, 11 de octubre de 2011

POR QUÉ EL “TEATRO DE LA UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES” NO PUEDE VOLVER A EXISTIR...?

He aquí el recorte de una de las tantas Cartas de Lectores (en este caso fue en La Nación del 6 de septiembre de 2004, pero hubo muchas antes en ese y otros diarios), en la que -al cumplirse 30 años de la creación del TUBA-, formulo esa pregunta que no debería ser tan difíl de contestar, respecto de la inexistencia de un Teatro Universitario en la Universidad de Buenos Aires.
Cuando aquel primer (y único hasta hoy) Centro de Drama de la UBA (lo que concretamente fue el TUBA entre 1974 y 1983) se creó a mi propuesta, su actividad de nueve años debió transcurrir en un viejo edificio en pésimas condiciones, atestado de suciedad y de ratas y las giras que realizó a otros ámbitos del Conurbano o el Interior se hicieron “a pulmón”, teniendo que arrastrar pesados decorados por la calle o en un destartalado camión de la UBA que siempre amenazó quedarse a mitad de camino.
Hoy la Universidad cuenta con el Centro Cultural Rojas, instalado en aquel mismo edificio de Corrientes 2038 donde funcionó el TUBA, pero irreconocible por la remodelación operada y con los caserones clausurados que lo rodeaban convertidos en modernos anexos.
Por qué entonces, entre tantas actividades multidisciplinarias que hay en el Rojas (están la Orquesta, el coro y el ballet de la UBA)...no puede haber allí (o en otra parte), un elenco de Teatro Universitario, como lo hay en la Universidad de Morón, en Córdoba, San Juan, Mendoza, Tucumán...y en cientos y cientos de universidades de América Latina, Norteamérica, Europa, Australia, Medio Oriente y demás regiones del planeta...?.
Que se haga mucho teatro en el Rojas, a cargo de distintas formaciones y con criterio renovador, no significa que exista un TEATRO UNIVERSITARIO DE REPERTORIO, con funciones regulares todos los fines de semana del año, con ACCESO LIBRE Y GRATUITO para el público en general...como fue aquel TUBA que trabajó nueve años seguidos difundiendo a los clásicos, los modernos y los autores nacionales de ayer y del presente, desde Nemesio Trejo a Juan Carlos Ghiano, desde Carlos Mauricio Pacheco a Roberto Cossa, desde Alberto Vacarezza al estudiante de derecho Daniel Hadis, con su exitosa, urticante y alertadora “El día que mataron a Batman”, que ocupó un año entero la cartelera en 1982 y que los jóvenes de entonces aplaudieron con frenesí, en Buenos Aires, en Mar del Plata, en el Aula Magna de la Facultad de Derecho y en el Centro Cultural de Tigre, en el histórico “Tigre Hotel”.
En la siguiente “entrada” a este Blog voy a intentar dilucidar el enigma que encierra esa obstinada negativa de la UBA a satisfacer con una explicación lógica la inquietud. Si me equivoco, será cuestión de seguir esperando a que la respuesta “oficial” de la UBA despeje la incertidumbre.

lunes, 10 de octubre de 2011

LA RESPUESTA QUE QUIZÁS NUNCA LLEGUE Y LA SABIA REFLEXIÓN DE WESKER EN EL FINAL DE “SOPA DE POLLO”

UNA IMAGEN SIGNIFICATIVA DE LO QUE FUE LA BELLA EXPERIENCIA DE LOS JÓVENES EN EL TUBA

Leyendo los sucesivos capítulos de este Blog sobre la historia trunca del que fuera “el Teatro de la Universidad de Buenos Aires” entre 1974 y 1983, se destaca como tema recurrente y casi obsesivo la pregunta de: “por qué la UBA se niega desde hace casi tres décadas a reconocer que el TUBA existió, que merecería ser rescatado del olvido y vuelto a la actividad de una vez por todas”.
Habrá que aceptar con resignación que la respuesta simple, llana y sobre todo “franca” probablemente nunca va a ser pronunciada por ningún funcionario, por ninguna autoridad académica de la Universidad.
Cómo expresar públicamente algo más o menos así: “Pensamos que si ese teatro llamado TUBA funcionó libremente entre los años 1974 y 1983, más allá de las persecuciones y prohibiciones que ellos alegan haber sufrido, algún tipo de complicidad debe haber tenido con la dictadura militar.”, lo que de hecho equivaldría al uso, esta vez a la inversa, de ese nefasto axioma que reza: “Algo habrán hecho”.
No; esa respuesta, palabras más o menos, nunca va a llegar. Quedará en el terreno de lo que habrá que aceptar que “se nos ha dejado entrever que se dá por sentado que fue así”.
En realidad, no fui yo solo ni mis discípulos del TUBA los que caimos en la volteada, en la adjudicación de una complicidad cobarde o acomodaticia; muchos actores profesionales que formaron parte de los elencos estables del San Martín y de la Comedia Nacional en el Cervantes también padecieron igual estigma de “presunción de oficialistas en tiempos de genocidio”. Aclaro: genocidio del que nosotros y el resto del país se enteró bastante después que se cerró el TUBA, en junio de 1983.
A medida que fue pasando el tiempo sobrevino una suerte de resignación. Comprobé que se me habían cerrado todas las puertas. Quise reeditar el Teatro Universitario fuera de la Universidad. Lo propuse hasta en un club deportivo, pero invariablemente se me dijo, con medias palabras, que no podía ser.
Por eso decidí un buen día abandonar definitivamente la vida de teatro y refugiarme en mis recuerdos, ya que como escribió Séneca: “Los recuerdos son nuestra única y legítima pertenencia”.
Aceptando el criterio de quienes ocuparon puestos de ingerencia en áreas culturales dentro de la Universidad a partir de 1984, de que “Quiroga no debe volver”, lo que no tiene explicación posible es que se piense además que “EL TUBA NO DEBE VOLVER”.
El TUBA fue el primer y único Centro de Drama formado por universitarios de todas las carreras en la historia de la Universidad de Buenos Aires y para hallar similitudes con su labor de nueve años hay que remitirse a los cientos de universidades del resto del mundo que cuentan con organismos semejantes.
Cual es el justificativo válido para sostener que la UBA no debe tener hoy como lo tuvo ayer, “SU” propio elenco teatral...en tanto se ufana de tener una Orquesta y un grupo de Ballet folklórico...?
En el final de “Sopa de pollo” (obra que representé unas cien veces junto a Alejandra Boero, Héctor Alterio, Walter Soubrié, Domingo Basile, Lucrecia Capello y Enrique Pinti), Arnold Wesker, su autor, plantea el dilema del descreimiento en el socialismo a partir de la invasión rusa a Hungría. Ese final, que amenaza con la derrota del ideal revolucionario, se eleva al plano de la Fé cuando Sarah Kahn exclama: “Si el electricista que viene a cambiar los tapones hace saltar toda la instalación...vamos por eso a renunciar a la electricidad...?” y agrega entre sollozos que son de triunfo: “Tenemos que creer, porque si no creemos nos vamos a morir...!!!”.
Yo, desde mi humilde plano de viejo arrumbado en las playas de Mar del Plata, le digo a la Universidad de Buenos Aires y a las autoridades del Rojas: “Si están tan seguros que aquel teatro llamado TUBA fué cómplice de la dictadura, sigan ignorando su historia...pero no por eso abandonen la propuesta de volver a contar con un TEATRO UNIVERSITARIO DE REPERTORIO, para que cientos de jóvenes accedan en él a “hacer vida de teatro” y para que miles de espectadores de todos los sectores sociales de la comunidad puedan disfrutar GRATUITAMENTE (como era en el TUBA) del verbo aleccionador de los clásicos, los modernos y los autores de todas las corrientes del pensamiento”.
Tengan Fé, pensadores y creativos de hoy en la Universidad de Buenos Aires...un Centro de Drama Universitario es mucho más que un cursillo de teatro para distenderse de las horas de estudio. Es un lugar de CONVERGENCIA PARTICIPATIVA en una Universidad aislante por la dispersión de sus edificios y sus cátedras; un ámbito propicio a la CELEBRACIÖN de los ditirámbicos fastos del espíritu.

domingo, 9 de octubre de 2011

LOS HEROICOS AUSENTES

Quienes hayan seguido este Blog sobre la historia del TEATRO DE LA UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES (el TUBA), desde su primera “entrada”, allá por febrero de 2010, tanto en la Argentina como en los muchos paises del mundo que compruebo que lo consultan casi a diario, tendrán derecho a plantearse: Quiroga habla y habla de aquellos cientos de jóvenes universitarios que empeñaron su esfuerzo y sus sueños por sostener durante nueve años un Teatro de Repertorio en la Universidad; que conocieron el aplauso de miles de espectadores desde el escenario de aquella precaria sala de Corrientes 2038 o en sus visitas a los salones de actos de las facultades o en sus giras por el conurbano y el interior; que construyeron decorados y cosieron vestuarios creados por ellos mismos; que se arriesgaron a salir cada noche, con frío o con lluvia, a la intemperie de las calles de Buenos Aires para repartir volantes que ellos mismos imprimían, invitando a los ciudadanos a sus funciones con acceso libre y gratuito, a riesgo de ser detenidos por la policía en épocas de desaparición y de muerte...
Lo que intuyo que podrían llegar a preguntarse todos esos seguidores del Blog es:
Dónde están hoy esos jóvenes del TUBA, que probablemente ya ronden los 50 o casi 60 años...?
Por qué no se suman al solitario reclamo de Quiroga para que el TEATRO DE LA UNIVERSIDAD vuelva a existir y para que la UBA reconozca oficialmente e incorpore a su historial la trayectoria de casi una década de aquel Teatro...?
Fueron muchos, es cierto. Yo menciono siempre unos 1.600, teniendo en cuenta el promedio de los que se inscribían cada año en los cursos introductorios, aunque en verdad eran muy pocos los que finalmente se incorporaban a la actividad plena del TUBA, que exigía enormes sacrificios, muchas horas de trabajo, de ensayos y estudios analíticos de las obras y los autores durante los días de la semana y la dedicación absoluta de más de ocho horas seguidas los sábados y domingos, para actuar o hacer apoyatura técnica en hasta seis espectáculos del repertorio en alternancia, en un ámbito inhóspito, sin calefacción en invierno ni ventilación en verano; sin lugar para cambiarse de ropa (salvo el escondrijo entre los telones) y sin baño al que poder acudir una vez comenzada cada función.
Lo hicieron, salvo contadas esxcepciones, siempre con entusiasmo, con decisión y con alegría. Algunos (los menos) permanecieron la totalidad de años que duró la vida del TUBA; unos aproximadamente 200 estuvieron en actividad plena por espacio de más de dos años; el resto de los probables 800 que por espacio de un mes, una quincena, unos cuantos días, llegaron a participar de alguno de los talleres internos del TUBA, no han quedado registrados en inguna parte.
Son muy contados los casos (menos de diez, que yo recuerde), que una vez experimentada la vida de teatro en el TUBA optaron por abandonar las carreras que cursaban en la Universidad al momento de inscribirse. El resto, -puedo afirmarlo con absoluta convicción-, o se terminó recibiendo de lo que había sido su vocación inicial al llegar a la Universidad o si desistió de seguir estudiando lo hizo por otras causas, pero no porque la influencia del TUBA lo hubiese tentado a optar por la profesión teatral en detrimento de su vocación inicial.
De hecho, los que habiendo estado en las filas actorales del TUBA han seguido en la actividad del teatro, tanto en el país como en el exterior, son muy pocos (diría que menos de diez). En defintiva: el TUBA fue un CENTRO DE APRENDIZAJE, DE INVESTIGACIÓN Y DE PRACTICA ACTIVA DEL HECHO TEATRAL DENTRO DE LA UNIVERSIDAD...pero no compitió con la Universidad en su rol fundamental, que es el de formar profesionales de las ciencias o las humanidades para beneficio de la Comunidad.
Donde están hoy todos ellos...? Sé de varios que han fallecido; sé de otros que ejercen como médicos, abogados, profesores de letras, escribanos, arquitectos y sé también hasta de algún otro que lleva más de diez años ejerciendo como Juez de la Nación.
De la mayoría no supe nunca más nada, aunque por fortuna ninguno de sus nombres ha aparecido hasta ahora en crónicas policiales.
Sé también (y me dolió mucho enterarme), de quienes ingresaron al TUBA como espías del gobierno militar autodenominado “Proceso” y de quienes “colaboraron” en su momento con la Dirección de Cultura de la UBA en la prohibición de “Woyzeck” y otras fechorías por el estilo; de quienes usaron al TUBA como escondrijo y de quienes intentaron destruirlo desde adentro en más de una oportunidad.
Podría yo esperar hoy que unos y otros, cinco, doscientos o los 1.600 (si realmenter fueron tantos los que pasaron por el TUBA), acudiesen solícitos a apoyarme en la pretensión de que la Universidad de Buenos Aires legitime su historia y refunde el TUBA...?
Los que desde su actual puesto de trabajo, de militancia o de compromiso social para con la Argentina de nuestros días quieran hacerlo, bienvenidos sean. Que recuerden, como lo ha recordado más de uno y agradezco emocionado el testimonio, que cuando llegaron interesados en formar parte de los planteles del TUBA, sin saber muy bien de qué se trataba eso de “hacer teatro de repertorio”, no los atendió un funcionario apático destrás de un escritorio...sino un obrero del teatro, con ropa sucia y un martillo en la mano.
Haber clavado tantos clavos en madera de decorados, haberme trepado a tantos andamios para colgar luces de escena y haber cosido tantos metros de liencillo negro para armar telones y bambalinas es el equivalente al diploma de “licenciado en arte dramático” que nunca me fue otorgado y que, sin embargo, me avaló para formar tantos discípulos en una forma de hacer teatro con las vísceras a flor de piel y la vocación de servicio como bandera.
Esos cientos de discípulos que hoy, a 28 años de distancia del cierre del TUBA, son el conglomerado de HEROICOS AUSENTES que la Universidad de Buenos Aires ha decidido olvidar, están desde aquí invitados a sumarse a la causa por la reivindicación de su abnegada tarea de paz, que transcurrió en tiempos de guerra.

FABIAN LEBENGLIK FUE AMABLE, PERO NO PUDO HACER NADA POR EL TUBA

Para mantener mi vida de hombre de teatro libre de “tentaciones comerciales”, simultáneamente con los más de 40 años dedicados a la escena trabajé la friolera de 46 años en una oficina pública, primero como empleado raso y luego como una suerte de “ejecutivo” que procuró dar el ejemplo, llevándose trabajo a la casa para los fines de semana o concurriendo en horarios estrafalarios, sin reclamar nunca el pago de “horas extras”.
Siempre supe que estaba (más allá de lo que los reglamentos mandan), ÉTICAMENTE OBLIGADO a contestar cuanta nota de reclamo, inquietud o sugerencia llegase a mi escritorio de funcionario público y así lo hice, en todos los casos.
Pues bien: a partir del cierre del TUBA en junio de 1983 y del advenimiento de la democracia en la Argentina, comencé a enviar notas a las nuevas autoridades de la U.B.A., que con el correr del tiempo llegaron a sumar decenas y hasta cientos.
Ninguna de ellas fue contestada nunca.
Rectores, Secretarios Académicos, Decanos, Miembros del Consejo Superior, Directores de Cultura, Jefes de Áreas de la Universidad de Buenos Aires...todos han venido desobedeciendo a lo largo de casi tres décadas sus deberes de funcionarios públicos, no dando ninguna clase de respuesta, ni verbal ni escrita, a mis pedidos de restitución a la vida activa que había tenido durante nueve años seguidos el TEATRO DE LA UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES (el TUBA).
Uno de los sucesivos “curadores” (como les suelen llamar), del Centro Cultural Rojas, el licenciado Fabián Lebenglik, que es editor y crítico de arte (Premio Konex 2007 en el rubro Artes Visuales), es el único entre tantos a los que hice llegar mis solicitudes por la recuperación del TUBA, que accedió a recibirme una tarde, en sus oficinas del Rojas. Eran los tiempos del Rector Guillermo Jaim Etcheverry (años 2004/2005 aproximadamente).
Lebenglik me atendió muy amablemente, a diferencia de algunos otros que en años anteriores prácticamente me habían sacado a empujones de ese lugar (el edificio de Corrientes 2038) donde durante nueve años yo había dejado todas mis energías, mi sudor y mis sueños.
Me sorprendió que me preguntara si estaba dispuesto a presentarme a concurso para ocupar el cargo de “director” de ese posible Teatro Universitario, en caso que se decidiese volver a instalarlo.
“No, Fabián, no me has entendido” (me apresuré a aclararle, tuteándolo, porque era muchísimo más jóven que yo, que ya andaba por los 65) “Yo no pretendo volver a ser director de ningún teatro, porque estoy retirado de la vida teatral. LO QUE QUIERO ES QUE EL TUBA VUELVA A EXISTIR. Que vuelva a haber un Teatro Universitario de Repertorio en la UBA y que se recupere y reconozca la historia de los sacrificados nueve años de aquel que existió entre 1974 y 1983”.
Allí fue cuando me topé una vez más con la barrera de la incomprensión, pese a las elevadas cualidades intelectuales del licenciado Lebenglik. Es duro pero debo decirlo: TAMPOCO ÉL PUDO COMPRENDER QUE YO NO BUSCASE UN RÉDITO PERSONAL AL HABER IDO A RECLAMAR POR LA REAPERTURA DEL “TUBA” EN TIEMPOS DE DEMOCRACIA...
Antes de retirarme, con una sonrisa que debe haber trasuntado mucha desilusión y mientras estrechaba su mano, alcancé a rogarle: “Fabián, hacé todo lo posible para que el Dr. Jaim Etcheverry vuelva a crear el Teatro de la UBA. Sería el mejor homenaje para aquellos cientos de jóvenes que se deslomaron tanto para sostener esa verdadera epopeya que fue el TUBA”.
De hecho, hasta el día de hoy (han pasado ya unos seis o siete años de aquel encuentro), no he vuelto a tener noticias de Fabián Lebenglik, que es periodista del diario Página 12, con lo cual podría decirse que forma parte de una tribuna dispuesta a bregar por la recuperación de valores culturales destruídos por la dictadura.
Porque esto hay que decirlo y que se entienda de una vez por todas: QUE EL “TUBA” HAYA EXISTIDO DURANTE UNA GRAN PARTE DE LA DICTADURA NO FUE UN PRIVILEGIO...FUE UNA LUCHA”. (Gracias G.M. por esta frase que me atrevo a pedirte prestada, porque lo resume todo).

sábado, 8 de octubre de 2011

MARIA ANA RAGO: VALIENTE RECONOCEDORA DE LO QUE FUE "EL COMPROMISO"

GRACIAS María Ana Rago por reconocer que hubo “compromiso con la vida” y no con la muerte que asolaba por todas partes, en aquellos años de 1974 a 1983 en que conduje los destinos del TEATRO DE LA UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES y la participación de cientos de jóvenes en la epopeya de concretar un auténtico Teatro Universitario de Repertorio en tiempos de feroz dictadura en la Argentina.
Se cumplían en 2004 treinta años de la creación del TUBA, erigido a mi propuesta en un momento crucial de la vida universitaria en el país: el vuelco de la extrema izquierda a la extrema derecha, ambas igualmente nefastas para el derecho a la libertad, a la paz y a poder pensar y crear sin dogmas opresores intentando y logrando prohibir ambas cosas.
Una simple gacetilla recordando el aniversario (que nadie en la UBA se iba a encargar de rememorar), hizo que desde la Redacción de Clarín se me citase para una entrevista en las oficinas de la calle Tacuarí, en los fondos de ese barrio de Constitución en el que viví los primeros 46 años de mi vida.
La que salió a mi encuentro acompañada de un fotógrafo del diario fue una muy jóven periodista de nombre María Ana Rago, que de inmediato me propuso no charlar dentro de la redacción sino unas cuadras más allá, en un antiguo café de la calle Montes de Oca.
Una vez que el fotógrafo hizo una o dos tomas de mi figura de hombre de teatro de 64 años, cansado de insistir con ese tema del TUBA que había sido el sueño hecho realidad de mi pasión por la heroica misión de los teatros universitarios en los claustros académicos, María Ana Rago y yo nos enfrascamos en un diálogo alborotado, intenso, febril, que duró alrededor de cuatro horas.
Empezaba a anochecer cuando decidí yo que era hora de despedirnos (ella no aparentaba ningún apuro; estaba como deslumbrada por la historia de aquel Teatro extinguido veintiún años antes, del que por lo visto nunca había llegado a tener noticias).
Mi pedido final, al estrecharnos las manos, fue: “No hables de mí, María Ana; destacá sobre todo lo que fue aquella lucha, aquel esfuerzo descomunal de nueve años hecho por tantos jóvenes que la Universidad despreciaba y combatió con tanta necedad, con tanta bajeza...”.
El título que María Ana Rago terminó poniendo a su nota sobre los 30 años de la fundación del TUBA fue, debo admitirlo, un halago para mi faena de orientador de los que llegan al mundo de la escena ávidos de transformar la realidad social que les resulta detestable. Cumplí esa faena mucho antes del TUBA, en las trincheras de Nuevo Teatro y de unos cuantos más “frentes de batalla” del teatro independiente y después de clausurado el TUBA ya no pude seguir haciéndolo en ninguna otra parte.
El TEATRO DE LA UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES había sido mi destino final en ese derotero de compromiso con la Verdad del arte y de la vida.

LUIS MAZAS Y SU VISIONARIO VISLUMBRE DEL FUTURO DEL TUBA

Luis Mazas escribía las críticas de teatro en Clarín cuando se cerró el TUBA. A pocos días de mi renuncia, los jóvenes que integraban el elenco en ese momento (que inocentemente renunciaron también, aunque “no eran nada” para la UBA), se movilizaron por los diarios portando un comunicado en el que denunciaban las detracciones, prohibiciones y ultrajes de que habían sido víctimas por parte de la Dirección de Cultura de la Universidad de Buenos Aires, a lo largo de toda su historia de nueve años.
La Nación y Clarín publicaron sendas reseñas con titulares francamente premonitorios. El de La Nación rezaba: “SE DISOLVIÓ EL TEATRO DE LA UNIVERSIDAD”, pero el de Clarín fue más rotundo todavía: “DESAPARECE EL TEATRO DE LA UNIVERSIDAD”.
Luis Mazas, lamentablemente, había acertado con su visionaria sentencia respecto de la DESAPARICION DEL TUBA. No sólo que la UBA nunca hasta hoy aceptó reflotar la potente actividad de aquel Teatro, sino que prolijamente ha hecho borrar todo rastro de su existencia, para el conocimiento de las nuevas generaciones que acuden al Rojas en busca de un campo fértil para sus exploraciones en el terreno de la dramática.
En lo único en que no acertó Luis Mazas (a quien sigo agradeciendo aquel testimonio tan jugado del 11 de junio de 1983 en la página de Espectáculos de Clarín), es en que la DESAPARICION del TUBA no habría de ser definitiva. A partir de febrero de 2010 este Blog se ha encargado de sacarla a plena luz con datos irrefutables y ya es para siempre dominio del mundo.

JOSE MIGUEL ONAINDIA: LA ESPERANZA PUESTA EN SU GESTION CULTURAL AL FRENTE DEL ROJAS

TAPA DEL DVD CON LA HISTORIA DEL TUBA OBSEQUIADO AL DR. ONAINDIA EN MARZO DE 2007

José Miguel Onaindia: abogado, profesor de Derecho Constitucional y Derechos Culturales en la carrera de grado de la Facultad de Derecho de la UBA. Director del Programa de Especialización en Derecho del Arte y Legislación Cultural en el Departamento de Pos-Grado de la Facultad de Derecho de la UBA. Profesor invitado en pos-grados de las Facultades de Derecho y Filosofía y Letras de la UBA (Maestría en Gestión Cultural), Universidad del Litoral, Universidad Nacional de Córdoba(Maestría en Administración Cultural), Universidad Notarial Argentina, Universidad Católica Argentina y en las Universidades de Zaragoza y San Pablo CEU (España) y Universidad de Tours (Francia). Fue ponente oficial en el Congreso de la Lengua, celebrado en Valladolid en octubre de 2001. Director del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales entre 1999 y 2001, fue designado en marzo de 2007 director del Centro Cultural “Rector Ricardo Rojas” de la Universidad de Buenos Aires.
No lo pensé dos veces. Hacía mucho que había desistido de seguir bregando por la reapertura del TUBA, pero el nombre del Dr. Onaindía al frente de la política cultural de la UBA removió en mí apagadas esperanzas y sin titubear un segundo me lancé a llevarle una nota, que entregué en la Secretaría del Rojas la tarde del 8 de marzo de 2007, junto con un DVD elaborado con los pocos retazos de filmaciones en super-8 de algunos espectáculos del repertorio del TUBA.
He aquí, a continuación, la transcripción del texto de esa nota...de la cual nunca recibí respuesta. Muchos silencios de parte de funcionarios no demasiado merecedores de respeto, me dejaron indiferente o a lo sumo con algún dejo de bronca. El silencio como respuesta para esta nota, que podrán leer ahora, por parte del Dr. Onaindia, en cambio, lo sentí como algo inmerecido, injusto y hasta gratuito, más que para mí, para con la altruista entrega de pasión y denuedo de aquellos cientos de jóvenes que habían dedicado tantas horas robadas al descanso, para que un Centro de Drama proyectado desde la Universidad de Buenos Aires llegase a tantos miles de espectadores, en forma libre y gratuita, de todos los sectores sociales de la Comunidad.

“Doctor
José Miguel Onaindia
Presente

El anuncio de su designación como Director de Cultura de la Universidad de Buenos Aires removió en mí antiguas y casi agotadas expectativas.
Treinta y tres años atrás yo llegaba al edificio de Corrientes 2038 con un proyecto bajo el brazo que alentaba desde mis comienzos como hombre de teatro, a fines de la década del cincuenta.
El proyecto prosperó y en poco tiempo se convirtió en el primer Centro de Drama con tan vasto repertorio, tanta labor divulgadora no sólo en la Ciudad y sus alrededores sino en el resto del país, con permanentes giras a otras universidades y tan alto número de participantes de todas las carreras científicas y humanísticas en el quehacer artístico y escenotécnico del milenario arte de la escena.
Fue, durante una década, el TEATRO DE LA UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES (TUBA) y bajo ese rótulo -nunca oficializado-, llevó a cabo 1.163 representaciones con acceso gratuiro en la precaria sala de Corrientes 2038 (con un promedio anual de 38.000 espectadores por temporada); realizó ciclos en el Teatro Nacional Cervantes, el Teatro Auditorium de Mar del Plata, el Pabellón de las Américas de la Universidad Nacional de Córdoba y varias de las salas dependientes del Complejo del Teatro San Martín.
Su repertorio de más de 100 producciones escénicas originales abarcó todas las corrientes estéticas y filosóficas del acervo dramático universal, desde Esquilo, Sófocles, Terencio y Menandro hasta Ramón del Valle Inclán, Juan Carlos Ghiano, Armando Discépolo, Molière, Leopoldo Marechal u Oscar Wilde.
En junio de 1983 y a punto de concretar su primer gira latinoamericana, decidió cerrar sus puertas, agobiado por la desidia y hostilidades provenientes de la propia Universidad que le daba su nombre, particularmente de la facciosa Dirección de Cultura de la que aparentemente dependía y que lo boicoteaba con ensañamiento digno de mejor causa.
El viejo solar de Corrientes 2038 fue restaurado, pero no volvió a ser sede de un TEATRO UNIVERSITARIO DE REPERTORIO. El Centro Cultural Rojas, convertido un año más tarde y hasta hoy en epicentro del accionar cultural de la UBA, con su fisonomía abierta a todas las corrientes del pensamiento y la labor creativa, misteriosamente clausuró el libro de la historia y recuerdos de este Teatro y hasta cabría suponer que lo mandó a quemar.
Los cientos y cientos de notas de reclamo por la reapertura del TEATRO DE LA UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES que se cursaron a las distintas autoridades de la UBA a lo largo de estos últimos 23 años y que jamás fueron contestadas, merecerían ser analizadas con su autorizado criterio en materia de legislación cultural.
Mi atrevimiento no llega a tanto como para proponérselo; sólo le pido que si dispone de una hora y quince minutos, se tome la molestia (o el disfrute, por qué no...?), de ver -en lo posible, en continuado-, el documental en DVD que le adjunto, con la historia que hace un tiempo pudo reconstruirse con lo poco que quedaba de aquella pujante gesta de entusiasmo e idealismo sin reservas, que fue la de los más de 1.600 jóvenes que poblaron los talleres artesanales del TUBA.
Me hubiera gustado leer en las páginas de La Nación que anunciaban su nombramiento, que además de pasar a dependerle la orquesta y el coro de la UBA, le iba a depender también el finalmente restituído TEATRO DE LA UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES.
Restituir hoy a la vida activa un Centro de Drama como lo fue el TUBA significaría para la Universidad de Buenos Aires una forma de integración cultural no sólo con el mundo, sino principalmente con América Latina.
En Chile, nuestro vecino país allende la cordillera, existe desde el año 1942 el Teatro de la Universidad Católica; desde 1964 el Teatro Nacional Chileno de la Univ. Estatal y desde la misma época el Teatro de la Universidad de Antofagasta. En un CD-ROM editado en el año 2002 por la Pontificia Universidad Católica de Chile, bajo el lema: “Los teatros universitarios en escena”, se afirma que: “Los teatros universitarios han sido los pilares de la creación, la formación y el pensamiento teatral en Chile en la segunda mitad del siglo XX, proyectando su labor a nivel latinoamericano y mundial”.
En México están el Teatro de la Universidad Autónoma Nacional, el Teatro de la Universidad de Puebla, el de la Universidad de Tecate y el Taller Universitario de Teatro de la Universidad Autónoma de Baja California, en Tijuana.
Es precisamente en el texto de la ley orgánica de la Universidad Nacional Autónoma de México donde se halla una de las más sólidas definiciones del rol gravitante de los claustros académicos en la formación de la cultura y del arte de una nación: “Esta Universidad no sólo ha de estar dedicada a la docencia, sino también a la investigación y a la difusión de la cultura. Por lo tanto, es en ese territorio donde la universidad se convierte en la incitadora de la vanguardia que trasforma el teatro nacional y construye la cultura, la literatura, la poesía, la pintura, la música, la danza y también, el teatro moderno mexicano, todo ello enfocado como actividades propiamente universitarias”.
En Colombia, se sabe de la existencia del Teatro Universitario de Bogotá, el Teatro de la Universidad de Cúcuta, el Teatro Universitario de Santa Marta y el Teatro Universitario de Manizales, que tienen en su haber unos 30 años de labor continuada.
En Perú está el teatro Universitario de la Universidad Nacional de Trujillo y el Teatro de la Universidad de San Marcos, donde varios actores profesionales argentinos participaron en sus elencos estudiantiles ya en la década del cincuenta.
En Venezuela, el teatro universitario fue creado en la Universidad Central en 1940. Su historia resulta familiar, por las similitudes con la propia historia del TUBA. Desde sus inicios, este elenco de universitarios venezolanos tuvo que recorrer diversos lugares del interior de la república en procura de un asiento estable. Están allí, en esas tierras calientes del Caribe, el Teatro Universitario de Maracaibo, el del antiguo Instituto Pedagógico de Caracas y el Centro Dramático de la Universidad Simón Bolívar.
Corresponde mencionar también el Teatro Universitario de La Habana, que es la agrupación de este tipo más antigua de Cuba, puesto que abrió sus puertas al público el 20 de mayo de 1941, en la sala Rector Cárdenas de la Universidad, con la tragedia de Sófocles “Antígona”.
Fue director-fundador de este Teatro un eminente profesor austríaco, llamado Ludwig Shajowiez, quien estuvo al frente del grupo por espacio de cinco años. Suena raro que un elenco universitario, nacido en una región tropical americana, haya surgido de la iniciativa de un austríaco y sin embargo, algo similar sucedió con el primer teatro universitario de la Argentina, que se creó en Mendoza en 1949, por iniciativa de la ucraniana Galina Tolmacheva, doctorada en Filosofía y Letras en Moscú y alumna de teatro, durante ocho meses, del célebre Constantin Stanislavsky.
Rastreando en el pasado, (en lo poco de ese pasado que ha quedado preservado) se comprueba que la Universidad de Buenos Aires jamás tuvo un elenco estudiantil estable de teatro, antes y después del TUBA, como lo tienen desde hace muchísimos años la de Heidelberg, la de Colonia, la de Santander, la de Lieja, la de Atenas, la de Urbino, la de Glasgow, la de Granada, la de Besançon, la de Amsterdam, la de Madrid, la de Lyon y hasta la de Senegal o la Universidad Duksung, en Corea del Sur.
El único teatro estable, con repertorios programados de antemano, con criterio de investigación y una labor permanente ante el público durante nueve meses por temporada y a lo largo de nueve años ininterrumpidos, ha sido el TUBA, pero el TUBA (como sentenció el titular de una nota del diario Clarín a pocos días de su cierre), HA DESAPARECIDO, sepultado bajo el edificio restaurado y en expansión del Centro Cultural Rojas.
Extraña dicotomía: al crearse en el año 1994, en la Universidad de Lieja (Bélgica), la Asociación Internacional de Teatro Universitario (AITU), la Universidad de Buenos Aires, por carencia de elenco que la represente, ha debido quedar fuera de la lista de universidades de todos los continentes, que en la actualidad participan con sus miembros de las actividades de esta organización.
La AITU es el foro privilegiado donde formadores, practicantes, creadores, investigadores y teóricos de más de cincuenta países, comparten sus descubrimientos y preocupaciones, en un ámbito de intercambios y de servicios, que realiza congresos y festivales con periodicidad bienal.
Cuando se fundó la AITU hacía ya ONCE AÑOS que el TUBA había dejado de existir y ningún ente similar había cubierto su ausencia. Vale la pena que yo le reproduzca a usted aquí el dogma fundacional de la AITU, la llamada “Carta de Lieja”:
“La Asociación Internacional del Teatro en la Universidad (AITU) tiene como objetivo el desarrollo y la promoción del teatro universitario en el mundo.
“Se entiende por teatro universitario toda actividad teatral reconocida a nivel post secundario, universitario o superior, a título de la formación, de la creación y de la investigación teórica y práctica.
“Consciente del papel que juega en el diálogo y la comprensión entre culturas, favorece el intercambio y la colaboración entre los teatros universitarios, bajo la forma de práctica espontánea, práctica dirigida, práctica pre-profesional o incluso profesional de la actividad teatral.
“Con la riqueza de su diversidad, la AITU no tolerará ninguna discriminación de orden político, nacional, lingüístico, racial, confesional, sexual o de otra clase.
“Fundada en la solidaridad y la cooperación, la AITU constituye una red independiente cuya accesibilidad se modula equitativamente según la situación de sus miembros”.
Suscribieron la Carta de Lieja, el 19 de febrero de 1994, Alain Chevalier, de Bélgica; Goerg Franke, de Colonia (Alemania); Lucile Garbagnati, de Besançon (Francia); Robert Germay, de Bélgica; Jean-Marc Larrue, de Canadá; Anna Lazou, de Grecia; Krsyszof Lipski, de Polonia; Philippe Rouyer, de Bordeaux (Francia); Claude Schumacher, de Glasgow (Gran Bretaña); Louis Thenon, de Quebec (Canadá); Josephine Vanes, de Amsterdam (Holanda) y Ouriel Zohar, de Haifa (Israel).
El principal objetivo de la AITU, expuesto a la hora de su creación, no podía ser más coincidente con el que, personalmente, me había llevado veinte años antes, en 1974, a proponer la erección de un Teatro en la Universidad de Buenos Aires:

“AFIRMAR LA ESPECIFICIDAD DEL TEATRO EN LA UNIVERSIDAD”

En fin, Dr. Onaindia, habría tanto más para repensar sobre esta extraña paradoja de un teatro que llegó a construir con mucho esfuerzo y en medio de inenarrables carencias una historia de nueve años...(nueve años son más que suficientes como para que la historia hubiese continuado)...y sin embargo, un tal vez premeditado olvido ha hecho que esa historia pareciera no haber sucedido nunca...
En usted deposito mi confianza de que el TEATRO DE LA UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES pueda volver a existir.”.

El 11 de abril de 2008, una año después de haber sido designado, el Dr. Onaindia presentó su renuncia como Director del Centro Cultural Rojas de la UBA.
Le habrá sido imposible analizar en ese año de su gestión el contenido de esta nota que acabo de transcribir, que además de fundamentar la necesidad de restituir a la vida activa al TEATRO DE LA UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES asume en su extenso desarrollo el contenido de una tesis académica sobre la trascendencia para la vida cultural de un país de la labor divulgadora de los teatros universitarios...?.
Habrá tenido un rato quizás, para ver el DVD con la historia del TUBA...? COPIA DE LA CONSTANCIA DE RECEPCION DE MI NOTA AL DR. ONAINDIA EN LA SECRETARIA DEL CENTRO CULTURAL ROJAS, EL 8 DE MARZO DE 2007. FIRMA LA RECEPCION MARCELA L. OLIVIERI, A CARGO DE LA SECRETARIA PRIVADA DEL DR. ONAINDIA

viernes, 7 de octubre de 2011

DANIEL MOLINA Y EL TEMA DE LAS UTOPÍAS, EN RELACION CON EL TUBA

Daniel Molina, crítico cultural, coordinador del área Letras del Centro Cultural Rojas, publicó en el año 2004 una nota en el diario La Nación, vinculada al tema de las utopías, que me llevó a escribirle al entonces Director del Rojas la carta que, textualmente, transcribo a continuación:

“Señor Director
del Centro Cultural “Rector Ricardo Rojas”
de la Universidad de Buenos Aires
Presente

He leído con sumo interés la nota publicada por La Nación el domingo 25 de julio del corriente año, titulada “La utopía como fuente de la creación”. La frase inicial de la nota firmada por Daniel Molina merece, a mi entender, reparos que necesito comentarle.
“Lo mejor de las utopías es que son irrealizables”, comienza diciendo el señor Molina, pero la historia -abolida sin decreto-, del Teatro de la Universidad de Buenos Aires, que funcionó en el edificio de Corrientes 2038 que hoy ocupa “el Rojas”, demuestra lo contrario.
El TUBA (sigla muy antipática para la Universidad, con la que popularmente se conoció a “su” Teatro de Repertorio durante el decenio 1974 – 1983), nació, precisamente, de una utopía personal, que terminaron compartiendo miles de jóvenes estudiantes de todas las carreras: la de que hubiera en Buenos Aires un teatro estable universitario, como los hay desde hace siglos en Heidelberg, Budapest, Alcalá de Henares, Oxford o La Sorbona.
La única forma de comprobar que el TUBA fue una utopía llevada a la práctica, REALIZADA y CUMPLIDA, es perder unos 35 o a lo más 40 minutos en ver las imágenes del CD que acabo de editar (que se ejecuta en cualquier PC), a raiz de que en agosto de 2004 se cumplen 30 AÑOS de la época en que elevé el proyecto de su creación a la Dirección de Cultura de la UBA.
Cuesta comprender por qué “el Rojas”, considerado con justeza “un centro de experimentación artística en todas las disciplinas”, haya rechazado de forma tan intolerante, en sucesivas ocasiones a lo largo de los últimos veinte años, la posibilidad de REINSTALAR en alguno de sus talleres internos o externos, una suerte de continuidad en el tiempo de aquel prolífico Teatro de Repertorio: el TUBA.
Al fin de cuentas, las utopías de los jóvenes son siempre válidas cuando logran CUMPLIRSE, aunque la inevitable contemporaneidad de su realización transcurra en épocas de vida democrática o de tenebrosas dictaduras.”.

Nunca supe si esta carta llegó a manos de su destinatario último: Daniel Molina o si alguien dentro del Rojas se animó a perder una media hora de su vida para comprobar lo que fue LA VIDA DEL TUBA. La tapa de aquel CD encabeza este capítulo y su contenido puede ser apreciado hoy con sólo ingresar a YouTube y buscar: TEATRO UNIVERSITARIO DE BUENOS AIRES.
De hecho, contestación no hubo, tal vez porque tener que admitir que la historia del TUBA había sido una UTOPÍA CUMPLIDA, contradecía en un todo aquello de que “las utopías son irrealizables”.

miércoles, 5 de octubre de 2011

CÓRDOBA SÍ... BUENOS AIRES, NO

("STEFANO", DE DISCÉPOLO, EN LA UNIVERSIDAD DE CÓRDOBA)

Ironías del destino...en 1981 el Teatro de la Universidad de Buenos Aires viajó a Córdoba, invitado por el Departamento de Extensión Universitaria de la Universidad más antigüa del país y presentó en dos funciones a sala llena en la gigantesca Sala de las Américas de la ciudad universitaria, el grotesco de Armando Discépolo “Stéfano”. Hubo además encuentros con estudiantes de la escuela de teatro de la UNC y una charla mía con los integrantes del grupo de teatro, en esos momentos en etapa de formación. (En algún lugar de este Blog se puede escuchar completa la grabación de esa charla).
Han transcurrido muchos años desde entonces. La Universidad Nacional de Córdoba cuenta hoy con dos elencos universitarios, uno de Teatro y otro de Teatro de Títeres, que se renuevan bianualmente mediante convocatorias abiertas. Ambos constituyen espacios destinados a la práctica artística en la Universidad. Además de presentarse en las salas universitarias, ambos elencos participan de festivales nacionales e internacionales.
En la Universidad de Buenos Aires, mientrastanto, el valioso antecedente del TUBA permanece sepultado en el olvido y a veintiocho años de su forzado cierre, nadie habla de reeditar la experiencia.

martes, 4 de octubre de 2011

UN EJEMPLO DE CONTINUIDAD

IMAGEN DEL VESTIBULO DEL TEATRO NACIONAL CERVANTES, CON EL ANUNCIO DEL REPERTORIO
DEL TUBA EN LA TEMPORADA OFICIAL DE 1976: COMEDIAS DE TERENCIO, PLAUTO Y MENANDRO

He aquí una interesante tarea para los investigadores del Conicet que se aboquen a estudios analíticos de la actividad teatral en Buenos Aires: ELABORAR UNA RESEÑA DE LOS ELENCOS PROFESIONALES O INDEPENDIENTES DE ACUERDO A LA CANTIDAD DE AÑOS DE LABOR EN CONTINUIDAD QUE HAYAN MANTENIDO.
En la esfera independiente por supuesto habrán de figurar Nuevo Teatro; La Máscara; el Instituto de Arte Moderno; Fray Mocho; el Teatro del Pueblo de Leónidas Barletta; el Teatro Libre Florencio Sánchez; Los Independientes, de Onofre Lovero; La Farsa, de Salvador Accorinti; Los pies descalzos, de Francisco Silva, la mayoría de los cuales llegaron a superar los veinte años de labor en continuidad.
En el plano de los elencos profesionales, son muchas las razones que determinan la casi imposibilidad de mantener compañías estables a lo largo de sucesivas temporadas. Sin embargo creo que habría que tener en cuenta, en primer término, a la señera Comedia Nacional dirigida por Orestes Caviglia, en los años finales de la década del cincuenta, con figuras como Milagros de la Vega, Ernesto Bianco, Violeta Antier, Inda Ledesma, Jorge Rivera López, Pascual Nacaratti, María Rosa Gallo o Fernando Labat; luego el aporte en cuanto a repertorios poco frecuentados de las compañías encabezadas por Luisa Vehil, Rosa Rosen, Narciso Ibáñez Menta, Mecha Ortiz; Delia Garcés; Alfredo Alcón o Pedro López Lagar.
Habrá, seguramente, muchos ejemplos más a tener en cuenta, pero me atrevo a decir que una labor en continuidad durante NUEVE AÑOS SEGUIDOS, haciendo un promedio de 140 funciones por temporada, como fue la del TEATRO DE LA UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES (el TUBA), que me tocó fundar, dirigir y sostener contra viento y marea...es verdaderamente un hecho aislado, sin precedentes en lo que hace a experiencias de elencos universitarios en Buenos Aires y en la Argentina toda (salvo el ponderable caso del Teatro Universitario de Tucumán que dirigía Boyce Días Ulloque), y que merecería haber tenido seguidores en el tiempo y un poco más de consideración y respeto a la hora de la recordación histórica de los aportes culturales a la comunidad toda, emergentes de los claustros de la Universidad de Buenos Aires.
Por más que se quiera negar la existencia del TUBA o relativizar sus resultados artísticos, su EJEMPLO DE CONTINUIDAD fue, es y será algo que ningún oscurantismo podrá sepultar, sencillamente porque EXISTIÓ.
Este Blog está específicamente destinado a sacar a luz su historia a los ojos del mundo, pero todavía son necesarias más contribuciones de investigadores neutrales, para que aquel entusiasmo heroico de sus jóvenes hacedores cobre legitimidad y permanencia, como estímulo para las actuales y futuras generaciones.

AQUEL LUGAR DE ENCUENTRO...




En los nueve años que abarcó la existencia del TEATRO DE LA UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES (el TUBA), pasaron por su escenario, sus aulas de investigación dramática, sus cursos introductorios y sus talleres de artesanado de decorados, vestuarios y utilería unos 1.600 jóvenes cursantes de carreras científicas o humanísticas dependientes del Rectorado de la U.B.A.
La cifra exacta de los inscriptos a partir de fines de 1974, que por espacio de años, meses, semanas o hasta unos pocos días participaron de la vida del TUBA, sólo podría conocerse hoy si la Dirección de Cultura de la U.B.A. hubiese mantenido archivos clasificados de esas planillas de inscripción, cosa que no parece probable si tenemos en cuenta que la actual Directora del Centro Cultural Rojas, Cecilia Vásquez (según me lo ha manifestado por estos días un periodista, empeñado desde hace años en recopilar datos sobre el TUBA para luego editar un libro), dice “no tener la menor idea de lo que fue el TUBA”.
Aclaro (aunque está explicado en unos cuantos capítulos de este Blog) que el TUBA desarrolló su actividad permanente, con funciones gratuitas para el público en general todos los fines de semana, en el mismo edificio de la avenida Corrientes 2038 (pleno centro de Buenos Aires) donde desde hacen más o menos 25 años funcionan la sede de la Dirección de Cultura de la U.B.A. y el Centro Cultural Rojas, que le depende.
Con todos los antecedentes, fotografías, DVDs. y libros encuadernados que en sucesivas ocasiones fui dejando a las cambiantes autoridades de la Dirección de Cultura y del Rojas con posterioridad al cierre del TUBA en 1983, algo de todo ese material debería haber quedado, aunque sea tirado en un rincón, como para que quienes tienen la responsabilidad de “curar” el devenir cultural de la Universidad desde su “Dirección de Cultura” (valga la redundancia), puedan tener al menos “una idea” de lo que fue el TUBA.
Vuelvo al tema de los jóvenes que habitaron con su entusiasmo, su alegría, su desconcierto, sus expectativas...y también su miedo (en medio de una época de terror), aquellos nueve años del TUBA que hoy nadie parece dispuesto a reeditar, cuando están dadas todas las condiciones de una democracia en plenitud en la Argentina, las que permitirían acometer desafíos que por entonces a duras penas nos atrevíamos a intentar, con riesgo de nuestras vidas.
Repito que no cuento con datos fehacientes, pero lo que me resta de memoria a mis 71 años me sostiene en la afirmación de que NO HUBO DISCIPLINA UNIVERSITARIA que no haya estado representada dentro del TUBA por algún jóven que la estuviese cursando en ese momento.
Nombres, rostros, frases que revelaban la índole de sus estudios; charlas que mantenían entre ellos en las pausas de los ensayos y que yo indiscretamente escuchaba; su llegada con los ojos enrojecidos al cabo de una semana de armar maquetas o devorar bibliotecas enteras de leyes o tratados médicos...hacen que hoy pueda afirmar con plena convicción que el TUBA fue mucho más que un CENTRO DE DRAMA y un TEATRO DE REPERTORIO... fue el UNICO ESPACIO en el que se pudieron encontrar DURANTE NUEVE AÑOS SEGUIDOS, los de arquitectura con los de letras; los de medicina con los de ciencias económicas, los de geología con los de veterinaria; los de filosofía con los de odontología; los de derecho con los de sociología...y ese encuentro, además, tuvo lugar en un ámbito CELEBRATORIO, porque desde el fondo de los tiempos, cuando la ceremonia teatral tuvo su origen en las rondas de los pastores cantándole al advenimiento de las estaciones, a la fertilidad de los cultivos y al sol y la luna...el círculo mágico de la escena siempre fue un lugar de CELEBRACION.
Existe hoy un espacio como aquel del TUBA, donde puedan encontrarse los jóvenes de todas las disciplinas y jugar, jugar sin miedos, sin censuras ni prohibiciones, ese juego maravilloso que es el de “la vida que representa a la vida”, (o sea: el TEATRO)...?
(Las imágenes adosadas al texto corresponden a uno de los espectáculos del TUBA donde la "camaradería escénica" de jóvenes cursantes de distintas carreras es fácilmente apreciable)

lunes, 3 de octubre de 2011

POR QUE LA UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES NO CUENTA HOY CON UN CENTRO DE DRAMA COMO LO FUE EL TUBA...?

IMAGEN TOMADA DE LA PAGINA WEB DEL "OXFORD UNIVERSITY STUDENT DRAMA"

A quien, en la Argentina o en algún lugar del mundo, le interese descifrar el interrogante que encabeza este capítulo, le aconsejo antes leer, ver y escuchar los testimonios escritos, visuales y sonoros que en las más de 140 “entradas” de este Blog (a partir de febrero de 2010), narran con lujo de detalles de existencia de nueve años del hasta hoy PRIMER y UNICO TEATRO UNIVERSITARIO en la historia de la Universidad de Buenos Aires.
Los teatros de jóvenes proyectados a la comunidad desde los claustros universitarios cuentan con tradición de siglos en las casas de estudios superiores del viejo mundo, pero es durante el Siglo XX que su proliferación se extiende a todas las latitudes, fundamentalmente en América del Norte y también en gran medida en América Latina.
Los intentos de crear centros de drama universitarios se dieron en Argentina sólo en algunas facultades: el Teatro de la Facultad de Derecho en los años cuarenta; el Teatro Universitario de Arquitectura en los cincuenta...el Grupo Geituba (egresados de una efímera Escuela de Teatro de la UBA, clausurada por uno de los gobiernos militares de turno), a finales de los sesenta.
Fue a partir de 1974, con mi propuesta de abrir un TEATRO UNIVERSITARIO DE REPERTORIO que convocase a estudiantes, docentes, graduados e incluso personal no docente de todas las carreras humanísticas y científicas del ámbito curricular de la UBA, que la Argentina tuvo, por espacio de casi una década, un elenco oficial de TEATRO UNIVERSITARIO, en actividad permanente todos los meses de cada año, incluso en verano, con participación de estudiantes de todas las carreras en los cuadros actorales y escenotécnicos de las más de CIEN producciones escénicas que se montaron.
Que ese teatro (conocido popularmente como “EL TUBA”) tuviera que cerrarse por los motivos que este Blog cuenta reiteradamente, a mediados de 1983, no presupone motivo válido para que en los veintiocho años que han trascurrido desde entonces, la Universidad de Buenos Aires no se haya decidido a encarar la continuidad de aquel histórico precedente.
La UBA cuenta desde 1985 (si no estoy errado), con un moderno Centro Cultural (“el Rojas”), enclavado en el mismo solar de la avenida Corrientes 2038 en el que el TUBA llevó a cabo 1.163 representaciones con acceso gratuito para el público en general, entre el 30 de noviembre de 1974 y el 5 de junio de 1983.
Es el mismo edificio, pero en nada se le parece al que habitaba el TUBA, atestado de ratas, sin baños ni camarines para los que actuaban y circundado por edificaciones en ruinas que en la actualidad han sido anexadas a la estructura original, todo absolutamente modernizado.
Pues bien: admitiendo que la metódica de funcionamiento de ese Centro es abarcativa a múltiples disciplinas (cursos, ponencias, exposiciones, experiencias audiovisuales, etc.), que podrían llegar a generar fricciones con la compleja actividad de un TEATRO DE REPERTORIO (el TUBA llegó a tener hasta seis espectáculos en alternancia, con decorados corpóreos, vestudarios, utilería y maquinaria lumínica) la instalación de ese posible TEATRO OFICIAL UNIVERSITARIO DE LA UBA. podría llegar a estar, para las funciones semanales al público, en alguna de las salas dependientes del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires (San Martín, Pte. Alvear, Regio) o inclusive en el Teatro Nacional Cervantes (donde el TUBA presentó en 1976 su primer repertorio clásico, con obras de Terencio, Plauto y Menandro, absolutamente desconocidas).
Lo cierto, más allá de cavilaciones que escapan totalmente a mi posibilidad de inclusión en ellas, retirado como estoy de la vida de teatro a partir del cierre del TUBA, es que la Universidad de Buenos Aires es de las pocas en el mundo entero que no puede asistir con “SU” elenco teatral a la multiplicidad de festivales y encuentros que, con los auspicios de la A.I.T.U. y otros entes culturales internacionales, se celebran anualmente en diversos lugares, generándose de este modo diálogos y corrientes renovadoras entre las juventudes del mundo, aplicadas a la investigación del hecho teatral y a su recreación con criterios siempre superadores respecto de los consabidos esquemas de la adocenada escena comercial.
El interrogante ha de seguir en pie hasta que la Universidad de Buenos Aires acceda a responderlo en algún sentido (cosa que hasta el presente se ha negado obstinadamente a hacer): POR QUE LA U.B.A. NO CUENTA HOY CON UN CENTRO DE DRAMA QUE AGRUPE A ESTUDIANTES, DOCENTES Y GRADUADOS DE TODAS LAS CARRERAS...COMO LO FUE EL TUBA...O COMO LO SON LOS CIENTOS, MILES DE CENTROS DE DRAMA UNIVERSITARIOS DISEMINADOS A LO LARGO Y ANCHO DE LA ESFERA TERRESTRE...?
A continuación: Dos imágenes de Festivales de Teatro Universitario (son decenas cada año en el mundo), a los que la Universidad de Buenos Aires no puede acudir por carecer de un “TEATRO DE LA U.B.A.” como lo fue el TUBA durante nueve años en forma ininterrumpida.



miércoles, 28 de septiembre de 2011

EN POS DE ESCUCHAR LA VOZ DEL MUNDO SOBRE EL TUBA

En unos cuarenta países, la historia del Teatro de la Universidad de Buenos Aires (el TUBA) es revisada y consultada casi a diario, a partir de sus primeros capítulos, allá por febrero de 2010.
Quiero creer que esa historia tiene valor de testimonio, a tres décadas de distancia, para los teatristas jóvenes de hoy y para todos cuantos en los claustros académicos de todo el orbe estén llevando a cabo su pasión por el teatro universitario, ese estilo de teatro contestarario, desafiante, renovador, desinteresadamente febril y enemigo acérrimo de las peores rutinas del pasado.
Me gustaría saber de sus opiniones, sus coincidencias o discrepancias con la metódica de trabajo que signó los nueve años del TUBA y de su aciaga existencia en medio de un territorio devastado por las clausuras, las persecuciones y la muerte.
Que el TUBA haya sobrevivido en medio de tanta carroña como la que asoló a la Argentina de aquellos años no fue perdonado por quienes se arrogaron el derecho a tildarlo de “cómplice de la dictadura”. Sus jóvenes idealistas, cuyo entusiasmo por las lides escénicas contagió a miles de espectadores de todos los sectores sociales de la ciudad de Buenos Aires, sus alrededores y muchos conglomerados del interior de la República, no pudieron imaginar, ni en la peor de sus pesadillas, que algún día su legado de utopía iba a ser suprimido de la Memoria por un intencionado “olvido”, a raiz de atribuírsele connivencias con los mismos que a diario los habían perseguido, amenazado y finalmente destruído.
Apelo a la opinión universal, para entender de una vez por todas si en aquel TUBA hicimos lo que la tradición secular en materia de centros de drama universitarios aconsejaba hacer...o si en realidad fuimos una manga de necios colaboracionistas con el terror.
Mi dirección personal de Correo Electrónico es arielpiltry@hotmail.com y en cuanto a intentar preguntarle a la Universidad de Buenos Aires por qué ha optado por la abolición de todo rastro de la existencia de nueve años del TUBA y por qué se niega a ponerse a la par del resto de las universidades del mundo que cuentan con pujantes TEATROS UNIVERSITARIOS DE REPERTORIO, algunos con tradición secular, me permito sugerir que se dirijan a las áreas de extensión cultural de la UBA, que seguramente deben figurar en internet.
En mi caso, los años (71) y el alejamiento voluntario de toda actividad vinculada con el quehacer teatral a partir del cierre del TUBA en 1983, me colocan fuera de todo foco de especulación personal. Me preocupa, sí, que en pleno goce de la vida democrática, afianzada para siempre en mi querida Argentina, un TEATRO UNIVERSITARIO DE REPERTORIO como lo fue el TUBA no pueda -al parecer- volver a existir, libre ahora de las acechanzas que debió padecer aquel en plena dictadura.
Sera, acaso, que las flores silvestres, de colores simples y con tallos más enérgicos, crecen mejor en los estercoleros...?

martes, 27 de septiembre de 2011

RESPONSABILIDADES CIVILES DE AYER...RESPONSABILIDADES CIVILES DE HOY

Entre la que yo pretendía que fuese la última “entrada” de este Blog (la del 31 de julio de 2010), y esta que corresponde al día de hoy (27 de septiembre de 2011), la historia del Teatro de la Universidad de Buenos Aires (el TUBA) ha sido consultada y probablemente leída en casi todo el mundo, incluso en muchos países cuyo idioma poco y nada tiene que ver con el español.
Este interés por el derrotero de nueve años de un Teatro Universitario de Repertorio, surgido y finalmente aniquilado dentro de los claustros de la Universidad del Estado en la Argentina, no fue una “moda” pasajera, sino que diariamente, (fácil es comprobarlo), en algún remoto lugar del planeta, alguien está investigando cómo fueron los logros, los triunfos y desfallecimientos y la lucha por mantener a toda costa una continuidad amenazada desde todos los frentes, de ese Centro de Drama sostenido con denuedo digno de mejor causa por cientos de estudiantes universitarios, cuyas juventudes debieron transcurrir en medio de una época de terror y de muerte.
En estos últimos tiempos se ha empezado a hablar con cierta asiduidad de las responsabilides civiles durante los años de la dictadura militar en la Argentina. Efectivamente, la mayor parte de la acción persecutoria y el afán destructivo que operó sobre el TUBA durante toda su existencia de nueve años provino (y en unos cuantos capítulos del Blog se lo demuestra en forma harto fehaciente), de funcionarios, docentes, empleados administrativos e incluso ordenanzas que integraban (y siguen integrando, en no pocos casos) las plantas permanentes de personal de la UBA.
Me cuesta creer que toda esos civiles, enquistados por décadas en los recovecos presuntamente académicos de una Universidad, respondiesen solamente a órdenes militares en cuanto a prohibir autores y obras; trabar giras del TUBA; incendiar archivos de decorados y vestuarios; destruir affiches; robar herramientas traídas por los integrantes del elenco de sus propias casas; intentar sacar del elenco a quienes detectaban como judíos; desalentar o directamente ahuyentar a los que anualmente se inscribían en los cursos preparatorios y tantas y tantas perrerías más.
Esa responsabilidad civil de ayer, que yo sepa, nunca fue investigada, y si bien en el caso del TUBA no costó vidas humanas, cercenó entusiasmos, clausuró utopías y consiguió -como los necios puritanos en la época de Shakespeare-, que un teatro que divulgaba sus repertorios en forma gratuita para disfrute y enriquecimiento de unos 30.000 espectadores por año, se viese obligado a cerrar definitivamente sus puertas.
En cuanto a la responsabilidad civil de hoy de quienes manejan las áreas culturales de la UBA, necesario es señalar la ominosa abolición de la Memoria de la existencia de casi una década del TUBA y la incomprensible negativa a ponerse al nivel del resto de las universidades del orbe, propiciando la existencia de un nuevo TEATRO DE LA UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES, en el que -al amparo de la libertad de acción y de pensamiento de que gozamos hoy los argentinos-, nuevas generaciones de jóvenes pudieran dar rienda suelta a sus energías creadoras, al servicio del milenario arte de la escena.